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Entrevista a Sandra Souto Kustrín

La Librería de Cazarabet, | 3 septiembre 2013

pasoAutora del libro “Paso a la juventud. Movilización democrática, estalinismo y revolución en la República Española”

 

Sandra Souto Kustrín: Autora del libro “Paso a la juventud. Movilización democrática, estalinismo y revolución en la República Española” (Universitat de València)

– Sandra, ¿cómo era la juventud en los años treinta, sobre todo, nos referimos a la juventud española?

– En general, se considera que en todo el periodo comprendido entre la Primera y la Segunda Guerra Mundial y, especialmente, en los años treinta, la juventud europea, incluida la española, estuvo más politizada que en otros periodos anteriores y posteriores de la historia –estoy pensando, por ejemplo, en los años cincuenta del siglo XX.

Y fue en el periodo de entreguerras y, especialmente, en los años treinta cuando las organizaciones juveniles adquirieron por primera vez un importante desarrollo e independencia con respecto a los adultos, hasta el punto de que los jóvenes se pueden considerar la base de movimientos sociales nuevos como el fascismo y el comunismo. En España, el fascismo español, representado por Falange Española, estuvo principalmente conformado por jóvenes y se ha destacado el papel de los jóvenes en la anarcosindicalista Confederación Nacional del Trabajo (CNT), por ejemplo.

 

– En aquellos días, ¿cómo eran las juventudes obreras?

– Una pregunta muy general y compleja y que, como la anterior, tiene muchas perspectivas de análisis. Dado que en la anterior me he centrado en los temas político-organizativos, voy a intentar comentar otros aspectos en ésta. Con menos acceso a la educación y menos derechos sociales y políticos que en la actualidad,  la juventud se vio más afectada por la crisis económica y el paro mientras que sus posibilidades de acceso a diferentes formas de ocio eran menores. También hay que decir que había importantes diferencias entre el mundo urbano y el rural y entre los hombres y las mujeres jóvenes. Mientras que en las grandes ciudades podían ya tener acceso al cine o a instalaciones deportivas, y, en cierta medida, las jóvenes tenían más libertad, en el mundo rural, aparte de que las jornadas de trabajo eran mayores, había menos posibilidades de ocio y una mentalidad aún más tradicional en cuanto a las relaciones y roles de género.

En este contexto, en toda Europa, no solo en España, las actividades que desarrollaban las organizaciones juveniles obreras, como excursiones, fiestas o “escuelas de verano”, se convirtieron en muchos casos en lo más parecido a unas vacaciones que tenían los jóvenes obreros y la convivencia conjunta de hombres y mujeres en dichas “escuelas” en una novedad que, en algunos casos, también enfrentó a las organizaciones juveniles obreras con sus respectivas organizaciones de adultos.

 

– Nos puedes explicar cómo “se tomó” la juventud española la II República. ¿Lo definirías como un período de renovada ilusión?

– Las reformas económicas, laborales y sociales- especialmente educativas- favorecieron a los jóvenes, aunque hay que decir que la Constitución republicana estableció el derecho de voto a partir de los 23 años, frente a los 21 que pedían los jóvenes, queriendo “acercarlo” a la edad en que estaba establecido el servicio militar, mientras que, según la ley de asociaciones de 1932, los menores de 21 años no tenían derecho a ser miembros de las direcciones de los sindicatos, a lo que se opuso, por ejemplo, la juventud socialista. Ya durante la guerra civil, todas las organizaciones juveniles pidieron la reducción de estos límites de edad, sin lograrlo, a pesar de que, aparte de los muchos casos de milicianos voluntarios muy jóvenes, con la constitución del Ejército Popular se restableció el servicio militar y los  jóvenes eran llamados a filas a los veinte años.

En general, la democratización de la política producida con la proclamación de la república favoreció  la organización de los jóvenes y su movilización, aunque la idea de “renovada ilusión”, en él ámbito de las organizaciones juveniles depende de sus posiciones políticas y de la misma evolución de la república: en las juventudes socialistas y republicanas se puede hablar de desilusión a partir de las elecciones de noviembre de 1933 y los sucesivos gobiernos de centro-derecha, mientras que para los jóvenes comunistas y libertarios era imprescindible ir más allá de la república y rápidamente, y, como es de imaginarse, la república en si misma, democrática y laicista, no “ilusionaba” ni a los jóvenes monárquicos ni a los católicos.

– ¿Podríamos definir y/o afirmar que la juventud siempre responde igual a la crisis? ¿Cómo ves, aquí y ahora en el presente, a la juventud ante la presente crisis que nos está exterminando socialmente….?

– Creo que a la primera pregunta te respondería que no. Ni siquiera las respuestas de la juventud como grupo social a las crisis –al menos en la crisis de la Europa de entreguerras, no solo en la de la República Española- son homogéneas, sino que desde ella se plantearon diferentes propuestas para superarla. La juventud como grupo de edad muestra las distintas diferencias sociales, económicas, ideológicas y culturales presentes en todas las sociedades por lo que dentro de ella surgen diferentes proyectos, incluso enfrentados entre sí. Lo que sí es cierto es que en la época contemporánea los movimientos juveniles parecen haber cobrado fuerza en los momentos de crisis, económica, social y/o política, y  que la participación de la juventud en la conflictividad en este tipo de periodos ha sido importante y hasta fundamental en algunos casos. Probablemente se relaciona más que con un fenómeno “biológico” o “psicológico” con el hecho de que los jóvenes suelen verse más afectados por las crisis y/o los cambios por la etapa de su vida en la que están, en un sentido social y cultural: la crisis económica de los años treinta, como la actual, afectó principalmente a los jóvenes, porque los gobiernos europeos de entonces también recortaron los presupuestos para la educación, muchas familias tuvieron que retirar a sus hijos de los centros educativos por falta de medios y los jóvenes fueron los más afectados por el desempleo, con lo que vieron peligrar su futuro y buscaron soluciones nuevas a los problemas en los que se hallaban inmersos.

 

– Háblanos un poco, acerca al lector de El Sueño Igualitario cómo ha sido tu estudio en torno a las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU)

– El estudio en torno a la JSU, al igual que en torno a la Federación Ibérica de Juventudes Libertarias (FIJL), se ha desarrollado a partir de numerosa documentación no conocida anteriormente que muestra en ambos casos su importante papel en la movilización de los jóvenes y, en el caso de la JSU, también la lentitud y dificultades del proceso de unificación y  consolidación de la organización, y las limitaciones y problemas de aplicación de las diferentes políticas que desarrolló durante la guerra. Permiten también analizar de forma más matizada la evolución de sus conflictos internos –tanto en el ámbito nacional como internacional- hasta su expulsión de la Internacional Juvenil Socialista (IJS) tras el fin de la guerra civil. También hay que decir que su inclusión en la IJS desde abril de 1937, mientras decía oficialmente mantener “sus simpatías” hacia la Internacional Juvenil Comunista, le permitió tener una gran influencia internacional que solo fue superada por la que tuvo la organización estudiantil, la Unión Federal de Estudiantes Hispanos.

Pero hay que decir que todas las organizaciones juveniles españolas, por su participación en la lucha republicana, se convirtieron en referentes para sus homólogas extranjeras, aunque en algunos casos, como el de las juventudes libertarias, tuvieran pocas organizaciones similares con las que relacionarse en el ámbito internacional.

 

– ¿Cómo analizas el “comportamiento” de la Federación Ibérica de Juventudes Libertarias (FIJL)?

– La FIJL se conformó como una verdadera organización juvenil de masas durante la guerra, ya que, creada en 1932, su desarrollo antes del comienzo del conflicto era menor que el de las juventudes socialistas o comunistas. Esto la llevó a tener muchos enfrentamientos con las otras organizaciones anarcosindicalistas, dado que por primera vez los jóvenes libertarios reivindicaron su “independencia” frente a los “adultos”. Destaca que durante la guerra asumió la reivindicación de la ampliación de los derechos sociales y políticos de los jóvenes desde los 18 años, reivindicación que tenía su origen en las juventudes socialistas y comunistas. Por otra parte, las mismas formas organizativas de las que partían las juventudes libertarias también dificultaron su desarrollo e influencia durante la guerra. Su dirección estatal no podía tomar decisiones sin consultar a las organizaciones regionales y provinciales mediante referendos, lo que, con las dificultades del conflicto bélico, hizo que, en muchos casos, sus decisiones se produjeran con “retraso”: por ejemplo, cuando finalmente acordaron aceptar cargos en las milicias después de un debate interno de meses, ya se estaba yendo hacia la conformación del Ejército Popular.

Y en lo que era una clara competencia por el control de la juventud que, no hay que olvidar, era el grueso del ejército republicano, también se produjo una imitación de las formas organizativas de la Juventud Socialista Unificada, como muestran la actuación de las FIJL en el ejército o sus debates internos sobre la creación de una organización juvenil femenina libertaria.

 

– La izquierda, sea más o menos adulta….sea más o menos joven siempre ha viajado en el debate. ¿Cómo lo ves?

– Tanto en el ámbito político como en el científico el debate es imprescindible para “avanzar”, y en gran medida este debate es inherente a la naturaleza de la izquierda por sus propias formas organizativas internas, como muestra el caso de las juventudes libertarias que he comentado antes. Pero este debate hay que mantenerlo dentro de unas mínimas formas –pacíficas,  educadas,…- que en algunos casos se perdieron entre los jóvenes –y entre los menos jóvenes- durante la guerra civil, como muestran, por ejemplo, los enfrentamientos producidos entre las organizaciones juveniles en Aragón o en Cataluña que se analizan en el libro. Relacionando el ámbito político con la historia, creo que el libro –debido a la abundante documentación localizada y utilizada- no apoya ninguna de las visiones más “militantes” mantenidas desde diferentes organizaciones actuales, herederas o que se consideran herederas de las existentes durante la República y la guerra. Pero, tanto frente a las historias militantes como frente a la idea de que todo es relato y valen todas las interpretaciones, hay que decir, parafraseando al historiador británico Eric Hobsbwam, que la historia “es un arte que no inventa”, sino que analiza los datos encontrados: los historiadores tenemos que intentar limitar nuestra subjetividad y “averiguar de donde venimos”, nos gusten o no nos gusten los resultados. En último término, todos los actores sociales pueden, y  quizá habría que decir que deben, aprender de sus errores.

 

– Estoy últimamente hablando mucho de la mujer en estos períodos de preguerra, de guerra civil y de posguerra. Durante la investigación y los estudios para llevar a cabo este libro, “PASO A LA JUVENTUD”, con qué testimonios o cosas curiosas te has encontrado?

– Me ha resultado destacable principalmente la importante movilización de la mujer joven. Es también novedoso que la documentación existente muestra que esta movilización se vinculó a las organizaciones juveniles y no a las organizaciones femeninas “adultas” (la Agrupación de Mujeres Antifascistas o Mujeres Libres), frente a lo que se había planteado hasta ahora. Testimonios y datos significativos me han parecido también los que muestran que la idea de “subordinación” de la mujer o de que su acción debía centrarse en “actividades tradicionalmente femeninas” estaba presente también entre los jóvenes -incluidas las mismas mujeres jóvenes- aunque estas actitudes eran más generalizadas en ambientes rurales y/o con menor nivel educativo. Es interesante también la utilización de imágenes de la mujer joven y a las mismas jóvenes para movilizar a los jóvenes en el frente, aunque hay que decir que esto también se llevó a cabo en los países europeos participantes en las dos guerras mundiales durante ambos conflictos bélicos.

 

– Siempre ha surgido la pregunta de qué era prioritario: hacer la guerra o la revolución. ¿Qué conclusiones has sacado como fruto de la realización de este trabajo?

– La política de guerra sin revolución se suele identificar con los comunistas por la importancia que adquirieron éstos durante la guerra civil, aunque era mantenida también por la mayoría del Partido Socialista y por los partidos republicanos y sus juventudes. Y aunque  en el caso de los comunistas dicha política estuvo lastrada por la influencia del estalinismo, se basaba en un análisis realista de las divisiones sociales existentes en la España que quedó en poder del gobierno legítimo y de la actitud de las grandes potencias y lo que ambas suponían para las posibilidades militares de la República. Hay que decir también que entre los jóvenes sólo la Juventud Comunista Ibérica del Partido Obrero de Unificación Marxista mantuvo estrictamente, por decirlo de alguna forma, la idea de hacer la revolución durante la guerra, mientras que en las juventudes libertarias hubo un gran debate interno –una clara muestra es la idea expresada por los jóvenes libertarios andaluces  tras la caída de Málaga, en febrero de 1937, de que los anarquistas catalanes estaban “jugando” a hacer la revolución porque no tenían un frente bélico cerca-, y la negativa evolución de la guerra fue modificando sus posiciones. Se puede decir que ya en 1938 lo que buscaban prácticamente todos era la supervivencia en unas mínimas condiciones de libertad y dignidad.

 

– ¿Cómo fue el “captar” a los jóvenes, una vez ya inmersos en la Guerra Civil?

– La captación de la juventud se vio dificultada por la presencia mayoritaria de los jóvenes (hombres) en el ejército, lo que llevó, especialmente a las organizaciones juveniles más grandes –la JSU y la FIJL- a crear estructuras propias dentro del Ejército Republicano, aunque desde el gobierno se buscara “despolitizarlo”. En la retaguardia, se caracterizó por una mayor presencia de adolescentes y jóvenes hombres menores de veinte años y de mujeres jóvenes. Así, por ejemplo, tanto en las juventudes libertarias como en la organización estudiantil –la Unión Federal de Estudiantes Hispanos (UFEH) – se destacó que eran mujeres jóvenes y adolescentes los que mantenían gran parte de sus secciones en la retaguardia. La organización estudiantil, además, cobró un  gran desarrollo en los institutos de enseñanza media frente a su situación antes de la guerra, cuando era una asociación fundamentalmente universitaria: quizá de eso derive que optara durante el conflicto por usar su “nombre oficial” de UFEH frente al de Federación Universitaria Escolar (FUE) que era el más popular desde su creación en 1927.

 

– ¿Cómo fue el tema de la solidaridad internacional por parte de los jóvenes?

– Aunque poco conocida hasta ahora, más allá de algunos datos sobre la relativa juventud de los miembros de las Brigadas Internacionales, la movilización juvenil internacional a favor de la República fue muy importante tanto en países de Europa occidental, como americanos, en China o la India. Adoptó formas muy diversas –desde la realización de manifiestos, la recogida de firmas para entregar a sus gobiernos respectivos y hasta a la Sociedad de Naciones (la antecesora de la actual ONU), el envío de dinero a la España republicana o la compra y envío de material sanitario, alimentos o ropa…- Se realizó a través de comités de coordinación de organizaciones juveniles para ayudar a España en que participaron organizaciones de variadas tendencias políticas y religiosas y que se relacionaron de diversas formas con las organizaciones juveniles españolas y con los diferentes comités de coordinación entre éstas que se desarrollaron. Destaca también el papel de las organizaciones internacionales ya existentes, como la Internacional Juvenil Socialista y la Comunista, pero también, por ejemplo, la YMCA, Young Men’s Christian Association. Y aún más desconocida es la participación de las organizaciones juveniles españolas en los dos congresos internacionales de la juventud por la paz que se celebraron bajo el auspicio de la Federación de Asociaciones pro Sociedad de Naciones, uno en Ginebra en 1936 y el segundo en Nueva York en 1938 y el “reconocimiento” que en ellos lograron.

 

Paso a la juventud. Movilización democrática, estalinismo y revolución en la República Española. Sandra Souto Kustrín

454 páginas         16 x 24 cms. 28,00 euros. Universitat València

«Paso a la juventud» fue una consigna que se hizo común durante la guerra civil española en la zona controlada por el gobierno legítimo de la Segunda República. Se expandió en discursos y folletos e incluso en una película. Expresaba una realidad nueva —la de los jóvenes como protagonistas de la movilización social y política— que se había ido forjando en Europa occidental durante el primer tercio del siglo xx y, sobre todo, en el periodo de entreguerras. Este proceso también afectó a la sociedad española, en la que la movilización juvenil tuvo su culminación durante la guerra civil. Los jóvenes se convirtieron en un soporte fundamental del bando republicano, tanto en el frente como en la retaguardia, en el mundo rural y en el urbano, en la cultura y en la producción. Las organizaciones juveniles movilizaron también a las mujeres jóvenes e, incluso, a los niños y tuvieron una influencia internacional sin precedentes y que, probablemente, tampoco se ha repetido. Este libro analiza todos estos elementos y la misma configuración de las organizaciones juveniles en la República en guerra, las alianzas y los enfrentamientos entre ellas. Se utiliza una abundante y desconocida documentación, tanto española como extranjera, que permite conocer una nueva faceta del conflicto bélico. Se tienen en cuenta en todo momento el contexto internacional en que se produjo esta movilización, que permitió el desarrollo de un amplio movimiento juvenil internacional de solidaridad con la República Española, y las difíciles condiciones en que se llevó a cabo la lucha republicana frente a los sublevados el 18 de julio de 1936.

 

Sandra Souto Kustrín (IH, CCHS-CSIC) es doctora en Historia por la Universidad Complutense de Madrid (2000) y científica titular en el Instituto de Historia del CSIC donde fue también contratada del Programa Ramón y Cajal. Ha realizado numerosas estancias de investigación en centros de reconocido prestigió internacional, entre las que destaca su larga vinculación al Cañada Blanch Centre for Contemporary Spanish Studies de la London School of Economics and Political Science (LSE, Reino Unido), del cual es actualmente associate fellow. Es autora de «Y ¿Madrid? ¿Qué hace Madrid?». Movimiento revolucionario y acción colectiva (1933-1936) (2004), libro que ha tenido un gran impacto y que ha recibido muy buenas valoraciones por parte de los máximos especialistas en la historia de la Segunda República Española. Desde esta investigación, ha centrado sus estudios en la historia sociocultural y política de la juventud y de los movimilentos juveniles en Europa y en España en la época contemporánea, temas sobre los que tiene ya numerosas colaboraciones en revistas como The European History Quarterly, Memoria e Ricerca, Ayer o Historia Actual. Ha sido también la editora del número monográfico «Ser joven en la Europa de entreguerras. Politica, cultura y movilización» (Hispania, 2007).

 

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