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Vivir entre tinieblas: los últimos guerrilleros de Andalucía : la Agrupación Roberto

| 21 junio 2013

robertoDe  Francisco Ruiz Esteban. Prólogo de Josep Borrell

 

 

622 páginas       16 x 23 cms.

23,50 euros

Los que huyeron al monte fueron los vencidos que se negaron a darse por vencidos. Su lucha por la supervivencia se convirtió en una resistencia armada en las sierras andaluzas contra los opresores, quienes querían sofocar todo vestigio del proyecto progresista de la República, el cual tanto había significado para las clases populares. El libro logra trasmitir la tristeza y el heroísmo de los que se entregaron a esta dolorosa lucha aun sabiendo que estaban condenados a una segunda derrota. Es un libro muy vivo cuyo valor e intensidad provienen de la relación personal que pudo establecer con los supervivientes el autor, Francisco Ruiz Esteban, uno de los mayores expertos sobre la guerrilla en Málaga y Granada.

Paul Preston

Este libro recoge los testimonios de gentes sencillas que nunca renunciaron a su dignidad, que lo sacrificaron todo por unos valores sustantivos imprescindibles de preservar, no solo para trasmitirlos a sus hijos y nietos sino porque, para ellos, la libertad y la justicia eran tan necesarios como el aire que respiraban. Optaron por la resistencia activa. No tuvieron otra posibilidad ante una violencia que les condenó desde el primer momento del nuevo régimen, simplemente por su condición de militantes de un partido o sindicato de clase, o por haber luchado en el Ejército de la República con entrega y lealtad plenas. Hoy son ya paradigma de los ideales más dignos y preciados de la especie humana: la libertad, la igualdad, la solidaridad y la justicia social.

Emilio Atienza Rivero

 

Francisco Ruiz Esteban aborda esta nueva aventura literaria con el mismo anhelo y pasión por la verdad que en sus anteriores obras Los Hijos de la Noche y Morir en Granada. En las páginas de este libro aflora una necesidad intrínseca en el autor: el deseo de recuperar la historia de los vencidos, explicada y revivida por ellos mismos. Y es así como Vivir entre tinieblas se convierte en una digna invitación a descubrir esos silencios tan eternos y tan dolorosos que aún hoy perduran en la vida de demasiadas personas. Esther y Carme Hergueta Saavedra.

Nietas de Antonio (conocido como Juan) Saavedra Segura, asesinado por el régimen franquista en 1947

FRANCISCO RUIZ ESTEBAN (1956), granadino de Bejarín, Purullena, ha desarrollado su trabajo docente como profesor de E.G.B., y de Educación Secundaria; es Licenciado en Geografía e Historia y Doctor en Historia por la Universidad de Granada; fue Técnico en Pedagogía en Educación de Adultos en Nicaragua. Comprometido con los movimientos asociativos, culturales, sociales y sindicales ha sido alcalde de Purulllena y ha asumido responsabilidades políticas en su ayuntamiento en los últimos años. Es buen conocedor de la realidad de América latina y en particular de Centro América a la que ha dedicado varios periodos de su vida como experto en Educación. Ha viajado por parte de Europa, Asia, el Norte de África, América del Norte y del Sur. Ha publicado Los Hijos de la Noche (2008) y Morir en Granada (2010).

 

PRÓLOGO

En los tiempos oscuros

En los tiempos oscuros,

¿se cantará también?

También se cantará

sobre los tiempos oscuros.

Bertolt Brecht

 

 

Es para mí un honor y una satisfacción que Francisco Ruiz Esteban me haya pedido prologar su libro y el relato profundo y sentido que en él hace sobre los más oscuros tiempos de España. Su texto está poblado por personajes trágicos, que a algunos pueden parecerles hoy lejanos, como protagonistas de dramas clásicos o de viejas películas; pero son reales como la historia misma y con derecho a tomar la palabra para que sus vivencias no se olviden.

Los maquis forman parte de mis recuerdos de infancia, cuando junto al fuego en las noches de invierno en el Pirineo de Lleida, oía a mis mayores contar a media voz cómo entraron por el Valle de Arán en el 44, cuando los alemanes se retiraban de Francia y los republicanos que habían luchado contra ellos creyeron, ingenuamente, que los aliados derribarían a Franco. No fue así y esos hombres tuvieron que replegarse o refugiarse en las montañas para seguir su lucha sin esperanza. Después ha habido alguna película tremenda sobre los maquis en Asturias que ha contribuido a rescatar su historia y revivir mis recuerdos de la niñez, como ahora lo hace el libro de Francisco.

Sabido es que el pasado lo escriben los vencedores, y que los derrotados en raras ocasiones pueden hacer oír su voz. Pero el profesor granadino da el derecho de réplica a los últimos resistentes, a los hombres y mujeres que creían en la II República, con la que habían adquirido la condición de plena ciudadanía por vía pacífica y democrática.

Este libro es una clara inmersión en el mundo del maquis, de los hombrs de la sierra y las montañas, de los “bandoleros” (tal como los llamaba el régimen para lograr su desprestigio social), que no tuvieron más alternativa que la de la rebeldía y la lucha armada ante la terrible represión impuesta por la dictadura. Con su peculiar estilo, Ruiz Esteban relata la contienda de estos resistentes –sumidos en la miseria material, social y espiritual que había traído el nuevo orden al que se enfrentaban-, perfila su forma de vida y muestra su estrecha relación con el pueblo llano, con quien llegan a encontrar verdaderos espacios de paz. Machado refleja muy bien el concepto de fraternidad en su conocido poema del libro Soledades, y su canto se adecúa a la perfección a los protagonistas del libro de Ruiz Esteban:

Y en todas partes he visto

gentes que danzan o juegan,

cuando pueden, y laboran

sus cuatro palmos de tierra.

Nunca, si llegan a un sitio,

preguntan a dónde llegan.

Cuando caminan, cabalgan

a lomos de mula vieja,

y no conocen la prisa

ni aun en los días de fiesta.

Donde hay vino, beben vino;

donde no hay vino, agua fresca.

Son buenas gentes que viven,

laboran, pasan y sueñan,

y en un día como tantos,

descansan bajo la tierra.

De hecho, como muestra claramente este relato histórico, los guerrilleros mantuvieron una relación simbiótica con el campesinado andaluz durante la posguerra, algo que puso en evidencia que la solidaridad era un elemento imprescindible para su lucha y, a la vez, su única esperanza. El coraje de los maquis para esquivar la muerte, la cárcel o el sometimiento resignado al franquismo hizo que nunca renunciaran a un pequeño rayo de esperanza. Por eso permanecieron armados en el monte, luchando con desesperación y sobreponiéndose a la pérdida de sus compañeros y de sus colaboradores.

Muchos perecieron en el intento, es cierto. Solo unos pocos consiguieron, pagando un elevado precio por ello, salvar el pellejo guiados por esta máxima: “Si luchas puedes perder, pero si no luchas estás perdido”.

Gracias a Francisco Ruiz Esteban por devolvernos estas páginas de nuestra historia.

Josep Borrell Fontelles