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Francisco Centol: De empleado de banca a héroe de la 2ª Guerra Mundial

Amadeo Barceló. Bajoaragonesa, 12 febrero, 2014 | 14 febrero 2014

paco-centolFue condecorado con la Legión de Honor en Francia

 

Fue uno de los habituales entre la documentación franquista de la Causa General. Había sido un rojo peligroso y su ficha se custodió, durante décadas, en los archivos de la Policía Local de Caspe. Sin embargo, la trayectoria vital de Francisco Centol Giraldos, el caspolino que mayor graduación alcanzó durante la guerra y quien fue condecorado con la Legión de Honor en Francia, se resumía hasta la fecha en unas pocas líneas.  Centol había dejado su casa hacía 77 años para nunca volver y desde finales de los 40 el contacto con su esposa se interrumpió. Ahora, nuevos documentos que acaban de ser entregados a su hijo aportan novedosos datos sobre el comandante Centol.

Francisco Centol Giraldos había nacido en Caspe en el año 1913. Aquel chaval que se crió junto a la estación de ferrocarril se convirtió en un tipo culto, bien parecido, de buena planta y de pico fino. Y de izquierdas. Durante los años 30 pasó por las JSU, la UGT, y fue uno de los fundadores del radio de Caspe del Partido Comunista en 1935[1] al tiempo que compatibilizaba su militancia política con su trabajo en banca.

En julio de 1936, cuando la guerra partió en dos al país, Centol se vio obligado a esconderse en su domicilio durante los primeros días. Lo buscaban. Su nombre era uno los primeros anotados en las listas de rojos que las patrullas sublevadas buscaban por las casas de Caspe. A partir del 25 de julio, cuando las columnas anarquistas ocupan la ciudad y desatan la salvaje venganza -y a pesar de que varias declaraciones de la Causa General le inculpan[2]- la mayor parte de las fuentes orales manifiestan que utilizó su cargo político para salvar la vida de varios caspolinos de derechas.

Unos meses después se había convertido en capitán del Batallón Cinco Villas. En 1937 nacía su hijo Paco y a partir de aquí su pista se difumina hasta reaparecer a mediados de 1938, cuando ya era comisario político y comandante del Ejército del Este. A través de las memorias de Emilio Bonet, su sobrino (Bonet coincidió durante varias semanas con él en el mismo frente de la Guerra Civil y sus memorias fueron publicadas en 2010) sabemos que, en septiembre de 1938, Francisco Centol mandaba una compañía de transmisiones en la 38 brigada mixta de la 72 División durante la Batalla del Segre[4]. En 1939 Francisco Centol, como tantos miles de soldados republicanos, partió hacia el exilio francés.

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial mantuvo correspondencia con Inocencia, su esposa. Pero la relación se complicó porque Ino no quería abandonarlo todo para vivir junto a Francisco y ofrecer un destino incierto para su pequeño hijo. Por su parte, Francisco no podía volver a casa: ”si vuelvo a España será con la metralleta por delante”, le dijo a su esposa por carta. Pero Centol no quería luchar en otra guerra. Había perdido una y ganado otra, estaba en paz. Y ya nunca volvería porque, siendo uno de los más destacados izquierdistas de Caspe,  habría acabado en la fosa del Cementerio de Torrero.

El tiempo hizo el resto y a finales de la década de los 40 ya no hubo más cartas. Centol conoció a Gaby Mazeau y volvió a casarse en 1949. Del matrimonio nació una niña, María José. A partir de entonces las cosas se complicaron porque alguien cercano a Paco le dijo que nunca volviera a Caspe, que su esposa y su hijo lo detestaban. No era cierto. Pero aquellas palabras influyeron tanto en Centol que ni siquiera con la venida de la democracia recuperó la relación con ambos. Años antes de fallecer volvió por última vez a su pueblo pero no quiso llamar a la puerta de la que había sido su casa (según Emilio Bonet, Centol caminó hasta la misma puerta, de madrugada). Francisco Centol Giraldos murió en febrero de 1991 sin haber conocido a su hijo.

Paco, su hijo, tuvo que conformarse con las historias que llegaban a sus oídos a través de algunos caspolinos emigrantes que cruzaban los Pirineos y que, por azar, coincidieron con Centol. Así es como comenzó a saber que su padre, entre 1940 y 1945, había sido un héroe al otro lado de los Pirineos.  Un viejo recorte de periódico destacaba la actuación de Centol como miembro de la Resistencia francesa. Hasta que por fin llegaron a sus manos los documentos que revelaron nuevos datos sobre François Centol. Los papeles, entregados a Miguel Caballú en 1991 y recientemente recuperados, provenían de Emilio Bonet Bonastre.

A través de las cartas de Bonet sabemos que Centol tuvo a su cargo a un buen número de caspolinos: Lino Guiu, Miguel Centellas, Mariano Rabel, Martín Piazuelo, José el Peladillo, Antonio Ros, Tobeñas, Jariod, Pina, Recio, Enrique el Frago y Vicente Cirac Colera “Cotarrán” son los nombres que figuran en la relación [3]. Bonet aseguraba que “se portó como un padre con todos nosotros, nos trataba muy bien y nos ofrecía puestos de menos peligro”.

Una vez en Francia, Centol contactó con los incipientes grupos de la Resistánce en fecha temprana, quizá en 1941. Sus primeras acciones se realizaron cerca de la ciudad de Clemont-Ferrand, en el departamento de Puy-de-Dôme. Detenido por primera vez, fue enviado a Bretaña donde se vio obligado a trabajar en la construcción del muro del Atlántico.

No mucho después consiguió huir y se enroló de nuevo en la Resistencia, esta vez en los Altos Pirineos donde le asignaron el mando de un grupo militar. De esa etapa proviene su amistad con el eterno alcalde de Marsella y ministro Gastón Deferre.

A principios de 1944 la pista de Centol reaparece en el que sería su lugar de residencia posteriormente, Heches, situado a poco más de 40 Kms. del túnel de Bielsa. Allí habría conocido a la que años después se convertiría en su suegra, la señora Mazeaud, uno de los principales puntales de la Resistencia en la comarca. En febrero fue capturado por la Gestapo y, junto a un buen número de resistentes, enviado a la cárcel de Toulouse como parada intermedia hacia el temido campo de concentración de Mauthaussen (una plaza en la villa de Heches todavía recuerda aquel nefasto día). Llegó a Mauthaussen el 8 de abril tras un viaje deplorable junto a otros 1500 deportados. Consiguió ocultar su verdadera identidad y cambió su nombre por el de Ángel García, pues con tal nombre fue inscrito en el registro de entrada al campo. A pesar de que el recorte de prensa que adjuntamos induce a pensar que nuestro protagonista, en julio del 44, estaba de nuevo plantando cara a los alemanes, lo cierto es que Francisco Centol no salió del campo de concentración hasta el final de la guerra.

Su viuda francesa, Gaby, confirmó mediante carta a Emilio Bonet algo que éste ya sabía: “fue un combatiente con mucho valor y coraje, estimado de todos sus compañeros, Paco no tenía miedo a nada”.

Nunca renunció a sus ideales: unos meses después de finalizar la SGM lucía en su cartera con orgullo el carné de comandante la Agrupación Militar de la República Española nº. 4507.

En 1966 le condecoran con la Legión de Honor con el grado de Chevalier y en 1983 le rindieron un nuevo homenaje por su servicio en la Resistencia alcanzando el grado de Officier de la Legión de Honor. Una reseña del homenaje se publicó en prensa y, ese recorte, cruzó los Pirineos para llegar a las manos de su hijo.

Ahora, a través de la nueva documentación recuperada, Paco ha podido ver con sus propios ojos los diplomas que acreditan que su padre recibió la Legión de Honor y fue un verdadero héroe de guerra. Después de pasar toda una vida escuchando decir a muchos que, tanto su padre, como otros miles como él habían sido poco más que forajidos, asesinos o traidores, noticias como esta suponen no solo una alegría, sino justicia y reparación. Paco nunca llegó a conocerlo, pero su cara de satisfacción al contemplar las menciones de su padre, lo dice todo.

Traducción del recorte de prensa de 1983.

El recuerdo 39 años después

La cruz de oficial de la legión de honor a un viejo guerrillero que luchó con la resistencia

38 largos años no han sido suficientes para borrar el recuerdo de 15 jóvenes que defendieron hasta el final un ideal de libertad al mismo tiempo que de independencia de su país y donde la sangre ha impregnado la tierra del Haut. Adour. Miembros del grupo Bernard, resistentes de la primera hora, se convirtieron en Bigorre en los símbolos de la lucha clandestina mantenida contra el ocupante nazi.

Domingo, delante de todo un parterre de personalidades conducidas por M. Palazy, comisario de la República, rodeado de MM. Parès, su prefecto de Bagnéres; Toujas y Colat-Parros, consejeros generales; el general Pottier, el comandante Birebent, la compañía de gendarmería de Bagnères, ect, M.Maurice Benezech, que comandaba el maquis de Payolle, tomó la palabra para agradecer en primer lugar a esas personalidades su presencia en el homenaje rendido a los desaparecidos.

En su alocución, recordó este hecho de guerra en el curso del cual 15 franceses y guerrilleros españoles pagaron con su vida su valor y su patriotismo, el 10 de julio de 1944, después que en su locura asesina las S.S. hubieran masacrado a 60 habitantes de Bagnères el 11 de junio del mismo año.

M.Benezech pidió que nadie olvide este sacrificio, deseando que los jóvenes mantengan el sentimiento de la patria: nosotros que hemos conocido la guerra y sus horrores somos pacifistas que se oponen a la idea de que nuestro país pudiera agredir a otro. Pero nosotros no pertenecemos nunca a esos inconscientes que manifiestan en las calles su voluntad de desarmar a nuestra nación, afirma él como advertencia.

Después de la ofrenda floral, sonó el himno “a los caídos” y la evocación de M.Toujas de los nombres de los desaparecidos, la interpretación de “la Marsellesa” por los jóvenes de la colonia de los A.c.p.g., M.Benezech se refirió a Francisco Centol, guerrillero español, que participó en estos combates por la libertad e imponiéndole la cruz de la legión de honor, asociando a esta ceremonia en recuerdo de la señora Mazeaud, madre de la señora Centol, igualmente implicada muy pronto en la Resistancia y fallecida el pasado año.

[1] Amadeo Barceló, El Verano de la Tormenta, Los sucesos de Caspe en julio de 1936, AACCC, Caspe, 2010, p. 118.

[2] AHN, CG, 1424, expediente 82, folios 246, 279 y 326.

[3] Los nombres se extraen de la carta remitida por Emilio Bonet en 1991 y ahora entregada por Miguel Caballú a Paco Centol.

[4] Emilo Bonet, “Mis Memorias”, en Los Años de los que no te hablé, AACCC, Caspe, 2010, pp. 248-249.

http://www.bajoaragonesa.org/elagitador/francisco-centol-caspolino-bancario-comunista-heroe-de-la-2a-gm/