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El historiador Julián Casanova revisa la guerra civil en formato anglosajón

El Confidencial, 15-02-2013 | 19 febrero 2013

casanova_4La historia se vuelve accesible como una novela para combatir el déficit de la memoria

Hasta hace pocos años los archivos no se abrían con un DNI. Eran un castillo inexpugnable para cualquier ciudadano con curiosidad por conocer, por aprender quién era, de dónde venía, cuál era su pasado y cómo fue su país. La historia hasta hace muy poco tiempo era un coto vedado de los especialistas, un enorme campo en el que sólo levantaban la pieza los historiadores. No tenían interés por la divulgación, no sabían comunicar y preferían hacer nicho. La historia y sus doctores no querían saber nada del público y éste creía no necesitarle.

Cuando la distancia entre unos y ortos crece, el déficit de la memoria se multiplica. Sin embargo, el historiador ha abandonado la fortificación dispuesto a registrar los hechos más significativos de nuestra tragedia reciente y sus principales actores como si de una foto se tratara: inmediata, directa y diáfana. Julián Casanova (Teruel, 1956) es uno de los actores de nuestra historiografía más interesados en divulgar y difundir, en narrar al estilo anglosajón, agarrando por la pechera al lector.

Dice en la introducción de su nuevo libro, “España partida en dos. Breve historia de la Guerra Civil española” (Editorial Crítica), que combatir la ignorancia voluntaria, las manipulaciones y el aburrimiento que provocan muchos de los manuales históricos y sobre la Guerra Civil española, no es una tarea fácil. Este pequeño tratado es un encargo que el pasado año le hizo una editorial inglesa: historia en menos de 70.000 palabras, algo inédito en España.

En busca de la historia

“La historia es una herramienta de búsqueda y de comunicación. Si la usas bien y la expresas bien consigues un gran disfrute. Pero en España ha habido un interés muy bajo por la narración, y los historiadores de aquí nunca han estructurado narrativamente con elegancia como nos ha enseñado Hobsbawn”, explica el historiador.

“En los institutos es donde se desarrolla la labor más importante para hacer que los chavales se sientan atraídos por la historia”, explica. Los hay también que acaban por expulsar a todo el que se acerque porque sigue contándola como si fuera una sucesión de reyes, hechos y batallas.

Su experiencia le dice que si el profesor quiere hoy los alumnos de segundo de bachillerato estudian la historia de España del siglo XX, un avance considerable con las generaciones de los primeros años de la transición. La batalla por la memoria se libró en los primeros años de libertad forzada por el testimonio personal y familiar, arrastrada por los afectos. Una educación sentimental que no ha ayudado a coser la España partida de la que habla Casanova.

Pero se queja Casanova de que la fórmula de la nueva narración histórica no termina de fraguar en este país. Los especialistas salen de la universidad se sin saber escribir y, lo que es peor, sin saber comunicar. Pide romper la barrera de las fechas y los nombres para ir más allá, para encandilar al alumno y al lector.

La ficción por delante

Por eso los novelistas han tomado la delantera a los historiadores, porque los primeros han conectado con el gran público. “Ellos tienen más medios, pero creo que se puede hacer no ficción escrita para mucha gente. Nunca tanta como la que leyeron ‘Soldados de Salamina’”, dice. Por cierto, cuenta que en estos días Javier Cercas trabaja en su nuevo proyecto y le brea a correos electrónicos para informarse. Si no, también podría leerle, porque los novelistas recurren siempre a los historiadores. Los lectores no tanto: la mayor victoria medieval no ha empujado a la historia medieval a crecer. “Nadie lee historia medieval, pero millones leen novelas de catedrales”

“La ficción te permite licencias la historia no”, aclara para marcar la diferencia entre la verdad y la imaginación. A la historia de los últimos años se le ha retirado del trono de la verdad absoluta, aunque haya que seguir saliendo a buscarla y descubrirla a los archivos. La verdad, aunque relativa, seguirá en los libros de historia.

Bueno, en casi todos. En medio de toda esta esperanza por recuperar el tiempo perdido y por aplicar estrategias literarias a la no ficción para que gane en accesibilidad -rebajando el peso de los hechos y contrarrestarlo con la acción narrativa- estalla la burbuja de la Real Academia de la Historia. “La falta de rigor, la caradura de encargar la biografía de Franco a Luis Suárez, el derroche de invertir en una enciclopedia de papel… La Academia está deslegitimada”, asegura.

Julián Casanova, el historiador en los medios de comunicación, el divulgador que importó el analgésico contra el aburrimiento, pide para la maduración de este país una gestión pública del pasado con políticas de educación que fomenten la lectura. Para seguir leyendo.

http://www.elconfidencial.com/cultura/2013/02/15/la-historia-se-vuelve-accesible-como-una-novela-para-combatir-el-deficit-de-la-memoria–114974/