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Cómo y cuándo conocí a Julián Grimau

Víctor Díaz-Cardiel. Mundo Obrero, 20/04/2013 | 22 abril 2013

536967_515247351866045_1069321082_nAnte las embajadas de Londres, París, Bruselas, Ámsterdam, Bonn, y así un largo etcétera, la juventud europea, reclamaba la libertad de Grimau

 

VÍCTOR DÍAZ-CARDIEL

A Julián Grimau le conocí en París, en casa de unos tíos míos, Sabina y Pedro, que avalaron mi ingreso en el P.C.E. Y volvía de Inglaterra, donde había estado trabajando tras haber pedido una excedencia, durante el periodo del Plan de Estabilización, que llevó a la inmigración (Alemania federal, Suiza, Bélgica, etc..) a un millón de trabajadores españoles. Cuando se me agotó el plazo de un año de excedencia, tuve que reincorporarme a mi trabajo en la fábrica Euskalduna, en Villaverde Bajo.

Después de mi primer encuentro con Julián, en París, volveríamos a vernos, un mes después, en Madrid. Julián me presentó en esa nueva cita a otro camarada, que hasta años después no conocería su nombre: Luis Antonio Gil López.

Tras las huelgas de los mineros asturianos, la primera en abril-mayo de 1962, en Madrid, en Euskalduna fuimos a la huelga por solidaridad con ellos y con nuestra propia plataforma reivindicativa el 22 de mayo de ese mismo año 1962. También habría paros en otras fábricas de Villaverde Bajo, Cerro de la Plata, cartonera Industrial de Madrid, Talleres de RENFE, Santa Catalina, etc.

La huelga de Euskalduna, con 15 días de duración, con 21 despidos, con la anulación de la antigüedad de los más de 1000 trabajadores, tuvo una enorme resonancia en toda aquella zona industrial madrileña:

– Primero porque se trataba de una huelga total en uno de los más importantes cinturones industriales de Madrid en los años 60.

– Segundo, por los numerosos paros en fábricas como VERS, TAFESA, Talleres de RENFE, y otros.

– Tercero, porque se probaba que sí se podía hacer huelgas, sí se podía romper el hielo, el miedo de lo prohibido, esto sería, pese a la represión, lo más importante.

Tras las huelgas de los mineros asturianos y la solidaridad en Madrid, País Vasco, etc., nuestros encuentros hasta la mortal detención de Julián fueron muy intensos. Julián Grimau, los camaradas de la dirección del P.C.E. en esos momentos en Madrid vivían frenéticamente estas acciones del movimiento obrero. La represión se acentuó en esos años de 1962, 63, 64… y el fusilamiento de Julián Grimau fue el escarmiento de la dictadura a esa nueva situación.

Las huelgas de abril-mayo de 1962 nos permitieron un mayor nivel de influencia, al tiempo que un crecimiento de la militancia del partido, considerables en las zonas industriales-obreras del Madrid de los 60.

En esa época, éramos más militantes comunistas de lo que dice Nicolás Sartorius, según le había contado su buen amigo Lobato (1).

La detención de Julián Grimau

Fue el 7 de noviembre de 1962. Antes de su detención habíamos estado con él, Valentín Andrés Álvarez, hijo del decano de la facultad de económicas de la universidad complutense, y Alberto Yébenes Simón, por entonces militantes del P.C.E., y yo mismo, Víctor Díaz Cardiel, en la casa de este último, situada en la calle del Pez Volador nº 5, desde más o menos las 11 de la mañana hasta aproximadamente las 14h.

En el libro Julián Grimau. El último muerto de la Guerra Civil, de Pedro Carvajal, se dice “Julián Grimau, antes de acudir a la Plaza de Roma, actualmente Manuel becerra, tenía que reunirse con dos militantes del P.C.E., Alberto Yébenes y Víctor Díaz-Cardiel, que se habían hecho con una apreciada multicopista”.

No nos reunimos con Julián en la Plaza de Roma, sino en la calle, lugar ya indicado.

En la Plaza de Roma, en la línea de autobús nº 18 es donde subió Julián, y fue detenido. Cuando salimos de la reunión en la casa de Alberto, Julián y yo fuimos andando por Dr. Esquerdo hasta la esquina de la calle Ibiza, donde nos despedimos con el siguiente comentario a Julián, “ la azotea de la casa de nuestro amigo es algo como un sanatorio”.

En esa reunión le explicamos, entre otras cosas, la situación política y social que vivíamos en ese momento en nuestro país, de cómo nos conocimos, de dónde venía nuestra relación y amistad de Alberto, Valentín y yo, es decir, la relación de amistad de un metalúrgico, militante obrero despedido y perseguido en esos meses de las huelgas de abril y mayo, de un realizador de T.V.E y un estudiante de casi todo, de familia acomodada, después periodista y perteneciente a una familia con una dilatada tradición falangista.

Al siguiente día 8 ó 9 de noviembre, leía en ABC que un tal Emilio García se había arrojado por una ventana de la Dirección General de Seguridad, en Sol.

Cuando detienen a Julián Grimau (Emilio García), le decomisan algo más de 13.000 pts., buena parte de ellas, que se las entregué yo mismo, eran el producto de cotizaciones y ayudas solidarias de las fábricas para los mineros asturianos y para los compañeros de Euskalduna, que me entregaban a mí mismo, sin saber, claro está, que era un despedido más, que daba la impresión, dicen, de conocer bien la huelga.

Empezaban esos tremendos meses que iban del 7 de noviembre de 1962 a abril de 1963. Fueron meses tremendamente dolorosos.

7 de noviembre 1962: detención. 20 de abril de 1963: fusilamiento.

Estos meses que transcurrieron entre su detención y fusilamiento, se vivieron de manera intensa. Salvar a Julián Grimau era aquellos días y hasta su fusilamiento, tarea prioritaria del partido.

Creo, si la memoria me es fiel, que Julián Grimau estuvo veinte días totalmente aislado. Fue un verdadero calvario. En noviembre de 1962 fue a visitarle por primera vez su abogado Amandino Rodríguez Armada, o sea, habían transcurrido veintitantos días de su detención.

Repito, si no recuerdo mal, en ese mismo mes de noviembre se inician las primeras manifestaciones, de lo que fueron en aquellos días de finales del 62 y hasta abril de 1963, la más colosal de las manifestaciones internacionales contra la dictadura del general Franco. Ante las embajadas de Londres, París, Bruselas, Ámsterdam, Bonn, y así un largo etcétera, la juventud europea, reclamaba la libertad de Julián Grimau. Al mismo tiempo lideres socialistas como Jules Moch, Harold Wilson, H. Otto Kraff, Pietro Nenni, Willy Brand, el presidente de la U.R.R.S Nikita Jruschov, la Reina Madre de Holanda, y un largo número de personalidades políticas expresaban su repulsa ante lo que fuera un Crimen de Estado.

La comisión internacional de juristas, en diciembre, publicó un informe público, en el que sostuvo que España no era un estado de derecho. El gobierno de Franco solicitaba su ingreso en la Comunidad Económica europea, la ejecución de Julián Grimau retrasó en años esa petición.

A los tres médicos franceses que solicitaron visitar a Grimau no les fue autorizada su visita.

En Madrid, y en otras partes de España, el Partido hacía todo lo que estaba en sus manos. En el movimiento obrero, desde la militancia del P.C.E en las ya importantes empresas en las que teníamos organización distribuíamos información sobre el caso de Julián Grimau, qué podíamos hacer. Algunos camaradas fueron detenidos por intentar asistir al juicio. En fin, Julián Grimau fue fusilado a las 06:30 el 20 de abril de 1963 en el espaldón del cuerpo de tiro de Carabanchel.

Yo escuché la noticia por la BBC de Londres, en casa rompí a llorar desconsoladamente; Carmen no sabía qué hacer para consolarme.

A los 50 años de su fusilamiento, después de haber interpuesto recurso para la anulación de ese CRIMEN DE ESTADO, sigue estando en nuestro recuerdo. No te olvidaremos, seguiremos batiéndonos por la anulación de todos los juicios sumarísimos, contra la impunidad del franquismo.

>NOTA

1. Carvajal, Pedro (2003): “Julián Grimau: “el ultimo muerto de la Guerra Civil”, El País-Aguilar, pág. 77

http://www.mundoobrero.es/pl.php?id=2668&sec=7&aut=324