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El movimiento obrero en Asturias durante el franquismo (1937-1977)

Biblioasturias, 15-03-2013 | 24 marzo 2013

elmovimientoobreroenasturiasEntrevista a Rubén Vega

 

 

RUBÉN VEGA Y LA HISTORIA DEL MOVIMIENTO OBRERO EN ASTURIAS: LA ASPIRACIÓN DE CONSTRUIR UN MUNDO MÁS JUSTO

Historiador, especialista en movimiento obrero durante el franquismo y la transición, y en los procesos de declive y desindustrialización en Asturias, Rubén Vega (Gijón, 1961) es responsable de libros tan valiosos y necesarios como La Corriente Sindical de Izquierda. Un sindicalismo de movilización, CC. OO. de Asturias en la Transición y la Democracia o, la que fue su tesis, Crisis industrial y conflicto social. Gijón 1975-1995. También ha firmado, junto a Begoña Serrano, Clandestinidad, represión y lucha política. El movimiento obrero en Gijón bajo el Franquismo, 1937-1962; con Manuel I. Viejo, de Historia de la Cruz Roja en Asturias y de Cien años de cooperativismo. Historia de la Cooperativa de Agricultores de Gijón, 1906-2006 y, junto a Carlos Gordon, la biografía Juan Muñiz Zapico “Juanín”; y ha participado en las obras colectivas como Asturias, el declive de una región industrial y Los comunistas en Asturias 1920-1982, entre otras.

Comprometido e inquieto, este prestigioso investigador es además director del Archivo de Fuentes Orales para la Historia Social de Asturias (AFOHSA), adscrito a la Universidad de Oviedo, que nace en el año 2000 por iniciativa de la Fundación Juan Muñiz Zapico y se desarrolla hasta 2003 a través de la colaboración entre ambas entidades para promover la recopilación, conservación y difusión del patrimonio oral e inmaterial de Asturias con la finalidad de acercar tanto a investigadores como interesados un rico caudal de informaciones almacenado en las memorias y experiencias de los hombres y mujeres protagonistas de nuestro pasado reciente. Un centro referencial y pionero con el que colaboran algunos de los más valiosos especialistas, como los que participan en la reciente publicación, coordinada por Vega, que lleva por título El movimiento obrero en Asturias durante el franquismo (1937-1977). Claudia Cabrero Blanco, Benigno Delmiro Coto, Holm-Detlev Kohler, Diego Díaz, Irene Díaz Martínez, Francisco Erice Sebares, Ramón García Piñeiro y Carlos Gordon firman un volumen tan interesante como imprescindible, y que nos sirve como excusa para charlar con este gran conversador, quien nos introduce por la historia reciente de los asturianos:

Por contextualizar el periodo que estudia este libro quizás lo mejor sea que nos indiques en qué punto se encontraba el movimiento obrero en Asturias antes de la Guerra Civil.

 

Asturias era uno de los bastiones obreros desde comienzos de siglo, con sindicatos muy sólidamente implantados. En los años treinta, el movimiento obrero conquista en gran medida la hegemonía no sólo política sino también social y cultural. A ello se añade que, tras la insurrección de octubre del 34, la identificación entre Asturias y la revolución social se vuelve un denominador común tanto de la izquierda como de los reaccionarios.

 

Entonces, tras el levantamiento militar y el comienzo de la dictadura, se decide militarizar a los trabajadores. ¿Fue el referente cercano de esa insurrección lo que provocó tal temor a la posible reorganización de las clases obreras?

La militarización de la minería del carbón responde en primer lugar al carácter estratégico de la única fuente de energía autóctona en un país aislado, sin apenas socios comerciales, y con un gobierno imbuido del ideal fascista de la autarquía. Al mismo tiempo, sin duda militarizar a los mineros representa una forma de asegurar el control sobre un colectivo laboral con una fortísima identidad y con antecedentes inmediatos inequívocos en cuanto a sus querencias políticas. Si a ello se añade la actividad de los fugaos, las cuencas mineras viven la posguerra prácticamente bajo una ocupación militar, una especie de territorio conquistado al enemigo.

¿Qué papel jugó esa resistencia fugada en los montes en la defensa y articulación clandestina de las clases obreras?

Los fugaos son en primera instancia supervivientes que huyen para salvar su vida. Pero, a medida que se van integrando en estructuras guerrilleras, tanto su origen social como sus ideas políticas los sitúan en el campo del movimiento obrero. La presión de los del monte pesa sobre las relaciones obrero-patronales y no deja de tener cierto efecto intimidatorio. Pero, al mismo tiempo, la actividad guerrillera requiere poner todas las fuerzas al servicio de los que se echan al monte, lo que puede retardar la reaparición de la conflictividad laboral, que en Asturias tarde veinte años en resurgir, mientras en Vizcaya o Barcelona hay ya grandes huelgas en los 40 y primeros 50.

En esos años se produce la ‘aniquilación’ de los fugaos en Asturias. ¿Cómo fue entonces la represión a los trabajadores?

Las condiciones de vida y de trabajo de la postguerra son extremas para la mayoría de la población. Hambre, represión y un miedo inoculado tan profundamente que para muchos será el fin de cualquier militancia o incluso de las formas habituales de transmisión de la memoria. El fin de la guerrilla coincide con una estabilización del Régimen, reconocido internacionalmente y apenas inquietado por una oposición en su momento más débil. Los trabajadores carecen de derechos y de cauces legales para ningún tipo de acción colectiva. Quienes se atreven a desafiar el orden de los vencedores –que tienen a gala haber puesto fin a la lucha de clases- se enfrentan a torturas, cárcel, deportaciones, despidos y todo tipo de represalias. Existen redes de solidaridad relativamente amplias y pequeños reductos de una militancia clandestina en condiciones extraordinariamente adversas, pero para la mayoría no queda apenas más alternativa que el sometimiento y la supervivencia diaria.

un así, empiezan las resistencias, los sabotajes y los primeros conflictos…

Hasta 1957 no se produce ninguna huelga grande. Tan sólo pequeños conflictos parciales confinados, a lo sumo, al ámbito de una empresa o de un pozo. Las fuentes dan cuenta de actos de resistencia individual que pueden ser interpretados como expresiones de rebeldía o como sabotajes. Pero la expresión más amplia se focaliza en la solidaridad con los represaliados y sus familias. Presos y despedidos reciben ayuda moral y material. Colectas, alimentos, incluso ocasionalmente escritos pidiendo su retorno.

¿Cómo vuelven a reorganizarse los trabajadores?

La forma de organización por antonomasia en el terreno laboral serán las comisiones. Es una respuesta natural ante la falta de cauces aceptables de representación: que algunos compañeros hablen en nombre de todos. Elegida o, más habitualmente, formada por selección natural de los más decididos, los que dan el paso adelante asumiendo los riesgos, la comisión de obreros canaliza las reivindicaciones, encabeza los conflictos y recoge la solidaridad. Cuando logran dar el salto hacia su estabilización en el tiempo y su coordinación sectorial o territorial, asistimos al emerger de un movimiento sociopolítico: el de las Comisiones Obreras. Que el proceso tenga mucho de natural y espontáneo no significa en absoluto que carezca de organización ni de aliento político: militantes comunistas en primer término, “cristianos” de la JOC y la HOAC y, en menor medida, otras tendencias inspiran y sostienen al movimiento, supliendo en gran medida a las centrales sindicales históricas, poco aptas para desenvolverse en condiciones de tan estricta clandestinidad.

Con las estructuras de los partidos políticos prácticamente exiliadas, y su resistencia en Asturias casi eliminada, ¿qué medidas fueron fundamentales en esa reorganización?

La reorganización inicial se hace con los restos del naufragio, con los derrotados, pero la capacidad para mantenerse activos y crecer depende de la renovación generacional. Los comunistas demostrarán a este respecto mucha mayor iniciativa, acorde con su activismo y su cultura militante. Socialistas y anarcosindicalistas mantienen estrategias más prudentes y se van haciendo cada vez más dependientes del exilio. El papel de Barreiro para los socialistas asturianos o el de Álvarez Palomo para los cenetistas carece de equivalente entre los comunistas, para quienes su figura de máxima autoridad es un clandestino como Horacio Fernández Inguanzo. En cuanto a las formas de lucha y de organización, se da la paradoja de que los más prudentes son también quienes menos atractivo tienen para los jóvenes con inquietudes, en tanto que los más activos compensan el precio que pagan en términos de represión con la mayor capacidad para regenerar sus filas con nuevas incorporaciones. De alguna manera los que van cayendo (presos, despedidos, deportados…) en la lucha siembran la semilla de nuevos militantes y proporcionan incluso nuevos motivos para la movilización.

En la cultura obrera, tal como fue configurada desde el siglo XIX, están inscritos valores de solidaridad, justicia social y sentido colectivo”

Tras los movimientos hay toda una cultura y una conciencia de clase. ¿Qué rasgos principales destacarías?

En la cultura obrera, tal como fue configurada desde el siglo XIX, están inscritos valores de solidaridad, justicia social y sentido colectivo. La conciencia de clase remite a las aspiraciones de construir un mundo más justo, sobre bases igualitarias, sin explotación… la gran utopía que alentó al movimiento obrero y que, como reza la letra de la Internacional, pretendía “cambiar el mundo de base”. La acción colectiva y la movilización son las herramientas para esa tarea. La convicción de que la causa de la clase obrera es la causa de la humanidad y que con su liberación llegará la de todos los explotados y oprimidos es el motor que permite explicar la entrega militante, aun a costa de la libertad o de la propia vida.

El referente de los trabajadores asturianos se ha convertido en un verdadero mito. ¿Su impronta se sigue apreciando a día de hoy en la producción cultural?

A día de hoy, la producción cultural en Asturias es claramente tributaria del legado obrero. Se trata, en expresión que tomo de Benigno Delmiro y que, si no estoy mal informado, fue acuñada por Henrique Facuriella, de un pozu que no cierra. El yacimiento creativo que remite a nuestras raíces, a los esfuerzos y los valores de quienes nos precedieron, está rindiendo una fecunda producción literaria, musical y artística en general.

Para este estudio has coordinado a un equipo formado por reconocidos especialistas vinculados al mundo académico que aportan visiones muy novedosas y prácticamente inéditas del movimiento obrero. Por ejemplo, la perspectiva de género. ¿Hay una deuda con las mujeres en cuanto a su reconocimiento social?

Los historiadores hemos permanecido tan ciegos a la presencia de las mujeres durante demasiado tiempo. Únicamente cuando el feminismo ha logrado imponer su voz en la sociedad, ha visibilizado también a las mujeres en la investigación histórica. Siempre miramos al pasado con los ojos del presente. La mirada hacia las mujeres y la perspectiva de género no es ninguna excepción.

Los historiadores hemos permanecido ciegos a la presencia de las mujeres durante demasiado tiempo”

¿Hasta qué punto la autoconciencia de los trabajadores de su fuerza en la lucha ha sido crucial para llegar a día de hoy, en que aún se les ve como auténticos héroes?

Quienes actúan colectivamente y luchan por sus derechos y por causas justas sufren ataques y padecen represalias, pero también obtienen una consideración que a nadie le es regalada por mantenerse sumiso y pasivo. Aquellos que se alzan y se hacen valer, quienes luchan (aunque pierdan), quedan grabados en la memoria. En Asturias perdura una épica del pasado de lucha obrera que todavía fue visible en la última huelga minera. Ni el eco ni los apoyos que obtuvieron guardan correspondencia con su número o su peso social en la actualidad sino con lo que representan como arquetipo rodeado de connotaciones simbólicas, de reminiscencias del pasado. Los primeros que denotan esto son los propios mineros, que reaccionan de acuerdo con esquemas transmitidos a través de varias generaciones. Son pocos y seguramente los últimos, pero no están aislados, entre otras cosas, porque su pasado es uno de sus más valiosos activos.

Hay quien presuponía que los movimientos obreros estaban en vías de extinción. Pero también quien ve en ellos, en su reactivación, una luz esperanzadora. Tras este proyecto, ¿se puede vislumbrar un camino para esas movilizaciones obreras?

El contexto ha cambiado de forma radical. Las condiciones actuales no imponen un marco dictatorial en el que todo estaba prohibido. Pero las económicas, políticas, sociales y culturales se han vuelto extraordinariamente adversas para el movimiento obrero. El centro de gravedad tendrá que desplazarse a nuevos escenarios y nuevos sujetos para ser capaces de recomponer la lucha por los derechos de los trabajadores y por un mundo más justo. Lo que queda es una demostración genérica pero patente de que la acción colectiva y la movilización rinden frutos incluso en las peores circunstancias, mientras que la pasividad y la sumisión nos condenan irremisiblemente.

Junto con el libro, se adjunta un dvd con documentación anexa. ¿Qué podemos encontrar en todo ese material?

Varios centenares de documentos originales transcritos a partir de la documentación de archivo seleccionada por los autores. Un instrumento de consulta para lectores que quieran saber más o verificar parte de las fuentes que utilizamos. Y un punto de partida para nuevas investigaciones sobre estos temas que en el futuro afronten otros autores.

Este proyecto, editado por KRK, es una iniciativa de la Fundación Juan Muñiz Zapico y del Archivo de Fuentes Orales para la Historia Social de Asturias. Este último es un importantísimo punto de documentación que empezó su andadura hace unos años. ¿Podrías explicarnos en qué consiste y cuál es su función?

El AFOHSA alberga miles de horas de testimonios en los que se recoge la memoria de centenares de entrevistados de diversa condición social, origen geográfico, ideas y trayectorias vitales. Contiene información extraordinariamente rica y diversa sobre infinidad de aspectos relacionados con la vida, el trabajo, la cultura y la historia de los asturianos en el siglo XX. Es un proyecto en constante desarrollo, que no ha dejado de crecer desde sus primeros pasos, hace ya catorce años. De cara a esta investigación, contábamos con un buen número de entrevistas hechas a militantes obreros y el proyecto sirvió de acicate para ampliar esos fondos con otras nuevas.

Si el apoyo académico a este tipo de investigaciones es fundamental, es de suponer que no lo es menos la divulgación de estos trabajos. ¿La historia reciente es, pese a todo lo que se ha difamado a la memoria histórica, la gran desconocida y una deuda pendiente?

La Historia, reciente o remota, es un campo de batalla en el que la interpretación del pasado se vincula de forma indisociable con el juico sobre el presente y el proyecto de futuro que tenemos. Nuestro pasado reciente ha sido traumático y volver la vista hacia atrás debería tener cierto efecto terapéutico, de reconciliación con la verdad y de conocimiento de nuestros antecedentes. Hay que mirar adelante, pero sin perder de vista el retrovisor. Quizá esto debiera ser evidente, pero en nuestra sociedad no son pocos los que lo cuestionan. En el campo concreto en que solemos trabajar los autores de este libro, dar a conocer ese pasado encierra también cierto tributo de memoria a las víctimas y a los luchadores que han sido artífices fundamentales de lo mejor de nuestra historia colectiva y que nunca han obtenido el reconocimiento que merecían.

Nuestro pasado reciente ha sido traumático y volver la vista hacia atrás debería tener cierto efecto terapéutico”

Hablamos de la historia contemporánea de Asturias. Como alguien que está en permanente contacto directo con la gente para tus investigaciones, ¿percibes la necesidad de profundizar en esta materia, bien aportando información o bien buscando en ella suplir determinadas lagunas?

Frente al aparente olvido que reina en gran parte de la sociedad, lo cierto es que cuando te diriges a la gente buscando su testimonio, la disposición a colaborar es la norma. A menudo, el mero hecho de preguntar y escuchar lo que tienen que decir ya es una forma de reconocimiento y así te lo transmiten más o menos explícitamente. En mi caso, las negativas se cuentan con los dedos. El problema es más bien el contrario: de dónde sacar el tiempo necesario para recoger tantos testimonios, rescatar tanta memoria y salvar tanta documentación que sería accesible si llegáramos a ella pero está en riesgo de pérdida irreparable si nos demoramos. Como suele decir Jesús Suárez, que también rescata cultura y tradición oral para ese proyecto vital y joya patrimonial que es el Archivo de la Tradición Oral de Museo del Pueblo de Asturias, esto resulta fácil de explicar a cualquier persona de a pie, pero imposible hacer que lo entiendan las autoridades culturales. Lo que hagamos en los años que vienen por delante va a tener que depender –me temo que exclusivamente- sobre el esfuerzo voluntarista y totalmente desinteresado de los investigadores, condenados a trabajar huérfanos no ya de ayudas materiales sino tan siquiera de reconocimiento institucional. Es, seguramente, nuestra forma de militancia y la colaboración de la gente que aporta sus saberes y su memoria es el pago que recibimos.

(15 de marzo de 2013)

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