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El estado de la memoria

Joseba Eceolaza. Deia, | 19 septiembre 2013

_PrDeiaAterra asomarse al verano del 36 y tratar de hacerse una idea de lo que ocurrió

 

 

* ASOCIACIÓN DE FAMILIARES DE FUSILADOS DE NAVARRA, POR JOSEBA ECEOLAZA – Jueves, 19 de Septiembre de 2013 –

ATERRA asomarse al verano del 36 y tratar de hacerse una idea de lo que ocurrió. Y aterra por todo el daño causado, porque frente a un universo republicano que andaba escapando, sobreviviendo, siendo cazado sin descanso, había un mundo catolicón y falangista que vivía en una especie de fiesta emocionante del tiro y la humillación, que celebraba públicamente cada insulto, cada golpe, cada paseo, cada rapada. Y si no lo celebraba, sabiendo lo que ocurría en esta ciudad y en los pueblos cada noche, hacía como si no lo escuchaba.

Y en estas mismas fechas el ambiente de Pamplona no sería muy diferente a la Nuremberg nazi, miles de personas llenas de Dios y patria, persiguiendo a los diferentes, y rapándoles a ellas, hombres y mujeres pidiendo sangre, clamando venganza contra sus vecinos que ayer fueron compañeros de parranda, tiros, muchos tiros, a todas horas, todas las noches, en todos los sitios, los primeros cuerpos ya caídos en la cuesta de la Rochapea, o el de San Pedro tirado donde el paraguas de la plaza de los ajos, los Ariz y compañía aturdidos, sin poder creer lo que estaba pasando, mientras Diario de Navarra publicaba el bando de guerra que provocaba en toda España la Guerra Civil, 309 personas asesinadas en esta ciudad núcleo del escarmiento… y nosotros todavía hoy buscando la tierra caliente de los huesos perdidos.

Hasta ayer mismo que Josetxo Arbizu, de la Asociación de Familiares, aportó un nuevo nombre, Lucio Sádaba Urquía, asesinado en Porlier en el 42, y van 309 de Pamplona.

Poco debate puede haber en esta Comunidad sobre lo sucedido, porque todo ocurrió tan rápido, de forma tan evidente, pegaron tanto y tan contundente, que hay mucho que sirve para tratar de ver el cuadro completo. Por eso cada exhumación realizada es en realidad una forma de ir completando ese pasado que algunos tratan de ocultar.

Durante estos años algunas instituciones se han movido entre la insensibilidad, la tardanza, el apoyo tímido y la pasividad. Sorprende esto mismo, la pasividad ante miles de ejecuciones. Y sorprende que pudiendo ayudar no lo hicieran. Miren, muchas veces nuestro trabajo es precipitado, rápido, incompleto, pero en muchas ocasiones eso que buscamos, ese dato que podría solucionar un todo, está en posesión de archivos oficiales y en ninguna ocasión ha sido ofrecido el dato, el expediente, el archivo por su propia iniciativa.

En el caso del cementerio de las botellas del fuerte de San Cristóbal, ahora ya con perspectiva, lo ocurrido sonroja. Avergüenza y cabrea la actitud del Ministerio de Defensa y de la Iglesia. Y cabrea especialmente porque podían, objetivamente, haber ahorrado mucha espera a docenas de familiares.

Y no me refiero a que no dieran los permisos pertinentes para hacer las exhumaciones cuando se hicieron, ni me refiero a la buena actitud que algunos militares tuvieron cuando acordaron con nosotros cómo hacer bien las cosas. Me refiero a algo más de fondo; la existencia del cementerio de las botellas y las identidades de los que allí estaban enterrados eran conocidas por los militares, la Iglesia y algún medio de comunicación. ¿Por qué durante 35 años de democracia no avisaron a las familias del paradero de esos 131 presos? ¿Cuál es la razón moral para no tener ese gesto humanitario? ¿Por qué ocultaron esos datos hasta que Roldán Jimeno encontró los apuntes de su padre en los que se hablaba de ese cementerio? ¿Cómo es posible que no hicieran nada, que no movieran ni un dedo sabiendo que había 131 familias que aún 70 años después se preguntaban por el lugar de enterramiento de su familiar? Conmueve la situación e indignan las respuestas a estas preguntas.

Cuando creíamos que todos los datos necesarios para intervenir en ese cementerio ya los teníamos, fuimos a trabajar al terreno. Aranzadi, como siempre, dispuesto. Trabajaron sin descanso, con el rigor acostumbrado, que en realidad es la ternura científica de quien sabe que detrás de cada resto hay una historia humana que completar, hay un duelo que cerrar, hay un abrazo pendiente de dar y una despedida en punto muerto.

En esa primera fase algo nos falló, no supimos o no pudimos interpretar bien el mapa antiguo de la disposición del cementerio. No quedaba claro dónde empezaba la fila 1 y dónde acababan el resto de enterramientos. Ahí nos bloqueamos, ahí los familiares temieron, ahí quienes tenían mejores datos nos podían haber ahorrado toda la frustración… pero siguieron sin aportar. Fueron meses sin saber por dónde tirar, hasta que se decidió, a pesar del coste económico y del tiempo, levantar el conjunto del cementerio para tener una perspectiva completa de los 131 enterramientos, a pesar de que solo íbamos a exhumar a 30.

Fueron meses en los que algunas familias volvieron a sentirse solas, volvieron a verse atrapadas en la madeja del olvido, y fueron meses en los que esas instituciones que conocían perfectamente cómo era el cementerio vieron, como meros espectadores, que íbamos avanzando lentamente en la solución de aquel problema. Se sentaron, miraron y leyeron… pero no movieron ni un dedo. Miren en ese cementerio los presos, muertos de matar, fueron enterrados con una botella entre las piernas, en la botella había un documento oficial donde se especificaba su nombre, su lugar de nacimiento y la sentencia. Lo que Aranzadi y Txinparta encontraron dentro de la botella eran las copias, así que alguna institución tiene en su poder los originales de esos documentos que identifican a la perfección a los republicanos allí enterrados, documentos originales que hubieran solucionado rápido ese atasco que generó más días de espera para los familiares.

A excepción del proceso de construcción del parque de la Memoria, en el que 90 ayuntamientos, el Ministerio de Presidencia y el Gobierno de Navarra aportaron su ayuda económica hasta completar el 90% del presupuesto del parque, en el resto de iniciativas uno tiene la sensación de que tenemos que pedir, insistir y volver para lograr apoyos oficiales. La Ley de Memoria Histórica supuso un avance enorme en muchos aspectos, sin duda, pero el comportamiento de algunas instituciones en el caso del cementerio de las botellas, por ejemplo, demuestra que todavía hoy oficialmente no se ha interiorizado que el trabajo en favor de la memoria histórica debe ser un tarea de todos los poderes del Estado. La democracia española en ese sentido tiene que deslegitimar definitivamente y para siempre al régimen franquista, y ahí necesitamos que todos los ámbitos tomen partido.

Porque en el proceso en favor de las víctimas de la violencia franquista los tres pasos: verdad, justicia y reparación son responsabilidad del Estado.

Nosotros seguiremos dando guerra, a lo nuestro, porque es lo que mejor sabemos hacer y porque es nuestra mejor manera de vengarnos de los jefecillos del escarmiento que no intuyeron que después de sus andanzas aún, a pesar de las trabas y el tiempo transcurrido, tenemos muchas palas, mucho tiempo y sobre todo muchas ganas de saber…

Hay pocos pueblos sin asesinados, mucho fusilado sin tumba, demasiados ribazos con fosas y, por suerte, mucha gente con ganas de seguir completando el puzle de la memoria navarra de aquellos años, a pesar de todo.

http://www.deia.com/2013/09/19/opinion/tribuna-abierta/el-estado-de-la-memoria