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“Llamazares reivindica la Transición para reivindicarse a sí mismo“

La Marea, 27-10-2013 | 28 octubre 2013

monedero1203Entrevista  a Juan Carlos Monedero

 

27 de octubre de 2013

Profesor de Ciencia Política en la Universidad Complutense de Madrid, politólogo, escritor y, desde hace algún tiempo, colaborador habitual en diferentes medios de comunicación, Juan Carlos Monedero (Madrid, 1963) apenas tiene un minuto para descansar. La segunda edición de La Transición contada a nuestros padres. Nocturno de la democracia española (Catarata, 2013) y la presentación de su nuevo libro, Curso urgente de política para gente decente (Seix Barral, 2013) han saturado aún más su agenda con presentaciones, conferencias y entrevistas. Para la elaboración de este último libro, cuenta que “me metí en junio en una casita escondida en el bosque y salí en septiembre. Hago muchos encierros monacales”. El hecho de no ver televisión, a pesar de ser un habitual del medio, le da un tiempo añadido para esas ocho horas diarias que trabaja los días en los que no tiene que dar clase.

En la presentación de la segunda edición de La Transición contada a nuestros padres, la semana pasada en La Marabunta, aseguró que lo que ocurre ahora es producto de la Transición. Sin embargo, la corrupción, los sobornos o que la gente que está en el poder trate de blindarse ha pasado en todas las épocas y en todos los países.

Sí, esto lo explico en el Curso urgente de política. Hay un marco del sistema capitalista que es idéntico para todos los países capitalistas. El modelo de la democracia representativa y de la economía social de mercado es idéntico desde el año 59 en Italia, Francia, Gran Bretaña… con pequeños matices, pero la esencia es la misma. En España la muerte de Franco trae consigo una restauración borbónica pero no económica porque el sistema ya era capitalista. En este sentido, todos los problemas que afectan en Europa nos afectan a nosotros. Pero en España hay un elemento añadido, que es que no tenemos los anticuerpos que sí tienen otras democracias, incluida la italiana.

¿Qué anticuerpos?

El antifascismo, que es el que hace que los políticos dimitan cuando se ven inmersos en casos de corrupción.

Pero, ¿por qué? ¿Qué tiene que ver el antifascismo con la corrupción?

Porque el antifascismo es una reclamación radical del republicanismo democrático de virtudes públicas contra quienes quieren usurparlo. El antifascismo construyó periódicos, editoriales o películas críticas. El país que más se nos parece, que es Italia, tenía un partido comunista que era el más fuerte de Europa. Entonces Estados Unidos hizo una presión fortísima para organizar la política de manera que el comunismo no triunfara. Se alimentó a la mafia para luchar contra ellos y también al Vaticano como un baluarte que frenase al comunismo.

Así como hubo una “desnazificación“ en Alemania, en Italia no pasó. Los fascistas italianos fueron incorporados en la democracia cristiana. Es decir, que en Italia hubo intentos por parte de los antifascistas de luchar contra esos hechos pero toda la lógica de la Guerra Fría los frenó. Nosotros compartimos con ellos la Iglesia y la mafia, que aquí es lo que dijo Costa de oligarquía y caciquismo.

Y, a pesar de ello, los anticuerpos democráticos son mas fuertes incluso en Italia porque mantiene esa estructura fuerte que proviene del antifascismo. En España no pasa, y esto permite que un presidente pueda presentarse con un programa electoral e incumplirlo, que a los periodistas les hablen mediante una pantalla de plasma y no se nieguen a esa humillación, que tengamos el Estado social más débil de la Europa de nuestro entorno o que los niveles de desigualdad sean más altos. Todos estos elementos vienen de nuestra Transición.

También afirma que la Memoria Histórica de este país se ha vaciado gracias, en parte, al poder de la derecha para reescribir la Historia. ¿Qué papel tienen los medios en este proceso?

La derrota del fascismo en Europa tiene lugar en un momento en el que los partidos políticos, las casas del pueblo y la prensa de partido son esenciales. En cambio en España se recupera la democracia cuando aparece la televisión. No opera ese elemento de socialización que fue tan relevante en otros países europeos. Aquí nos faltan las herramientas para darnos cuenta de que vivimos en sociedades saturadas audiovisualmente, y, por tanto, no entendemos que el Grupo Prisa nunca ha sido de izquierdas, como ha reconocido recientemente una de las periodistas centrales del diario El País, Sol Gallego.

Es decir, que en España nunca ha habido un periódico de izquierdas. En el resto de Europa es impensable. Siempre ha habido diarios que defendían la intervención del Estado en la economía, que apostaban por una radical separación entre Iglesia y Estado o por empresarios realmente competitivos… En España en lugar de esto tenemos muchos elementos franquistas: una Iglesia que nos dicta una ley de educación, como la ley Wert, unos empresarios que como única solución para ser competitivos exigen al Gobierno bajar los salarios, una relación subordinada respecto a Europa porque Felipe González, que gestionó la integración de España, entregó toda la estructura industrial de nuestro país a Francia y Alemania… Estos elementos que debilitan tanto la democracia nacen de la Transición.

En Curso urgente de política para gente decente explica este hecho con que en España, además de ser neoliberales, como en el resto de Europa, somos franquistas

Claro, cuento que, además de haber interiorizado la mercantilización de todos los ámbitos de nuestra existencia, de asumir la precarización laboral, somos franquistas. Es decir, somos aun mas individualistas y clientelares, somos un país con mucho miedo, están aún enterrados en simas y en fosas comunes120.000 republicano asesinados, somos un país resignado por el peso de la religión católica, un país irreverente con el poder pero profundamente obediente con el poder, de manera que todos los problemas afines a Europa se nos agravan.

¿Y cómo se recupera esa Memoria Histórica?

Volviendo al lugar en el que se tapó con arena y cal nuestra memoria, donde vuelve a aparecer invariablemente la Transición. Esto también explica que sectores de la derecha, pero también de la izquierda, reclamen reivindicar la Transición. Si no, no nos podemos explicar qué hace el juez Garzón, qué hace Luis García Montero, que hace incluso Gaspar Llamazares reivindicándola. Su lectura política es que si las nuevas generaciones revisan de manera crítica la Transición, quienes fueron activos durante ese proceso no valen. Y me parece que están teniendo un rasgo de escasa generosidad al reivindicar esta etapa como una forma de reivindicarse a sí mismos.

Pero durante una época usted fue asesor de Llamazares.

Sí, y durante esos años él asumió una visión crítica de la Transición. Mi sorpresa es que ahora el entorno que de alguna manera representa haya dado ese salto. Si hay una crítica, que es generacional, hacia la Transición, las generaciones más vinculadas a ella ya no van a valer para la política. Cuando el juez Garzón escribe recientemente un artículo elogiando a Fraga Iribarne y a Felipe González está sumiéndonos a todos en la perplejidad. ¿Cómo es posible que el juez que se hace cargo de la exhumación de los cadáveres termine elogiando como hombres preclaros a Fraga,  un tipo que siempre se jactó del franquismo, que firmó sentencias de muerte, que estuvo en contra de la recuperación de la Memoria Histórica y del antifranquismo?

¿Este contexto de oscurantismo informativo es lo que le ha llevado a escribir este Curso urgente de política?

Creo que alumbrar lo que no se ve es una obligación de los científicos sociales. Creo que un científico tiene que desvelar lo que está oculto y yo he entendido este libro como una forma de conectar aquello que está desconectado. Si resulta que el neoliberalismo se ha convertido en un sentido común, pensar en el pensamiento es complicado, salir de nosotros mismos para vernos como sujetos es muy difícil. Si encima desde el Gobierno, desde la universidad, desde los medios de comunicación, construyen un espejo como el de la madrastra de Cenicienta, que nos dice que somos los más guapos, no vamos a tener herramientas para entender todos estos agujeros de la débil democracia que tenemos. Nos corresponde a los científico sociales decentes ser críticos.

Coincide que su etapa de asesor de Llamazares fue una de las peores de Izquierda Unida. ¿Intenta arrojar luz desde lo teórico a un problema que no pudo solucionar desde la práctica?

La facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense de Madrid se caracteriza por algo positivo, y es que el que diseña teóricamente los platos, además, tiene que probarlos. En ese sentido creo que, como le ocurre al Platón de la Carta VI,  uno intenta trasladar sus ideas a la política. Y lo que es cierto es que casi siempre fracasamos. Yo fui uno de los asesores de Llamazares que fracasó. De hecho, me fui antes de que terminase su mandato porque entendía que lo que yo pensaba no se podía llevar a la práctica.

¿Qué provocó que se fuera?

Uno de los elementos que me obligó a irme fue que el Partido Comunista nunca aceptó que el coordinador general de IU no fuera el secretario general del PC. Por tanto, desde el primer momento, una parte importante del PC, en ese momento dirigido por Francisco Frutos, hizo todo lo posible para que Llamazares no pudiera gobernar. De todas formas, reivindico mi experiencia en IU igual que reivindico mi experiencia como asesor del presidente Chávez. Pero también tengo que decir que mi experiencia política siempre la he vivido como un fracaso.

Aún así reflexiono permanentemente sobre política y me parece impropio hacer una reflexión y no trasladarla a la práctica. O al menos intentarlo, aunque se fracase. Además, precisamente cuando uno fracasa sabe en qué se equivoco, así que es un conocimiento añadido.  Pero en mi caso, en la política institucional siempre he fracasado porque tiene unas reglas que no coinciden con las de la teoría. La política real siempre va por detrás del diseño que tu puedes hacer sobre el papel.

Estoy en un momento en el que no milito en ningún partido político ni colaboro como asesor de ningún gobierno en ningún lugar del mundo porque, a pesar de que hemos repetido mil veces la Tesis 11 sobre Feuerbach, de Marx, que decía que los filósofos saben interpretar el mundo cuando de lo que se trata es de transformarlo, ahora estoy convencido que de lo que se trata es de interpretarlo. Es muy complicado hacer política real si no sabemos a dónde vamos. El grueso del esfuerzo que estoy haciendo ahora es intentar clarificar qué nos pasa y cuales pueden ser los caminos a los que podemos dirigirnos. Por eso un curso urgente. Y creo que lo mas honesto es entregarlo al gran público y que éste, por lo que digo, establezca si el análisis es correcto y si las soluciones son viables.

Esta semana tuvo lugar la huelga de estudiantes contra la LOMCE. ¿La ha seguido?

La he seguido, pero estoy convencido de que al poder ya le dan lo mismo los mecanismos a través de los que les hemos contado a los dirigentes lo que queríamos. Les dan lo mismo los programas electorales, las manifestaciones, aunque sean masivas, las huelgas, aunque sean generales, y las comparecencias parlamentarias o las entrevistas en los medios, aunque hagan el ridículo. Esto no significa que tengamos que renunciar a todas estas herramientas. Es más, creo que cada vez que las usamos, y cada vez que el poder las desprecia, nos vamos cargando de razón para sumar a gente en la pelea y para que piense en qué instrumentos vamos a usar para desbordar una democracia que cada vez merece menos ese nombre.

Pero en Baleares la huelga sí que ha funcionado.

Sí, ha funcionado. Primero porque han sido capaces de aguantar dos semanas. Pero también es verdad que cuentan con una cuestión muy peculiar que es la identitaria. A día de hoy es muy difícil que una reivindicación laboral tenga tanta fuerza como una identitaria, como estamos viendo en todo el proceso por el derecho a decidir en Cataluña. Creo que en el resto de España no tenemos una fuerza movilizadora como la que tienen los pueblos que reivindican una identidad propia, lo que es un gran déficit.

A pesar de las dificultades, ¿cree que es necesaria la huelga?

Sí, claro que es necesaria. Primero para que el Gobierno no piense que ya nos hemos rendido. En segundo lugar, para lanzar el mensaje, tanto en España como en el resto de Europa, de que seguimos resistiendo en defensa de la universidad pública, de la educación pública y de los servicios sociales. Y en tercer lugar, para dejar claro que, aunque les den igual las huelgas, cada vez que desprecian un mecanismo democrático como éste le están diciendo a la ciudadanía: “A ver qué se inventan ustedes porque por ahí ya no me hacen ceder“.

http://www.lamarea.com/2013/10/27/juan-carlos-monedero-llamazares-reivindica-la-transicion-como-forma-de-reinvindicarse-si-mismo/