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Un campo de concentración en plena marisma onubense que llegó a “alojar” hasta 7.000 presos republicanos

El Plural, 16/11/2013 | 18 noviembre 2013

perseguidosRafael Moreno, en su libro ‘Perseguidos’ traza los pormenores de lo que los represaliados vivieron en este lugar

 

 

ELPLURAL/ANDALUCÍA | 16/11/2013

El periodista onubense, Rafael Moreno, en su libro ‘Perseguidos’ se apoya en documentos y testimonios reales para trazar los pormenores de lo que los represaliados vivieron en este lugar

La Isla Saltés, en el corazón del Paraje Natural de Marismas del Odiel, en Huelva, se convirtió en la época franquista en el lugar idóneo para el traslado de presos republicanos, un auténtico campo de concentración con barreras naturales al que se estima pudieron llegar más de 7.000 personas.

El libro “Perseguidos” narra la historia con documentos y testimonios

El periodista onubense Rafael Moreno abunda en esta realidad en su libro ‘Perseguidos’ en el que, apoyado en documentos y testimonios reales, traza los pormenores de lo que estos represaliados vivieron en este lugar, ubicado entre Huelva y Punta Umbría.

Capturados tras la caída de Cataluña

Reconoce el autor, en declaraciones a Efe, que es “poquísimo” lo que aún se conoce del que fuera uno de los 188 campos de concentración que durante la época franquista se ubicaron por toda la geografía nacional, un lugar “siniestro” donde el Ejército de Franco trasladó a miles de presos republicanos que fueron capturados tras la caída de Cataluña en febrero de 1939. Era un lugar adecuado para la concentración al ser el escape difícil por estar rodeado de agua, repleto de esteros y caños de marismas, fangosos e intransitables hasta para los mariscadores.

Testigos en Punta Umbría

De los sinsabores que sufrieron los que allí entraban fueron testigos de excepción los habitantes de Punta Umbría (Huelva), ya que desde sus calles era y es visible esa isla en la que malvivieron miles de personas en condiciones lamentables.

Otros dos campos de concentración en Huelva

La labor investigadora del historiador Francisco Espinosa en torno a este espacio, así como de los ubicados en el ‘Muelle Pesquero’ y el de San Juan del Puerto -los otros dos campos de concentración localizados en Huelva- y el trabajo ‘Internamiento y trabajos forzosos, los campos de concentración de Franco’ del profesor de la Universidad de Zaragoza Javier Rodrigo, fueron los hilos que sirvieron de base a Moreno.

Su existencia se conoció por un comunicado del Gobernador militar

Partiendo de estos datos objetivos el autor se apoya en testimonios como el de Emilio Fernández “el Platero” o el recogido en el diario del preso Tomás Gento Álvarez para dar forma a esa “cruda realidad” vivida por estos prisioneros de guerra. Asegura que de no haber salido a la luz el comunicado redactado por el entonces gobernador militar de Huelva, Enrique Fernández Rodríguez de Arellano, solicitando ayuda a la población para acondicionar los campos de concentración de Huelva, entre los que se cita Isla Saltés, “nunca se habría conocido su existencia”.

Un gran complejo de represión

A raíz de este trabajo, Moreno no duda en afirmar que la Isla Saltés “fue un gran complejo de represión y reclutamiento al que llegaban los presos en mercantes atestados y los descargaban, como si fueran ganado, sin más posesión que la ropa que vestían y sin luz, agua ni comida, ya que la estructura con la que contaba este campo era mínima”.

3.900 prisioneros

El periodista cuenta que según las listas oficiales fueron unos 3.900 prisioneros los que se hacinaron en este paraje natural, si bien, algunas personas que vivieron aquella barbarie precisan que llegaron a ocupar Saltés hasta 7.000 presos que “deambulaban como almas en pena” y que, a escondidas, eran ayudados por las mujeres de Punta Umbría que, buenas conocedoras del lugar, accedían a la misma a través de la zona de la Peguera.

“Un lugar temporal”

Miles de almas que “permanecían allí durante meses a la espera de su traslado” pues Saltés era “un lugar temporal” al que llegaban sin conocer aún los resultados de la orden general de clasificación dictada para los prisioneros de guerra. Tras ella, eran reconocidos como afectos, a los que se trasladaba a las trincheras franquistas; desafectos, a los que sometían a juicio militar con la correspondiente condena; y dudosos que eran condenados a trabajos forzados.

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