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La memoria de la Guerra en un frasco

El Mundo.es, 30/03/2013 | 1 abril 2013

_PrElMundo72 años después de su fusilamiento identifican el cadáver de José Celda

 

Rodrigo Terrasa | Valencia

Fue ejecutado tras la Guerra y enterrado en una fosa común en Paterna. Esta semana las pruebas de ADN confirmaron la identidad de cuatro cuerpos. Todos ellos escondían en el ataúd unas botellas con su nombre en el interior. La hija de Celda fue la última persona que logró ayudas para la exhumación.

Celda era un hombre alto. Tan alto que el día que lo fusilaron las balas le atravesaron el pecho y no la cabeza como a sus compañeros de paredón. Celda medía 1.82 cuando España era más canija que nunca, tenía el pelo grueso como hilos de alpargata, y los ojos verdes como su hija pequeña. El día que lo mataron tenía 45 años y la guerra ya había acabado.

Celda era agricultor, afiliado a Izquierda Republicana, y lo detuvieron cuando volvía con su hija de segar arroz en Canals acusado de varios asesinatos cometidos en Massamagrell, a unos 100 kilómetros de distancia. Lo juzgaron en minutos, lo condenaron a pena de muerte, pasó 11 meses en prisión y fue fusilado junto a la tapia trasera del cementerio de Paterna, en Valencia, el 14 de septiembre de 1940. Cuando lo indultaron llevaba tres años muerto. Su cadáver, junto a los de sus compañeros de muro, quedó atrapado en una fosa común. 72 años largos. Hasta hoy.

En el hoyo donde a José Celda le dieron el tiro de gracia hay ahora ‘briks’ de leche, teles rotas y juguetes viejos. La explanada donde fusilaron a más de 2.000 personas a finales de los años 30 es ahora un descampado donde los vecinos de Paterna tiran la basura porque el alcalde cerró el ecoparque el año pasado. Los algarrobos de entonces son ahora pinos.

Dentro del cementerio, la fosa está destripada. Hay una bandera republicana descolorida anudada en una de las vallas que acotan el hoyo en el que el pasado mes de septiembre comenzó la exhumación de los restos de los ejecutados tras la Guerra Civil. Este martes sus familiares supieron seis meses después que las pruebas de ADN confirmaban la identidad de José Celda Beneyto, Ramón Gandia Belda y Francisco Fenollosa Soriano. También de Manuel Gimeno Ballester, cuyo cuerpo nadie ha reclamado hasta ahora.

La lucha de su hija

Josefa Celda es alta y tiene los ojos verdes como su padre. Tiene 81 años ahora y tenía 8 cuando detuvieron a su madre por coser ropa para los soldados del Frente y cuando mataron a su padre “por defender la democracia”. Su memoria es histórica: “Los juicios de entonces no eran juicios legales. A mi padre lo detuvieron y estuvo 11 meses con la pena de muerte. Tenía el pelo negro y en ocho días se le hizo blanco”.

‘La víspera de fusilarlo mi tía me pidió que no llorara delante de mi padre. Nunca más he podido volver a llorar’

Un día antes de que lo fusilaran, la hermana de su padre llevó a Josefa a la Cárcel Modelo de Valencia. “Muchas veces no me dejaban entrar, porque no tenía edad. Si el centinela era malo, me decía: ‘Esta niña, atrás’ y me tiraba al bancal y allí me quedaba llorando. Me ponían vestidos de más mayor y eso que yo era alta…”. Aquella víspera de septiembre del 40 le dejaron pasar. “Mi tía me dijo: ‘Vas a ver a tu padre por última vez, pero delante de él que no te caiga una lágrima’. Nada más entrar mi padre se coge a la reja y me dice: ‘Hija, con las ganas que tiene el padre de abrazarte y con las ganas se va a quedar…’. A mí se me cogió una cosa en la garganta al tragarme las lágrimas que nunca más he podido volver a llorar”.

El día que mataron a José Celda, su hermana y su sobrino, se subieron a una garrofera para ver cómo lo ejecutaban. “Si los pillan, los fusilan”, dice hoy Josefa. “Había una zanja muy honda con una escalera a cada lado, arriba del paredón había piedras donde ponían a los hombres, caían detrás, allí les daban el tiro de gracia y con las camionetas los cargaban como corderos, unos encima de otros, para tirarlos a las fosas”.

La tía Pura esperó aquella tarde hasta que mataron a Celda. Luego buscó al enterrador. Se llamaba Leoncio Badía Navarro, era republicano y lo condenaron a ser sepulturero. Pura le dio cinco duros y le pidió que enterrara a su hermano lo más arriba posible como si pudiera imaginar entonces que su ubicación sería fundamental algún día. Leoncio le dejó además cortarle un mechón de pelo a Celda que 70 años después ha sido definitivo para cotejar su ADN. El enterrador arregló el cadáver y lo introdujo en un ataúd. Detrás de su cabeza escondió una pequeña botella y dentro un papel donde estaba escrito su nombre: “José Celda Beneyto, 14 de septiembre de 1940, Massamagrell”. Otros 11 cadáveres recuperados junto al de Celda también tenían su botella.

Manuel Polo Cerdà es médico especialista en Antropología Forense y miembro del equipo que llevó a cabo las exhumaciones en Paterna. Dicen que nunca encontraron unos cadáveres mejor presentados que los que dejó Leoncio. “Haber descubierto las botellas con sus nombres es uno de los puntos más importantes de este caso. Deja de relieve el mandato que doce viudas introdujeron en cada una de las botellas, un mandato destinado a las generaciones futuras. Dentro de su dolor había sitio para una esperanza: ‘Sacadlos de aquí’. Y eso hemos hecho hasta donde hemos podido”.

La hija de Celda conserva ahora la botella con el nombre de su padre, un mechón envuelto en papel de seda envejecido y una carta que su padre escribió en prisión y vivió escondida en la orilla de su pantalón. “Ocho días después de estar enterrado la encontró mi tía. Nos decía que lo mataban inocente, que fuéramos con la cara bien alta porque no había hecho mal a nadie y que no lo olvidáramos”.

Josefa Celda fue la última persona en toda España que consiguió una de las subvenciones económicas que otorgaba el Ministerio de la Presidencia para financiar las exhumaciones de acuerdo con la Ley de Memoria Histórica. A ella se la concedieron en noviembre de 2011, cuando el Gobierno de Zapatero estaba ya en funciones. Para ella, desde entonces, todo ha sido “un milagro”. En marzo de 2012, Rajoy cortó las ayudas como había prometido en campaña electoral: “Ni un euro público más para las fosas de la guerra”, anunció.

El próximo 13 de abril, se celebrará un homenaje a los fusilados en la que fue su localidad natal, Massamagrell, y el 14 de abril se volverán a enterrar en Paterna los restos de los ocho cuerpos que no han sido identificados. Los restos de José Celda descansarán con los de su esposa Manuela.

Su hija ha cumplido: “Para mí esto no es una represalia. Lo de mi padre sí que fue una represalia porque mi padre no muere en la Guerra, murió cuando ya había acabado. Nosotros no queremos venganza, no queremos nada. Sólo queremos llevar a mi padre al lado de mi madre y cuando queramos, llevarle un ramo de flores. No pedimos otra cosa, darle una sepultura digna. Él nos dijo que no le olvidáramos y si está en algún sitio viéndome, se dará cuenta de que su hija no lo ha olvidado”.

http://www.elmundo.es/elmundo/2013/03/29/valencia/1364558635.html