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‘Al menos podemos llevarle flores’

Diari de Tarragona, 30/03/2013 | 2 abril 2013

_PrDiariTarragonaLa familia de Joan Benach no supo dónde estaba su cuerpo hasta que le informaron de que había sido trasladado al Valle de los Caídos en 1959

 

 

XAVIER FERNÁNDEZ JOSÉ |

La familia de Joan Benach, muerto y enterrado en Vimbodí en 1939, no supo dónde estaba su cuerpo hasta que le informaron en 1960 de que había sido trasladado al Valle de los Caídos en 1959

Ocho años de guerra en África. Apenas seis años de vida con su esposa. Un breve tiempo en el frente de la Guerra Civil. Muerto cuando la derrota republicana ya era sólo cuestión de tiempo. Enterrado, a apenas 60 kilómetros de su casa, sin que su familia lo supiese. Desenterrado veinte años después por sus enemigos, trasladado a 560 kilómetros sin permiso ni de su viuda ni de sus hijos e inhumado en una cripta cercana a su verdugo. Es la historia de Joan Benach Mercadé, uno de los tarraconenses enterrados en el Valle de los Caídos.

Juan nació en Banyeres del Penedès en 1905. Con 20 años tuvo que hacer el servicio militar y fue trasladado a África, donde permaneció ocho años. Su nieto, Amadeu Benach Miquel, recuerda que su abuela (y esposa de Juan), Matilde Mestres, le contaba que Juan, pese a la dureza de la vida en África, tuvo suerte y sobrevivió a las peligrosas misiones de mensajero que realizaba cruzando las líneas enemigas durante la guerra norteafricana.

Hacia 1933, Juan regresó a Banyeres, donde cuidó de la finca familiar. Se casó con su novia, Matilde, y tuvieron dos hijos: Mercé y Amadeu, padre de Amadeu. A finales de 1938, cuando el ejército republicano ya había sido derrotado en la Batalla del Ebre, Juan fue llamado a filas. De nuevo tuvo que empuñar un fusil. Esta vez no pudo salvarse.

Muerto en 1939

Juan murió el 15 de enero de 1939  y fue enterrado al día siguiente, según consta en el libro de la historiadora Queralt Solé. Otro historiador, Ramon Arnabat, en la obra Víctimes de la Guerra Civil al Penedès, data la fecha de su muerte seis días antes: el 9 de enero. En todo caso la derrota republicana era ya un hecho. Los franquistas entraron en Tarragona ciudad el 15 de enero.

Días más tarde, la viuda de Juan, Matilde, recibió la notificación de que su esposo había fallecido «defendiendo L’Espluga de Francolí». Pero nada más. Ni dónde estaba enterrado ni cómo había muerto ni siquiera que había sido atendido en el hospital de Vimbodí, lugar de su óbito, según Ramon Arnabat. Un amigo de Juan también avisó a Matilde del fallecimiento pero tampoco pudo aportar más datos.

La fatal carta además se demoró. Primero le llegó a una familia de L’Arboç con los mismos  apellidos. Esta familia la reexpedió a Matilde. Ella se quedó viuda con dos hijos de seis años (Mercé) y tres (Amadeu) a su cargo. Además debía cuidar de un cuñado, Jaume, minusválido.

¿Por qué no intentó averiguar Matilde qué había pasado con su esposo? Era muy difícil. La Guerra Civil aún no había acabado y ella era esposa de un soldado republicano, aunque llamado a filas obligatoriamente y que nunca se había metido en política. Sí lo había hecho el hermano de Matilde, Josep Mestres. Era uno de los dirigentes de la CNT en el Baix Penedès y, según cuenta su sobrino nieto, Amadeu, participó en la quema de iglesias. Tuvo que huir a Francia y se cambió el nombre y lugar de procedencia en los documentos para que la familia que le quedaba en Banyeres no sufriese represalias.

Matilde y sus dos hijos, Mercé y Amadeu, sobrevivieron sin demasiadas angustias a la posguerra. Tenían campos de labranza con lo que podían comer y la madre era una excelente cocinera por lo que trabajó para familias ricas de la comarca. Pero no sabían qué había sido de su esposo y padre. Hasta finales de 1960.

Aquel año recibieron un documento (ver foto superior) de la «Jefatura del Estado. Patrimonio Nacional. Patronato de la Fundación de la Santa Cruz del Valle de los Caídos» en que se les informaba de que Juan había sido enterrado el 16 de enero de 1939 en Vimbodí y, dos décadas después, trasladado al Valle de los Caídos el 28 de marzo de 1959.

Informados en 1960

La carta lleva fecha del 10 de noviembre de 1960. Es decir, el Régimen no sólo no pidió permiso a la familia de Juan para trasladarle (podían haberlo hecho como demuestra el documento) sino que además le informó con más de un año de retraso.

Tras recibir la carta, Amadeu (hijo de Juan) y su cuñado, Joan Miracle (esposo de Mercé), acudieron indignados al Ayuntamiento de Vimbodí para preguntar por qué no se les había comunicado antes que Juan estaba enterrado allí. La respuesta del secretario municipal fue: «No tenía obligación». La réplica de Amadeu y Joan: «¿Ni siquiera una obligación moral? ¿Y si hubiese sido su padre?». La contrarréplica del funcionario, sin rastro de humanidad: «Repito, no tenía ninguna obligación».

Era 1960 y nadie de la familia se planteó siquiera reclamar el retorno del cuerpo de Juan. Tampoco viajaron a Madrid. Los descendientes de Juan eran payeses y en aquellos años un viaje tan largo era complicado y caro. Además Matilde no le contó a sus nietos que el abuelo, por el que Amadeu preguntaba en las comidas familiares de los domingos, yacía en el Valle de los Caídos.

Llegada ya la Democracia, Amadeu nieto viajó a Madrid y visitó el Valle de los Caídos por turismo. Sin saber que su abuelo estaba enterrado allí junto a miles de soldados y civiles más de uno y otro bando. Fue su abuela, cuando Amadeu le contó de vuelta a casa que había estado en el mausoleo franquista, quien reveló a  Amadeu la verdad que ignoraba.

Años después, Amadeu viajó de nuevo al Valle: «Iba ‘cagado’. Aquello impone. Pude acceder hasta una pared cercana al altar mayor tras la cual están las criptas con los fallecidos. Pero no me dejaron llegar hasta el mismo lugar donde ponía el documento que estaba enterrado mi padre», explica. Esa segunda visita (la primera a su abuelo) fue ‘exploratoria’. Amadeu quería llevar a su padre, también llamado Amadeu, para que éste visitara la tumba de Juan.

Visitado 65 años después

Tiempo más tarde volvieron juntos. Matilde estaba enferma y se quedó en casa. Nunca visitó la tumba de su esposo. Falleció en 1996. Cuenta Amadeu que él y su padre llegaron hasta la misma pared, donde hay un altar, y a sus pies «colocamos flores y una senyera. Oímos por detrás como unas voces decían ‘esos son unos rojos’».

Los ojos azules de Amadeu padre se tiñieron de lágrimas. Habían pasado 65 años desde que perdiera a su padre. «Lo que más nos duele –dice Amadeu hijo– es que el abuelo esté enterrado junto a su verdugo. No nos planteamos sacarle individualmente porque es muy difícil, pero sí que nos sumaríamos a una acción colectiva. Muchas personas no saben dónde están enterrados sus familiares muertos en la Guerra Civil. Nosotros, pese a todo, somos afortunados. Al menos podemos llevar flores al abuelo», concluye Amadeu.

http://www.diaridetarragona.com/tarragona/075868/al/menos/llevarle/flores