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Las maestras republicanas

Pedro Guerrero. La Opinión de Murcia, | 16 febrero 2014

_PrLaOpiniónMurciaHonor y gloria para estas mujeres que son nuestro mejor legado pedagógico y moral

 

PEDRO GUERRERO RUIZ A José Castaño y José Fuentes,

maestro y capitán de la República

«Vino la depuración franquista y fueron detenidas por ser republicanas, por ser cultas, independientes, mujeres de valores en libertad, condenadas por razones ideológicas y también de género, por pertenecer a la Institución Libre de la Enseñanza. Detenidas y depuradas por haber ejercido la coeducación, por no ir a misa, por defender el amor libre. La cabeza muy alta, aprendieron a no llorar»

Las maestras de la República ha sido galardonada con un Goya a la mejor película documental. La iniciativa, investigación y documentación sobre este homenaje a la memoria histórica de estas maestras ha sido del sindicato de enseñanza FETE. Dirigida por Pilar Pérez Solano, con la colaboración de un profesorado especializado en historia de la educación, está siendo todo un éxito, sobre todo por lo que supone para el recuerdo a una escuela solidaria y laica, basada en los ideales de justicia e igualdad en un contexto de libertad de escuela pública cuyo origen viene de diversos y distintos movimientos de maestras que confluyeron en la Institución Libre de la Enseñanza.

La represaliada maestra republicana María Salvo decía que lo decisivo de aquel 14 de abril de 1931 no fue ese mar de banderas, voces, cantos y entusiasmo que inundó el mundo de los adultos. El principio de la República fue, ese día, que maestros y maestras retiraron el tabique de madera que separaba a los niños de las niñas en las aulas y salieron todos juntos a la terraza de juegos por primera vez. Esta es la esencia del sentimiento republicano de aquellas maestras en ese documento histórico, la coeducación que, junto a aquellas palabras que le decía Cossío, «alma, María, alma», nos informaba de una formación en valores que independizaba, sostenía y fortalecía a las mujeres para que transformaran la sociedad desde las aulas y se convirtieran en el alma de la escuela. Ideas de aquella Institución de la Enseñanza que, educando para la paz, lo hacía desde la libertad en una escuela de la ciudadanía, pública y de calidad, pero para todos igual en más escuelas y mejores maestros.

Se trataba no sólo de enseñar a leer sino del entusiasmo por leer para aprender y, en ello, aquellas maestras formadas en las Escuelas Normales, ya consideradas universitarias, pusieron una pasión sin medida en unas aulas de la modernidad, al mismo tiempo que se acababan las clases en las cuadras o en las viejas ermitas, y que los obreros analfabetos no tendrían que construirse sus propios centros, porque la República atendía la educación contribuyendo eficazmente a esa nueva escuela de las graduadas, escuelas rurales y para adultos con nuevas instalaciones donde se trabajaba con metodologías y estrategias de aprendizaje comprometidas desde la pedagogía más avanzada que preparaba al alumnado para la vida.

Esta era la nueva maestra republicana, la de Montesori, Freinet, Rosa Sensat o Leonor Serrano, en una variedad de didácticas experimentales y experimentadas, desde la escuela a las colonias o la universidad popular de Carmen Conde. Esta era la escuela de aquellas murcianas que hasta hace bien poco han estado con nosotros, Pilar Barnés, Clara Smilg y Encarna Zorita, las que, recordando ahora a Machado en su poema a Francisco Giner de los Ríos, hicieron «florecer un nuevo amanecer de España».

Nuevas maestras en la historia de este país de mala educación, maestras distintas que deseaban salvar su verdadera pasión, como enseñantes y como mujeres que eran, las aulas y el género. Luchadoras que, además, tenían que demostrar que valían en un mundo de hombres, en un sistema de viejas tradiciones y rescoldos de rastrojos del machismo y del catolicismo más ancestral. Mujeres valientes, modernidad y actividad hasta en la forma de vestir, de peinarse, de conducirse en aquella España que ya caminaba por los senderos de una libertad real, preparando a niñas y niños para la vida. Mujeres transgresoras y valientes.

Tuvo que ser duro, muy duro. Porque era la primera vez en nuestra historia que algunas mujeres mandaban, porque ya eran directoras de colegios y experimentaban con su alumnado en escuelas de todo tipo, en graduadas, en los campos, en las sierras, escuelas alejadas de las ciudades, en una enseñanza distinta, amando su profesión en una autonomía pedagógica sin precedentes. Y fue con la proclamación de la República que se constituyó FETE, como sindicato de la enseñanza de UGT, contra aquel analfabetismo terrible, y fueron también muchas mujeres quienes acabaron con aquella situación insolidaria de una incultura de siglos. Y muchas también fundaron FETE, y lucharon en la guerra, haciéndose cargo de las escuelas tanto de niños como de adultos.

Tuvieron la esperanza de ganar aquella guerra golpista del fascismo, pero finalmente aquel iniciado sueño revolucionario de cambio profundo, sucumbió. Y vino la depuración franquista, y fueron detenidas por ser republicanas, por ser cultas, independientes, mujeres de valores en libertad, condenadas por razones ideológicas y también de género, por pertenecer a la Institución Libre de la Enseñanza. Detenidas y depuradas por haber ejercido la coeducación, por no ir a misa, por defender el amor libre. Aquel régimen había terminado con sus sueños juveniles y sus apasionadas almas. En los expedientes de depuración del régimen franquista hay de todo ello, pero sorprende el maltrato a la mujer de aquel nacional-catolicismo absurdo y negro. Luego vino el exilio, y las cárceles; pero para todas ellas, la brutal depuración. La cabeza muy alta, aprendieron a no llorar. Fueron muy pocas las que volvían a las aulas, desde expedientes validados por el cura del pueblo, la guardia civil y una persona de solvencia para el régimen; el resto, a una separación definitiva hasta la amnistía de la restauración democrática.

Honor y gloria para estas mujeres que son nuestro mejor legado pedagógico y moral, porque después, ya se sabe: en los primeros años del franquismo, vinieron los maestros del régimen con un cursillo de unos meses, mientras se dejaba en manos de la Iglesia católica la enseñanza de este país. Así es el documental que ahora ha sido reconocido con un Goya es un estudio de las mujeres republicanas, de su resurgir y de su sufrimiento, las que nunca perdieron aquel alma y aquella pasión por una escuela innovadora. Un documental sobre varias de ellas, con testimonios de sus familias, de profesores universitarios, de fotografías y documentos de excepcional interés para una memoria que no debe perderse por el legado que suponen mujeres así, el legado de la lucha por una escuela solidaria, hecha desde la ilusión por una mejor educación, y apasionada desde aquel hermoso día que se quitaron los tabiques que separaban a los niños de las niñas en las aulas, aquel día en que salieron al patio de recreo para jugar, todos juntos, por primera vez.

http://www.laopiniondemurcia.es/opinion/2014/02/16/maestras-republicanas/536192.html