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“Faltó un Núremberg español”

Enriqueta de la Cruz. Cuarto Poder, 18-03-2013 | 19 marzo 2013

18_arqueo_hEntrevista a Lidia Muñoz, arqueóloga, militante para el rescate de la Memoria

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18 MARZO, 2013

Enriqueta de la Cruz. Periodista y Escritora.

“La pregunta es: ¿y por qué no serlo?”. Voluntaria, militante de la memoria. Militante, con otro gran puñado de jóvenes de mirada limpia, en la lucha por la verdad, justicia y reparación de los crímenes franquistas. Trabaja por rescatar restos y la memoria entera, para que no se borre el crimen y aprendamos de la historia.

Fue un holocausto en toda regla, un exterminio milimetrado, muy pensado: el de España con Franco, con el golpe fallido, con una guerra de potencias fascistas extranjeras contra la España libre; el de una posguerra negra y una Transición de hipotecas, silencios y complicidades. Y ella, Lidia Muñoz, así, sacando huesos y memoria, rescatando a quienes fueron esos luchadores por la libertad o simplemente gente que tenía unas ideas, o simplemente jornaleros, campesinos, dice servir a su país, el nuestro, y dice bien, porque le sirve, desde luego, ella y no otros –y esto lo digo yo-: los que lo expolian cada día, los de la tan traída y llevada patria que invocan de boquilla, esos patrioteros que evaden impuestos y nos dejan tiesos una vez más desde su posición privilegiada, lograda precisamente a raíz de crímenes, de ese crimen del 36 y de los expolios de entonces y anteriores.

Es miembro de la Federación de Foros por la Memoria, “todos juntos formamos un gran y complejo equipo de precisión –dice-, que no tiene aplicaciones descargables, sino una serie de valores muy fuertes y sólidos. ¿Qué es un smartphone sin aplicaciones? Lo mismo que una persona sin valores: nada”.

Es arqueóloga y trabaja por “el país que quiero y al que pertenezco; no al que intentaron crear unos descerebrados por la imposición de las armas y el crucifijo, y que sólo consiguieron desmembrar, empobrecer en valores, sumir en el miedo y enterrar en las cunetas. Un país y una identidad que en el 1936 robaron a sus ciudadanos”. Y hasta ahora, hasta que no despertemos todos de la sedación.

Dice que si no arañamos la tierra –yo le doy la razón- es por falta de cultura general, por tanto engaño acumulado, y siente “una mezcla entre justicia, injusticia, rabia, dolor, alivio” cuando ve surgir un camarada, las abarcas de un jornalero, una gorra guerrillera, una insignia del PCE, o de la CNT, o del PSOE o la UGT. Porque son todos ellos quienes están ahí debajo, y todos los demócratas tendríamos que estar arañando la tierra. “Se me encoje el corazón”, confiesa. Al fascismo, desde luego, no, por eso no hace nada desde sus posiciones de poder.

Una tímida ley para acallar bocas

Lidia, eres una chica imposible, en lugar de darte por ser una Indiana Jones cualquiera, te pasas los veranos que puedes buscando a las víctimas del holocausto español por las cunetas de España. ¡Ay!, supongo que te dará por ello una buena colocación el Estado.

[Risas] Perdona que me ría, Enriqueta. Qué bueno tu comentario. ¿No decías que era una entrevista seria? Y arrancas diciéndome que me dará una buena colocación el Estado. El Gobierno anterior no me dio, ni nos dio a nadie de quienes formamos parte de esto, nada, sólo una tímida ley promulgada para callar bocas; las bocas de quienes tienen miedo a la verdad, de quienes tienen motivos para sentir vergüenza. Y el actual Gobierno… Pues porque la ley no lo permite, que si no, la colocación que nos daría sería una cruz de madera en la plaza de nuestros pueblos, donde colgarnos para escarnio público. O un tiro en la nuca, que es más moderno y más típico de la corriente de la que son herederos. Venga va, y ahora ya ponte seria con las preguntas.

Es que somos todos con nuestros impuestos los que tendríamos que pagar, y caro, todo eso. Y el Estado implicarse hasta decir basta porque con tantos miles y miles de asesinados ahí, esperando que otra vez España sea decente, como en la II República lo fueron esos nuestros luchadores por la libertad que siguen ahí enterrados como perros, qué democracia ni qué nada vamos a tener. ¿Qué dices a esto?

Para serte sincera, me resulta duro y hasta cierto punto choca con mis ideales decir que el Gobierno ha de destinar dinero público a conocer la verdad en estos momentos de crisis en los que hace falta dinero para que coman muchas familias, para que no cierren colegios ni hospitales; para que haya bomberos suficientes donde haga falta y un largo etcétera. Pero si estamos en una situación así es en gran parte porque no aprendemos de nuestro pasado. No lo conocemos ni lo estudiamos, y luego cometemos estos errores de bulto. Porque esta crisis que estamos viviendo ahora, a diferencia de la que están viviendo en otros países mediterráneos, no es sólo económica, es también moral y cultural.

Se han perdido muchos valores y eso permite que le sea más fácil a los poderes fácticos vapulearnos a su gusto. [Breve silencio]. Pero hace falta invertir dinero en sacar a la luz “la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad”, como dicen en las películas norteamericanas, para que se sepa que durante el siglo pasado, especialmente la primera mitad, hubo gente que luchó y hasta dio su vida por unos valores sociales, de hermandad, igualdad, libertad, democracia y justicia, que se despegaban del capitalismo atroz e inmoral que empezaba a extenderse por Occidente. Valores y principios que son ahora mismo el único arma, la única herramienta, que no sólo nos puede ayudar a salir de este atolladero en el que nos encontramos, sino que, además, hubiese evitado que nos metiésemos en él tan de lleno como lo hemos hecho. Y desde luego, ese dinero para investigación y difusión de la verdad, que mucha gente confunde con el hecho de sólo excavar fosas, no ha de salir del bolsillo de los herederos de un represaliado. Es responsabilidad del Estado en todos los sentidos y ha de hacer frente, aunque sea con dinero público –bien gestionado, eso si, y sin sobres- para que se pueda llevar a cabo de la manera más correcta posible.

Y tú voluntaria, así, por las buenas, ¿Por qué?

La pregunta es: ¿y por qué no serlo? Aunque la frase suene un poco “fachilla”, esta es una manera, muy buena manera, de servir a mi país. Al país que quiero y al que pertenezco; no al que intentaron crear unos descerebrados por la imposición de las armas y el crucifijo, y que sólo consiguieron desmembrar, empobrecer en valores, sumir en el miedo y enterrar en las cunetas. Un país y una identidad que en el 1936 robaron a sus ciudadanos. Tu cara lo dice todo, Enriqueta. No publiques lo que acabo de decir que creo que me he ganado otro tiro en la nuca.

Faltó un Núremberg en España y así nos va. ¿No crees?

¡Vaya que si faltó!. En este país podemos presumir de deportistas, gastronomía, honradez (bueno, hay unos cuantos llenando las páginas de los periódicos a diario) y hasta de buenas playas; pero de lo que no podemos presumir es de Justicia. Ni antes, ni ahora. Basta con leer la prensa durante estos días, donde la palabra “presunto” se repite por doquier, pero ¿y luego qué?

Silencio y olvido, así la historia puede repetirse, así los fachas hacen a sus anchas, apuntalan sus posiciones tranquilamente, con total impunidad. La impunidad ahora también la hay, ¿verdad?, hay delitos económicos y nada, como si nada… ¿Cómo ves tú estas cosas que están pasando y ese silencio y olvido que nos piden?, ¿lo sientes?, ¿sientes que lo imponen de nuevo?

Todas las semanas tenemos un caso nuevo de corrupción, un escándalo, pero luego se olvidan y esos “presuntos” se van de rositas. O aún peor: se quedan y son políticos nuestros. Veo que ahora se está poniendo muy de moda para estos casos el: “y tú más”, para desviar la atención del ciudadano de a pie que quiere saber. ¡Qué tiene derecho a saber! Mira, en el mundo empresarial hay una máxima que dice que “la información es poder”. Eso lo saben nuestros políticos, del Gobierno y oposición. Y tienen tanto miedo a que sepamos, a que tengamos conocimiento de la verdad, que imponen ese silencio. Porque si tuviésemos información, y, por tanto, poder, ya no estarían ellos en sus poltronas haciendo y deshaciendo tan airosamente.

Algo que hay que vivirlo

¿Qué experimentas cuando tras días de sol a 40 grados, debajo o no de una lona, muchas horas, ves surgir a un camarada, o una abarca que indica que el crimen fue exterminio y no guerra; una bala asesina entre los huesos nobles, una gorra guerrillera, una insignia del PCE o del PSOE o de la UGT?

Ya conoces lo charlatana que soy. Y aún así, tras tantos años dedicada a esto, todavía no tengo palabras para describir lo que se siente en esos momentos. Es una mezcla entre justicia, injusticia, rabia, dolor, alivio. Se me encoje el corazón. No se puede explicar. Es algo que hay que vivirlo.

A veces yo he visto tanta ceguera, la gente se ha aburguesado y parece que no quiere saber que debajo están los suyos, los que les precedieron, que ellos son producto de estos otros, que sin ellos no existirían. ¡Y no están, no estamos todos, arañando la tierra que diría Miguel, el sensible Miguel Hernández. Es lo primero que deberíamos estar haciendo!

No se “araña la tierra” por el mismo motivo por el que mucha gente no sabría ni citarte –que no recitarte- tres poemas de Miguel: por falta de cultura general. Porque nos han contado en el colegio una Historia que no es más que un cuento de “héroes” ganadores. Y como nos lo han contado con final feliz, pues todo está bien ¿para qué remover nada? Por eso hace falta que los “militantes de la memoria” saquen a la luz y den a conocer la verdad, para que todo el mundo sepa que nuestro pasado no es un cuento, ni ése es el verdadero final de la historia.

Has colaborado con la Federación de Foros por la Memoria. Eres. Cuéntame qué tenéis que cuando se está con vosotros una se siente otra vez plena, en la trinchera, defendiendo los valores por los que merece la pena vivir.

Mira [dice mientras rebusca en su bolso], esto que tengo en la mano es la batería del móvil. Así suelta, no sirve para nada, no hace nada. Pero cuando la junto con el resto de piezas del teléfono, pasa a formar parte de una máquina compleja, de precisión. Y eso mismo es lo que pasa con la Federación de Foros por la Memoria, que todos juntos formamos no una máquina, sino un gran y complejo equipo de precisión, que no tiene aplicaciones descargables, sino una serie de valores muy fuertes y sólidos. ¿Qué es un smartphone sin aplicaciones?. Lo mismo que una persona sin valores: nada.

Las banderas me dicen poco

Sois capaces de compartir siendo de procedencia bien distinta, compañeros de la CNT, del PCE, de otros movimientos. ¿Tú crees que se ha quedado anticuado llevar por delante esas banderas, y hasta la bandera republicana?

Hablando con franqueza… y me voy a ganar otro tiro en la nuca, aunque ahora ya no sé por parte de quién… a mí las banderas me dicen realmente poco, no dejan de ser telas de colores. Quienes me dicen algo realmente son las personas que las portan y que defienden los valores que representan. Hay quien porta unas banderas porque representan una serie de valores por los que hay que luchar y hacer por mantener vivos. Otros las portan porque les evocan viejas glorias, por añoranzas de un tiempo pasado. En ese caso si, se ha quedado anticuado llevar por delante esa bandera. No hay que desear que vuelva el pasado, sino que hay que juntar fuerzas para construir un sólido futuro. Un futuro que empiece sano, sin heridas.

Tú, que siempre trabajas al aire libre, de vez en cuando tienes que encerrarte en cualquier trabajo que te sale, no de lo tuyo, y entonces sientes no poder tomar las riendas de tu vida, aportar donde crees, perder tu tiempo en aquello para lo que no has nacido, es como me pasa a mí.  ¿No te dan ganas de gritar esa injusticia actual, ese asesinato a la fuerza que tenemos para lo que elegimos hacer, ese disparo a nuestra cabeza, porque nos quieren hacer tontos y sumisos y tristes?

Maldito es el señor don dinero, Enriqueta. Se ha puesto todo a unos precios desorbitados y hemos alcanzado unos niveles de necesidades, no sé ya si básicas, que nos pasamos el día trabajando para poder adquirir esos bienes. Y cuando no hay trabajo dentro del campo en el que uno se ha formado, pues hay que aceptar casi lo que sea; y, como ya se sabe, si de por sí la Arqueología ha sido un campo siempre muy azotado, en crisis ya ni te cuento; porque en el primer sector en el que estalló la crisis fue en el de la construcción, del que dependemos principalmente los Arqueólogos profesionales. Nos encierre o no el trabajo, lo que no podemos permitir es que nos atormente y nos convierta en seres tristes y grises. A veces nos cuesta un esfuerzo, pero todos deberíamos ver qué parte de nuestro trabajo aporta algo a la sociedad y explotar esa vertiente al máximo. Por norma general, lo que aporta algo a la sociedad suele restar en el bolsillo del empresario, así que hemos de contar con que no será tarea fácil, sino más bien arriesgada. Pero jefes hay muchos; sentirse bien con uno mismo y aportar algo al mundo en el que vivimos, es único.

Una jornada a pie de fosa

Cuéntanos una jornada en las fosas, iba a decir, jornada cualquiera pero no lo eran, todas eran especiales, todas las que yo viví mientras me documentaba para mi investigación de uno de mis libros eran especiales, sí. Cuenta.

Si, son especiales y únicas porque lo que hacemos es especial y cada historia que sacamos a la luz es única. Como te he dicho antes, la Federación de Foros por la Memoria es una maquinaria muy compleja de perfecto engranaje en donde participamos muchos voluntarios. El día comienza realmente la noche anterior pues, tras la cena, se ponen en común las distintas acciones realizadas y se organiza el día siguiente. De este modo, desde primera hora de la mañana cada uno sabe perfectamente cual es su cometido en la fosa porque, muy al contrario de lo que suele creer la gente, una exhumación no es sólo excavar y sacar huesos; eso es casi lo de menos en nuestro cometido. Los Arqueólogos y Antropólogos nos pasamos el día entero en lo que es propiamente la fosa, excavando meticulosamente cada centímetro de tierra a fin de no perder ni una sola prueba. Ten en cuenta que somos como los CSI de la memoria: tenemos que sacar a la luz pruebas para demostrar un crimen que se cometió hace mucho tiempo. Por otro lado, están los Psicólogos y otros voluntarios que se encargan de tomar los testimonios orales, así como los Documentalistas, que hacen una ardua labor de recopilar todos los testimonios y pruebas escritas. Todas esas pruebas avalarán la denuncia que ponen los Abogados en el Juzgado.

Como no lo hacemos “de tapadillo”, tenemos periodistas y otros comunicadores que son quienes tratan con los medios, así como los técnicos de imagen y sonido que se encargan de fotografiar y grabar todo en vídeo para crear documentos gráficos que se utilizan posteriormente para hacer documentales explicativos de cada fosa y de la ignominia que nos ha llevado a estar ahí. Y, por supuesto, tenemos un pilar muy importante que son los que llamamos voluntarios, aunque como tal lo somos todos, que se encargan de múltiples e importantes tareas, como el alimentar a todo el grupo, de la logística en general, de llevar las cuentas, de facilitarnos y tenernos a punto las herramientas, de la seguridad de la fosa porque muchas veces nos hemos visto con la amenaza de que la iban a destrozar por la noche, de acompañar y atender a los familiares de las víctimas y un largo etc. Como ves, un gran equipo que es coordinado por el Presidente para que todos rememos hacia el mismo sitio.

El día se pasa desde bien temprano en la zona de la fosa, hasta que se pone el sol, trabajando lo más rápido pero meticulosamente posible. Se come allí mismo para no perder tiempo. Es ya por la noche cuando volvemos al lugar de descanso para asearnos, cenar, hacer esa reunión de la que te hablaba y luego ya cada uno desconecta a su manera.

¿Te acuerdas? A veces llegan familiares o algún guerrillero que había sobrevivido, porque estaban dando por la tele lo que hacíais y entonces reconocía entre los nombres el de su abuelo o bisabuelo o camarada y salía corriendo a saber algo más y a aportar lo que sabían, con la documentación en la mano rescatada de casa, para identificarse, con el ánimo y la grandeza de no llegar encima cabreados. No hay derecho a que el derecho no sea para todos eso mismo, un derecho, a que no sea justicia, verdad, y reparación como algunos pedimos. Porque el que tenía medios de investigar, llegar a algún puerto, en fin y de enterarse, pues bien a medias, pero otros ahí siguen las familias, sin saber siquiera. Es el Estado el que tiene que implicarse, los ciudadanos reclamar… Tú esto, ¿cómo lo sentías, lo sientes, qué te parece?

¿Sabes por qué los ciudadanos no reclaman? Porque aún hay miedo, mucho miedo. Aún se evocan los recuerdos de los tiros en la nuca. Ese miedo lo he vivido de una manera muy intensa sobre todo en pueblos pequeños. Recuerdo estar hace unos años en un pueblo castellano en la fase de localización de la fosa. Se nos acercó una mujer mayor; se arrimó hasta pegarse a uno de nuestros compañeros. De la zona del pecho sacó un papel doblado; se lo dio y se marchó a paso rápido. En el papel había dibujado un plano de la zona y situado el punto donde se localizaba la fosa. No medió palabra alguna; no volvimos a verla ni a saber de ella.

Siento rabia, siento que hay injusticia cuando siete décadas después la gente tiene miedo a hablar. Así, ni habrá justicia, ni habrá verdad, ni habrá reparación. La herida seguirá abierta. Y el Gobierno, actual y pasado, que tanto hablan de herencia, a ver si entienden de una vez  que esto también es una herencia que han recibido, de la que son responsables subsidiarios y de la que tienen que hacerse responsables. Pero está visto que como no van a sacar tajada económica de esto, porque aquí no hay sobres ni incentivos, pues no interesa. Además, no sea que se saque algo a la luz que les salpique y de lo que no se vayan a sentir precisamente orgullosos.

Creo que el problema es que los fascistas aquí ganaron la propaganda, eran unos “goebbelazos” de cuidado. Lo siguen siendo.

No podrías tener más razón. Lo siguen siendo y esto no apunta a cambiar.

Lidia, recuerdo tras tu labor honesta y merecedora de reconocimiento, tus ojos negros como el carbón, mirar con orgullo, brillantes, los recuerdo como los de otros compañeros tuyos, jóvenes que dedican sus vacaciones a este voluntariado o militancia de la Memoria, a redescubrirnos la lucha por ideales, por valores tan de actualidad como el laicismo, los derechos humanos y de la mujer, los derechos laborales, todo lo que han ido haciendo polvo, como a los asesinados. Ojos negros delante de tapias blancas de cementerios donde se fusilaba impunemente, esas tapias que se tiñeron de rojo y sepultaron sueños, en que se desparramaron los sesos de tantos españoles de honor, de pobre condición económica, de gran dignidad. Fuera del recinto lleno de cruces, a pocos metros, a ras casi de tierra, a veces en la antesala de los cementerios para que los pisaran, “por rojos”. A mí me pone la piel de gallina, pero hay mucha insensibilidad. ¿No crees? ¿O es por miedo, como dices?

“Estamos pidiendo justicia, que se haga por parte del Estado y de la sociedad un ejercicio de reparación, de difusión de la verdad”

Bueno, a la Memoria no le dedicamos sólo las vacaciones. Si es cierto que la exhumación queda para los meses estivales por aquello de evitar las lluvias que puedan dañar la recogida de datos en campo, pero llevamos a cabo distintas actividades a lo largo del año, todas enfocadas a la recuperación de la dignidad de las víctimas, no sólo los huesos. En cuanto a la insensibilidad o el miedo, depende más bien de la sangre que te corra por las venas. Cuando se trata de familiares de represaliados, suele cundir el miedo. Si no son familiares, lo que predomina no es tanto una falta de sensibilidad como falta de educación, de conocimiento de hechos. Y en algunos casos, cierta intolerancia también hay. Se creen que estamos allí por sed de venganza. Y no es así. Estamos pidiendo justicia, que se haga por parte del Estado y de la sociedad un ejercicio de reparación, de difusión de la verdad; de toda ella, no sólo de una parte; le duela a quien le duela. Solo así se conseguirá cerrar heridas y continuar hacia delante sin volver a caer en la misma piedra. Decías que recuerdas mis ojos brillantes. ¿Sabes por qué brillan en las fosas? Por contener las lágrimas que me produce tanta injusticia, tanta mentira aireada, tanta lucha por unos valores enterrados ahora en las cunetas y tanto traba por parte del Estado para que nos estemos calladitos y no investiguemos.

Recuerdo que cerca de esas fosas he vivido la tragedia de ver, sí, miedo y ansia de venganza aún, pero esto por parte de fascistas que quedan y no pocos; y de seguir haciendo daño por parte de los que quieren seguir echando paladas a la memoria. ¿Será porque aquellos militares golpistas cometieron alta traición a la patria?, el peor crimen, como dijo una historiadora, ¿porque la continuidad y normalidad democrática sólo puede darse entre la II y la III República? ¿Porque sigue la impunidad? ¿Porque se sacan algunas ventajas, o muchas estando calladitos?

Sigue la impunidad porque aquellos que tienen en sus manos dictaminar justicia son aún, en muchos casos, herederos de quienes apretaron el gatillo, herederos de quienes vejaron, insultaron y expropiaron. Herederos de quienes crearon esta España todavía dividida y dolida, llena de heridas y fosas. Y están callados porque a nadie le gusta que le saquen los colores o aireen sus trapos sucios.

La Memoria, enterrada y olvidada

¿Cómo ves el futuro?

En general, negro. En cuanto a la Memoria, la veo enterrada y olvidada. Vuelven a ser muchas las trabas que nos ponen, especialmente desde la Administración, para poder sacar a la luz la verdad, para poder reclamar reparación y justicia, que no venganza. Los años pasan rápido, los testigos se nos van muriendo y con ellos se van los datos y las pistas. Las pruebas de tan atroz represión y desmembración de una nación llena de valores y demócrata quedarán por siempre bajo la tierra de alguna cuneta o ribera. Silenciadas.

¿Cómo seguir luchado por nuestros derechos? No por que no retrocedamos, ¡por nuestros derechos! Y el logro de otros…

La lucha es incesante, no para. Hay que luchar día a día, por todos y cada uno de nuestros derechos, por mantener los adquiridos, que ya se ha visto que están por la labor de borrarlos, así como por adquirir nuevos derechos que son de justicia para lograr vivir en una sociedad más igual, más democrática; una sociedad que progrese dentro del respeto hacia las libertades de todos y todas, no de manera gris y autómata como decíamos antes hablando de los trabajos a los que nos vemos a veces obligados a aceptar. ¡Hay que luchar! De nada sirve quedarse sentado en casa viendo la televisión. Salvo para lamentarnos después y vivir amargados, presos de las injusticias.

“Hay injusticia cuando siete décadas después la gente tiene miedo a hablar. Así, ni habrá justicia, ni habrá verdad, ni habrá reparación. La herida seguirá abierta”

¿Por qué no se dice nada de la monarquía por parte de la izquierda, casi silencio absoluto?

Cuándo dices “por parte de la izquierda” te refieres a los políticos de la izquierda, ¿no? Porque no les interesa. Porque este país está dominado por unos poderes fácticos cuyas ideologías ya conocemos. Si no les doras la píldora, no eres nadie. Y no es precisamente eso lo que quieren nuestros políticos, sean del color que sean; adoran sus poltronas y no quieren abandonarlas. Y en cuanto a la parte de la izquierda que son los ciudadanos, no es que no digan nada, sino más bien que no se les oye porque no tienen medios y cuando los alcanza, se les silencia. Véase como ejemplo los “ajustes” de audio en la final de la Copa del Rey de fútbol del año pasado o las órdenes que se da a la Policía en las manifestaciones: mientras todo sea palmitas y canciones de autobús escolar, no hay problema. En el momento en el que surgen las protestas serias contra el Gobierno o la Corona, aparece sospechosamente un encapuchado exacerbado al que nadie conoce ni se sabe de que tinta es, y se lía de nuevo la de San Quintín a palos.

¿A ti la Transi a qué te suena?

Cuanto era una veinteañera, me sonaba genial. Me sonaba lógico. Me evocaba un movimiento de recuperación del cauce que debía tomar un país tras 40 años atroces de sumisión y falta de libertades. Pero ahora que ya he cumplido la treintena, me suena a estafa; a que todo sigue igual, pero le han cambiado el nombre para que pensemos que es otra cosa.

Tus sueños, ¿cuáles son?

Vivir en un país donde haya justicia, libertades reales; donde se han reparado daños anteriores, donde en los colegios públicos, de acceso para todos, se enseñen valores; donde vivamos en democracia de verdad. Un país progresista y moderno, con trabajo para todos los que quieran trabajar, en el que los jóvenes no tengamos que emigrar ni tengamos que vender nuestros títulos universitarios casi nuevos por falta de uso. Y no es una utopía, eso se alcanza luchando día a día, defendiendo nuestros derechos y derrocando a los políticos que están ahí para beneficio propio y el de su partido, mirando hacia sus siglas en lugar de hacia los ciudadanos y a otros tantos usureros que han esquilmado el país, no sólo llevándose el dinero, sino también negándolo de industria y cultura.

Que se cumplan. Muchas gracias y añade lo que te parezca conveniente.

Muchas gracias a ti por hacer que se difundan las labores de lucha por la recuperación de la memoria, la reparación, la justicia y la verdad.

Una mujer de valores

Recién estrenada la convulsa década de los 80, vino a nacer en el ahora tan mencionado Hospital Santa Cristina de Madrid y quien sabe si arrollada por cierta monja, esta hija de padres muy jóvenes y solteros en aquel momento. La mayor de tres hermanos, a cual más distinto, vivió y vive en Collado Villalba, educándose en colegios públicos; al igual que sería pública la Universidad en la que cursó su Licenciatura de Historia para especializarse en Arqueología y Antropología. Estudios que después completaría con un Postgrado de Gestión del Patrimonio Cultural y un Master en Creación y Dirección de empresas. Su carácter nervioso y su sed de conocimiento le llevan a estar siempre haciendo cursos de lo más dispares o a estar “experimentando” nuevas sensaciones; de ahí que tenga muy distintas aficiones, entre las que destacan desde la lectura hasta el submarinismo, o su reciente incursión en el mundo de la alquimia.

Con 16 años participó en su primera excavación arqueológica, a la que le seguirían otras muchas que haría en prácticas. Ya una vez licenciada lo hizo de manera profesional y continua hasta que la actual crisis apretó hasta asfixiar a este sector viéndose obligada a emprender por su cuenta. Así creó un pequeño negocio familiar tan dispar a su anterior formación como es un servicio técnico de telefonía móvil e informática. Sería en 2006, durante los cursos del Doctorado, cuando conociese gracias a un error casi rocambolesco, a varios miembros de la Federación de Foros por la Memoria. Desde entonces, convencida de que sus luchas eran las mismas, se unió a los que ahora son sus compañeros y a los que denomina “su familia política”; participando con ellos en tantas actividades, no sólo excavando fosas, como su vida de Arqueóloga, siempre de un lado para otro, le ha permitido.

http://www.cronicapopular.es/2013/03/lidia-munoz-arqueologa-militante-para-el-rescate-de-la-memoria-falto-un-nuremberg-espanol/