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Los Foros por la Memoria visitan el pueblo mártir de Oradour y expresan su solidaridad con Robert Hébras

Foro por la Memoria de Guadalajara, | 11 abril 2013

frente-a-la-cocina-de-los-espac3b1olesEn junio de 1944 Oradour sufrió la masacre de sus 640 habitantes, (entre ellos varios españoles) a manos de una unidad de las SS

 

Una delegación de militantes de la Federación Estatal de Foros por la Memoria, concretamente procedentes de Guadalajara, Alcalá de Henares, Rivas, Madrid y Mieres, acudió el pasado viernes 6 de abril al pueblo de Oradour-sur-Glane, situado en el Limousin francés, y que en junio de 1944 sufrió la masacre de sus 640 habitantes, (entre ellos varios españoles) a manos de una unidad de las SS nazi. Nos acompañó la periodista Evelyn Mesquida, autora de la investigación sobre «La Nueve», obra recientemente publicada sobre la actuación de los republicanos españoles en la división Leclerc.

La visita se hallaba programada dentro de los actos de las “V jornadas del Ateneo Republicano du Limousin” y contamos con la guía excepcional de uno de los pocos supervivientes de la matanza, Robert Hébras, junto con los compañeros del ateneo limousin. La visita tuvo una gravedad y emoción muy especiales dada lo sucedido en Oradour y de lo acertado de la actuación pública en los restos de la población que ha sabido preservar la memoria del horror de aquellos días. Recorrer las calles destruidas del pueblo mártir, preservadas para recuerdo de las víctimas y enseñanza para todos, es algo que impacta al visitante.

10 de junio, 1944

El 9 de junio de 1944, apenas 4 días después del desembarco aliado en Normandía, la división SS Das Reich inició un mortífero avance por territorio francés, asesinando a población civil. La división había recibido la orden de sumarse al combate en Normandía y les urgía llegar cuanto antes. La resistencia francesa, alzada en armas en apoyo del desembarco hizo cuanto pudo por retrasarles: voladura de puentes, bloqueos en carreteras, hostigamientos y aunque no podían impedir el avance si lograron retardar la marcha horas que serían cruciales en los días en los que se combatía en las playas. El mando de la división Das Reich dio ordenes de actuar de forma implacable contra cualquier resistencia, lo que incluía toma de rehenes y ejecuciones de civiles como medidas de represalia y disuasorias. La unidad había combatido en el frente del Este y este tipo de ordenes tenía para ellos un significado muy concreto. Muy pronto sería la población francesa la que iba a sufrir el mismo terror y la misma voluntad genocida que, a gran escala, se había manifestado contra la población rusa.

Obligados a dar rodeos por las carreteras para evitar las destrucciones de las vías de comunicación, muy pronto las amenazas se convirtieron en hechos. En Tulle, tras un ataque del maquis en la ciudad, 99 civiles tomados como rehenes fueron ahorcados en plaza pública por unidades de la División y un bando de guerra emitido por las fuerzas de ocupación alertó sobre el resultado de seguir oponiendo resistencia.

Oradour-sur-Glane, una pequeña población de 350 habitantes entre Limoges y Saint-Junien, cuya única experiencia de la guerra eran los hijos movilizados y la presencia de refugiados, recibió la visita de una compañía de granaderos panzer el 10 de junio de 1944. Era un pueblo más, uno de los muchos pueblecitos de la campiña francesa donde la población civil vivía buenamente sus vidas en medio de las penurias de la época; nada había pasado allí que pudiera presagiar el drama.

En sus vehículos blindados, los 287 SS (3ªCompañía, Ier Batallón, Reg. Der Fürher, Div. Waffen-SS Das Reich, incluida la plana mayor del E.M. del batallón) entraron en el pueblo y establecieron un cordón a su alrededor. Con cierta tranquilidad y sin violencias sacaron a todos de sus casas y les reunieron en la plaza del mercado. Hombres, mujeres, niños —los pequeños alumnos de la escuela comarcal también fueron allí conducidos—. Se le dijo al alcalde que había armas escondidas y que se procedería a un registro. Las mujeres y niños, en torno a 450, fueron encerrados en la Iglesia, hacinados de forma inhumana. Los hombres fueron divididos en grupos y llevados a diversas partes de la localidad. Los soldados les mataron con armas automáticas, rociaron con gasolina los cadáveres y arrojaron granadas al interior de las casas. La población fue destruida de forma sistemática.

Al empezar los disparos, las voladuras y el fuego, los padres de algunos niños de la escuela comarcal corrieron hacia la población desde sus aldeas cercanas para buscar a sus hijos; el cordón de soldados les dejó pasar para una vez dentro asesinarles igualmente. En la iglesia el ruido de la masacre causó el terror y muchas mujeres trataron de huir con sus hijos. Los soldados dispararon a través de las puertas para impedirlo. El paso siguiente fue detonar en el interior de la iglesia varias bombas incendiarias que causaron un calor gigantesco y una deflagración intensa que causaron la muerte a las centenares de mujeres y niños allí encerrados. De lo vivido en el interior de la Iglesia en esos minutos de horror no podemos hacernos una idea. Los cuerpos de algunos bebés aparecieron colocados en el interior del confesionario, donde sus madres les habían intentado esconder en un intento desesperado de salvarles la vida aunque ellas mismas fallecieran. Las personas fueron quemadas vivas, desmembradas por la explosión, muertos por asfixia, por aplastamiento, o cocidos literalmente por el intenso calor. Varias mujeres lograron saltar por una de las cristaleras, que habían reventado por el calor, para ser luego tiroteadas por los soldados SS. Dos mujeres únicamente lograron escapar, una, la más joven de las dos, no pudo seguir pues se rompió las piernas al caer y fue asesinada allí mismo poco después; la única superviviente fue una mujer de cierta edad que había logrado alejarse tras saltar y escapar antes de que los soldados se apercibieran de su presencia. En el resto del pueblo, en grupos de 10 o 20, los hombres fueron a su vez asesinados. De los más de 200 hombres, solamente 6 escaparon con vida, todos ellos heridos, caídos al suelo entre los cuerpos de los tiroteados y que lograron apartarse de los montones de víctimas antes de que el fuego acabase con ellos.

En su marcha asesina hacia Normandía, la división Das Reich dejó un monstruoso rastro de sangre y terror. Con todo, esta verdadera marcha de la muerte causó menos víctimas civiles que el avance hacia Badajoz y Talavera de la columna Castejón a las ordenes de Yague en julio-agosto de 1936 en la GCE.

Españoles en Oradour

Oradour estaba llena de refugiados que habían encontrado en aquel pedacito de la Francia rural un hogar en medio de una guerra horrenda. Familias de Mosela, Lorena y Alsacia o de otras regiones de Francia (107 refugiados franceses), familias españolas, algunas familias judías francesas, unidos en el infortunio de la guerra y la persecución, compartieron la suerte de sus vecinos y amigos, fueron todos asesinados. En el monumento memorial junto al cementerio de la localidad decenas de placas recogen sus nombres, el recuerdo de sus familias y perpetúan el recuerdo de las victimas. El amor de las familias ha demostrado ser mucho más fuerte que el odio nazi.

¿Quienes eran los españoles de Oradour asesinados junto a sus vecinos y amigos franceses?

Se conocen algunos datos sobre ellos. Eran básicamente refugiados civiles con sus hijos, algunos nacidos ya en Francia. La presencia española no se limitaba a estos residentes, la mayoría instalados allí desde 1941, sino que existían numerosos españoles en Grupo de Trabajadores Extranjeros (GTE) instalado a cierta distancia. Estos grupos se componían de refugiados o desplazados en edad militar, sujetos a las autoridades de ocupación y que prestaban sus servicios como trabajadores agrícolas o locales. Muchos de ellos colaboraban con los campesinos de la comarca: en la calle principal de Oradour existía una cocina de campaña que servía a los trabajadores que iban al pueblo durante el día; muchos niños y jóvenes de la localidad acudían a la cocina a intentar conseguir algo de comida. El castellano se oía en Oradour todos los días, siendo el colectivo español local el más numeroso entre los extranjeros. ¿Quiénes eran los residentes?

La familia Gil Espinosa la componían el matrimonio, una pariente de la esposa y las dos hijas, gemelas de 14 años. Eran originarios de Alcañiz, donde muy posiblemente habían participado en la colectivización. Sus nombres y edad: Francisco Gil Egea (circa 50 años), su esposa Francisca Espinosa (49 años), su pariente Carmen Espinosa Juanos (30 años), y las niñas Francisca y Pilar Gil Espinosa (14 años).

La familia Lorente Pardo, madre y dos hijos, procedían de Barcelona y llevaban en Francia desde el éxodo de enero de 1939; la madre, Antonia, era de Murcia. Sus nombres: Antonia Pardo (29 años), Nuria Lorente Pardo (9 años) y Francisco Lorente Pardo (11 años).

Las hermanas Emilia y Angelina Masachs, de 11 y 8 años, eran originarias de Sabadell y habían perdido a sus padres; se encontraban recogidas por las otras familias españolas.

La familia Serrano Pardo estaba rehaciendo su vida en Francia. El padre, José Serrano Robles (29 años) era maestro de escuela y había marchado al exilio con su esposa María Pardo. Sus tres hijas habían nacido en Francia; la pequeña Armonía Serrano Pardo (nacida el 4/6/41, es decir de 3 años) y las gemelas de 1 año de edad, Esther y Paquita Serrano Pardo.

La familia Téllez Domínguez procedía de Barcelona. El padre, Domingo Téllez (45 años) era originario de Zaragoza y se encontraba en Oradour con su esposa María Domínguez (31 años), y sus hijos Miguel (11 años), Armonía (8 años) y el pequeño Liberto, de dos años, nacido en Oradour.

La española Carmen Silva, de 39 años, era de Bilbao y estaba casada con el francés Robert Pinede.

Todos ellos (al menos 21 españoles, entre adultos y niños) fueron asesinados el 10 de junio de 1944.

El memorial.

Durante el recorrido realizado por los miembros del Foro visitamos el pueblo en compañía de nuestros amigos franceses y debemos decir que la emoción —una emoción muy íntima y poderosa— nos arrasaba. Todas y cada una de las víctimas, no importa de donde, francesas o españolas, judías o gentiles, adultos o menores, al ver sus fotos, leer sus nombres, ver sus edades, esas niñas y niños, esos bebes muertos y quemados por el odio fascista, al corazón del visitante le asalta un dolor inmenso y le reafirma una convicción: Todos ellos, todas esas víctimas son nuestras también, son también nuestros hermanos, nuestros padres, nuestros hijos, no importa su nacionalidad, religión o ideas. Son nuestros compañeros.

Debemos decir, con dolor pero sin sorpresa, que pese a la presencia entre las víctimas de 18 españoles refugiados —entre ellos algunos pequeños nacidos en el pueblo—, la única placa memorial dispuesta por autoridades públicas españolas es de la Junta Nacional de Liberación de 1944, es decir, que únicamente el gobierno de la República Española en el exilio supo hacer honor a las víctimas; la actual España «democrática», la «marca España», no está presente en Oradour para hacer acto de respeto y homenaje a sus hijos y a sus hermanos franceses muertos en la masacre.

Durante la visita que realizamos el Ateneo republicaine du Limousin y el Foro por la Memoria de Guadalajara, contamos con la guía del señor Robert Hébras, uno de los dos supervivientes y destacado combatiente de la memoria en Francia. Palmira Dessaix, del Ateneo limousin, hija ella misma de refugiados republicanos, actuó como traductora y guía.

Un espacio de memoria ejemplar.

La visita a Oradour es, ciertamente, una experiencia que deja huella. Tras la guerra, el pueblo original fue preservado tal cual quedó tras la destrucción, convertido en “espacio de la memoria” y una villa completamente nueva fue construida en un espacio contiguo. En los años noventa se construyó un museo memorial con una exposición permanente que describe y contextualiza los hechos de junio de 1944 y cuenta con espacio para exposiciones temporales, para reflexionar, para documentarse. El Centro Memorial de Oradour es modélico en este sentido. Durante nuestra visita, un viernes de un día cualquiera de abril, diez autobuses con escolares de enseñanza media habían traído al pueblo mártir a más de un centenar de jóvenes. El centro tiene amplio apoyo institucional tanto del gobierno de la República como del Conseil Generale del Haute-Vienne, es decir, nuestro equivalente a una Diputación Provincial. El centro está dirigido por un profesor e investigador que forma parte del instituto de estudios de Historia del presente del similar francés a nuestro CSIC

Nuestra presencia en Oradour tenía varias razones, pero una de ellas y muy importante era la de apoyar expresamente como miembros de la Federación Estatal de Foros por la Memoria al sr. Hébras en la polémica que mantiene actualmente con una asociación alsaciana de antiguos soldados.

Posando frente al edificio donde los españoles de Oradour cocinaban en 1944

La polémica sobre Oradour no se reduce a este último episodio. Varios autores han pretendido revisar los hechos y niegan lo esencial del relato de los testigos y supervivientes. El revisionista francés Vincent Reynouard particularmente, ha afirmado que Oradour era un activo centro de la resistencia, una localidad en la que existían según él resistentes comunistas y que las tropas de las SS no actuaron con voluntad de exterminio. Como prueba de la presencia comunista cita la «amplia» presencia de «rojos» españoles en la localidad. Afirma que los resistentes habían almacenado explosivos en la Iglesia de la localidad y que al ser confinados allí las mujeres y niños, para poder proceder a un registro en el pueblo y ponerles a salvo, se produjo una explosión, causada por error o por intercambio de fuego con resistentes ocultos. Ante el tiroteo, creyéndose atacados, los soldados habrían disparado a los hombres retenidos. Reynouard disculpa completamente a las tropas de las SS y considera que una presencia «comunista» serviría para justificar las medidas tomadas. Publicadas en medios filonazis franceses y alemanes sus tesis, Reynouard fue acusado formalmente de justificar los crímenes de Oradour y condenado (2004) a un año de cárcel y multa, además de al alejamiento de la comarca y a la confiscación de sus documentos y escritos sobre la materia. Su libro fue retirado de circulación en Francia por orden del gobierno de la República en 1997.

De Gaulle saluda a Hébras en 1945, durante una visita a Oradour

Pero más allá de la actuación negacionista de los neonazis franceses o alemanes sobre el recuerdo de Oradour, la polémica acompañó casi desde el principio la lucha por la memoria de las víctimas. Las autoridades de la República apoyaron desde el principio preservar Oradour como símbolo del sufrimiento de la población francesa durante la ocupación y del horror nazi, siendo De Gaulle quien en 1945 ordenó que las ruinas fuesen preservadas y protegidas. Las familias supervivientes se dividieron sobre la forma de tratar el recuerdo y los homenajes a las víctimas. Una parte de ellas, se negó a todo discurso público en los actos e incluso a la presencia oficial. El PCF, por su parte, por entonces bien implantado en la región, hizo suya la causa de Oradour y dio un gran impulso a las actividades de recuerdo y homenaje ya en 1946-49, con la participación artistas e intelectuales (Louis Aragón, Pablo Picasso). En 1953 tuvo lugar un juicio en Burdeos a los supervivientes de la compañía de granaderos panzer que habían ejecutado a los habitantes de Oradour. Francia tuvo que aceptar que entre los criminales de las SS se encontraban numerosos fascistas franceses. En efecto, en la Das Reich, como en otras unidades militares alemanas, el número de voluntarios franceses se contaba por miles, de la misma forma que aquella tarde de junio del 44 en Oradour, entre los soldados SS figuraban decenas de reclutas alsacianos recién incorporados.

Pedro A. García Bilbao y Julián Vadillo, presidente y secretario del Foro por la Memoria de Guadalajara.

Decenas de placas como estas recuerdan los lugares donde fueron hallados cuerpos de vecinos de Oradour asesinados por los SS.

En los años 90, una nueva sensibilidad sobre la necesidad de preservar la memoria de las víctimas y la defensa de los valores republicanos llevó al gobierno francés a crear el Centre de la Memoire d´Oradour, una gran instalación permanente que complementa la ineludible presencia del destruido pueblo y del recuerdo de sus habitantes asesinados. En esta decisión influyó mucho el incesante trabajo y el prestigio de Robert Hébras, uno de los supervivientes —tenia 18 años en 1944—, quien siempre había demandado una iniciativa amplia y que fuera más allá de los actos victimistas o sin discurso. Para Hébras, como ha testimoniado sobradamente en sus escritos, libros y artículos y en una intensa actividad pública, la lucha por la memoria y la defensa de los valores republicanos son irrenunciables; verdad, justicia y reparación han sido su eje vital todos esos años. La República le prestó apoyo y el Centre de la memoire d´Oradour es hoy una realidad.

Cuando las cosas parecían más encarriladas y el rechazo al creciente revisionismo era público y mayoritario, se ha producido un hecho insospechado que ha causado gran escándalo. El sr. Hébras ha sido condenado por escribir en una obra suya que resultaba difícil «distinguir entre alemanes nazis y alsacianos que llevaban el mismo uniforme». Entre las tropas SS que masacraron Oradour hubo —decíamos— un cierto número de ciudadanos franceses de Alsacia, al ser la región anexionada al Reich alemán, vio a sus jóvenes reclutados a la fuerza para el ejército. Al afirmar sus dudas sobre el carácter forzoso de la presencia de reclutas alsacianos en las SS, el Sr. Hébras se ha visto denunciado por una asociación (el colectivo «le malgré-nous») que se ha considerado agredida por tales afirmaciones. Debe recordarse que las waffen-SS eran una unidad política, no del ejército regular alemán, y al que se pertenecía por decisión voluntaria y tras ser aceptado tras un filtro con criterios político-raciales propios del nazismo. Aunque al final de la guerra, el elevado número de bajas y la necesidad de mantener la lucha llevó a las waffen-SS a flexibilizar su política de reclutamiento y admisiones, lo expuesto por el sr. Hébras es perfectamente ajustado a la realidad. Los combatientes de las SS pertenecían a unidades voluntarias e identificadas al máximo con el régimen nazi y su ideología racista y asesina; los soldados franceses, belgas o españoles que combatieron voluntariamente en las SS portaban los mismos uniformes que los alemanes y formalmente lo hicieron en defensa del nazismo y cuanto significaba. Hébras no miente ni exagera nada, es por ello que la denuncia sufrida y la condena (una multa y la declaración de inhábil como testigo por no hacer distinciones entre alsacianos y alemanes portadores del uniforme SS) constituyen un escándalo mayúsculo.

Apoyo del Foro por la memoria al sr. Hébras.

Se ha fundado en Francia una asociación de solidaridad con el sr. Hebrás para ayudarle en la causa y poder proceder al recurso ante tribunales superiores y a la que nos hemos sumado a título personal varios españoles. «Se lo debo a las víctimas», nos dijo Hébras ante el monumento. Poco antes, junto a los restos del patio de la casa del que logró escapar ensangrentado, rememoró la impresión de oír hablar en francés a los mismos soldados de uniforme alemán causantes de la matanza. Hébras en ningún caso ataca a Alsacia o a los alsacianos, sino que recuerda la presencia de soldados de ese origen en el grupo de asesinos de las SS y la dificultad para distinguirles. Se debe recordar que entre las víctimas hubo también alsacianos y que hasta se ha documentado que algunos soldados situados en el cordón exterior, ante la matanza que estaba teniendo lugar, ayudaron a escapar a algunos civiles. Nada de esto es negado por Hébras, quien sabe distinguir muy bien estas cuestiones de acciones que puedan dar lugar a exonerar a las SS de responsabilidades criminales como organización. En este sentido, la delegación española le expuso al sr. Hébras plena cercanía y apoyo. «Les malgre-nous» deberían dedicar su tiempo y preocupaciones en la defensa de la memoria de las víctimas alsacianas del nazismo y no a actuaciones equívocas que puedan llevar a hacer creer que vestir voluntariamente el uniforme del Tercer Reich y de las SS puede ser «comprendido» o justificado. Los reclutas forzosos alsacianos deberían unirse a la batalla por la memoria antifascista del sr. Hébras y sus compañeros y no a justificar lo injustificable.

La impunidad también en Francia.

En el fondo de esta polémica se encuentra el juicio de Burdeos de 1953 a los supervivientes de la compañía de granaderos panzer perpetradores de la matanza. 21 acusados, de los cuales 7 eran alemanes (entre ellos dos suboficiales SS); más 14 franceses alsacianos, de lo cuales uno era un suboficial y los otros trece fueron soldados forzados a alistarse (los conocidos como Malgré-Nous). Todos ellos fueron juzgados y hallados culpables de pertenecer a la unidad que realizó la acción, para ser casi inmediatamente indultados en aplicación de las medidas de amnistía que el gobierno francés decretó en la inmediata postguerra tras numerosos juicios y condenas a los colaboracionistas. Dadas las circunstancias y la magnitud del crimen, las medidas de gracia fueron muy mal recibidas en la región y en medios antifascistas. Se dice que el gobierno francés de la época actuó así para tratar de impedir que las condenas a muerte o a cadena perpetua inevitables a condenados por estos horrendos crímenes se convirtiera en un muro que separara a la población de Alsacia de Francia; en el fondo de la polémica se encuentra la no reconocida extensión del colaboracionismo en cifras difíciles de aceptar por la sociedad democrática francesa. En cualquier caso lo que resulta completamente absurdo es que en 2013, sean el superviviente de la matanza, y con él las víctimas, quienes sean condenados y que los que habiendo portado el uniforme de los verdugos se atrevan a alzar su voz tan injustamente.

Solidaridad del Foro por la memoria.

En este combate —y en el que haga falta—, los españoles republicanos y la Federación Estatal de Foros por la Memoria, vamos a estar al lado de nuestros hermanos franceses y de todas las víctimas.

No vamos a olvidar nuestra visita a Oradour ni el entrañable abrazo con el que el sr. Hébras nos honró. El Foro por la Memoria volverá a las tierras del Limousin, donde existe una incipiente agrupación del Foro, y el año próximo hará todo lo posible por realizar un viaje colectivo más amplio a Oradour y la Haute-Vienne en busca de la memoria que nos une a españoles y franceses antifascistas.

 

Fuentes:

Calvo, J.M., «Oradour-sur-glane: 10 de junio de 1944», en Aragoneses; exilio, resistencia y deportación, disponible en: [URL:http://aragonesesexilioydeportacion.blogspot.com.es], Consultado el 10 de abril de 2013.

Pons Prades, E., Republicanos españoles en la 2ª Guerra Mundial. Barcelona, Planeta, 1975, p.225.

Maldonado, J.Mª, Alcañiz, 1938. El bombardeo olvidado, Biblioteca Aragonesa de Cultura, Zaragoza, 2003.

[Catálogo general], Comprendre Oradour. Centre de la memoire d´Óradour, Conseil Génerale de la Haute-Vienne, Limoges, 2000.

Desorteaux, A., Hébras, R., Oradour/Glane. Notre village assassiné, Les chemins de la memorie, Saintes, 2001.

http://articulosmemoriaguadalajara.wordpress.com/2013/04/11/en-recuerdo-de-las-victimas-de-oradour-sur-glane-los-foros-por-la-memoria-visitan-el-pueblo-martir-y-expresan-su-solidaridad-con-robert-hebras/