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Toledanos que sufrieron el terror nazi

Abc.es, 02/02/2014 | 3 febrero 2014

_PrABCLa gran mayoría murió en Gusen y el último falleció gaseado en el castillo de Hartheim

 

 

 

 

M. CEBRIÁN@ABC_TOLEDO / TOLEDO

Todo el mundo tiene en su memoria las imágenes que muestran a miles de prisioneros hacinados en los llamados «trenes de la muerte» y en los campos de concentración y exterminio nazis. Más de 7.000 españoles pasaron por este trance y, entre ellos, un gran número de toledanos y castellano-manchegos.

Las investigaciones de historiadores y familiares, en muchos casos sus nietos con la ayuda del Foro por la Recuperación de la Memoria Histórica y de la Asociación Amical de Mauthausen, son las que han rescatado del olvido la historia de algunos de ellos. Gracias a esa labor y al apoyo del Ayuntamiento de Toledo, desde el pasado lunes 27 de enero, Día Internacional de las Víctimas del Holocausto, dicha ciudad cuenta con un monolito situado en la plaza del Sofer, en plena judería.

Hipólito Maquedano Muñoz, Pedro Castelló Hernández, Máximo Gil Serrano, Raimundo Herrero Toledo, José Rodríguez Tocinos, Luciano Rubio del Valle, Francisco Ruiz Benito, Emiliano Sotoca López, Gabriel Villacañas Suárez, Juan Tordesillas Arellanos, Eleno Díaz Tendero y Lorenzo Bueno Reojo son algunos de sus nombres. Entre los asistentes al acto de homenaje en Toledo, estuvo presente en representación de las familias Bienvenido Maquedano, nieto de uno de estos toledanos asesinados por los nazis.

«Después de dedicar toda mi vida al conocimiento de la historia, llegó un momento en el que me percaté que sabía mucho más de los romanos o de Alfonso VI que de mi propia familia», afirma Bienvenido, quien reconoce que en su casa nunca se hablaba de política y, por eso, tardó mucho en saber que su abuelo, Hipólito Maquedano Muñoz, murió el 13 de noviembre de 1941 aferrado a la valla electrificada del campo de exterminio de Gusen.

Bienvenido Maquedano es historiador y, en mayo del año pasado, realizó el recorrido que hizo su abuelo. Así, visitó todos los campos de concentración en los que estuvo y su periplo le llevó por seis países de Europa, en la mayoría de los cuales pudo ver monumentos que recuerdan a las víctimas del nazismo, con lápidas escritas en varios idiomas que llaman la atención sobre «la desdicha de los españoles y la vergüenza de sus asesinos».

Exilio en Francia

Cinco años antes de morir, Hipólito Maquedano salió de su pueblo, El Puente del Arzobispo, junto con un grupo de hombres que consideraba su deber defender a su país de un alzamiento militar. A lo largo de tres años combatió en numerosos frentes hasta que, como otro medio millón de españoles, se vio empujado al exilio.

Según la investigación de su nieto, en Francia Hipólito Maquedano fue internado en un campo de concentración en Argelès-sur-Mer, en una gran playa de la región del Rosellón. Después, con el fin de escapar de la deportación, del hambre o del tifus que sembraba la muerte en un lugar atestado de personas, se alistó en una compañía de trabajadores que dependía del ejército francés.

En este tiempo ayudó a construir una carretera y un túnel en los Alpes, y fue movilizado a Flandes cuando Francia declaró la guerra a la Alemania nazi. El 4 de junio de 1940 fue apresado, junto con otros muchos compañeros, en la playa de Dunquerque, ya que los ingleses se negaron a embarcar a españoles para librarles del ejército alemán y llevarles a su país; los franceses no los reconocieron como miembros de sus tropas y el régimen franquista, bajo órdenes de Ramón Serrano Súñer, se negó a reconocerlos como compatriotas.

A la vista de todo ello, destaca Bienvenido Maquedano, «los nazis no consideraron a los españoles como seres humanos y, por eso, los fueron encerrando en campos de concentración cada vez más crueles hasta que decidieron deshacerse de ellos». De este modo, fueron enviados a los campos de exterminio de Mauthausen, Gusen y Dachau, o a la cámara de gas del castillo de Hartheim.

Otras historias

La historia de Hipólito Maquedano es similar a la de miles de personas cuya conciencia les impidió rendirse al avance del totalitarismo y, aunque con pequeños matices, es igual a los hechos que sufrieron los toledanos que aparecen en el monolito que fue instalado en la plaza del Sofer de la ciudad. Salvo Eleno Díaz Tendero, que murió en Dachau, el resto fueron apresados por los nazis e internados en campos de concentración cerca del frente.

Pedro Castelló Hernández, José Rodríguez Tocinos, Francisco Ruiz Benito, Emiliano Sotoca López y Juan Tordesillas Arellanos llegaron a Mauthausen el 27 de enero de 1941 procedentes del campo de trabajo forzado o «stalag» 11B de Fallingbostel. Máximo Gil Serrano llegó a este mismo campo de exterminio el 22 de agosto de 1941 procedente de Braunschweig y al día siguiente lo hizo Gabriel Villacañas Suárez, que venía del «stalag» 1A de Stablack.

Hipólito Maquedano compartió también tren con Luciano Rubio del Valle el 25 de enero de 1941. Junto con Raimundo Herrero Toledo, los dos llegaron a Mauthausen el 3 de abril de ese mismo año procedentes del «stalag» 12D de Trier. Todos estos toledanos murieron en Gusen en similares circunstancias en un breve espacio de tiempo y el último falleció gaseado en el castillo de Hartheim.

Lorenzo Bueno Reojo: una triste historia

M. CEBRIÁN TOLEDO

Otra historia muy llamativa es la de Lorenzo Bueno Reojo, quien no está incluido en el monolito conmemorativo en Toledo y que curiosamente nació el 27 de enero de 1910, por lo que él pasado lunes habría cumplido 104 años, coincidiendo con el Día Internacional de las Víctimas del Holocausto.

Lorenzo estuvo prisionero en Mauthasen en 1940 con el número 4.367 y poco después fue trasladado a Gusen. En este campo de exterminio estuvo preso con el número 10.965 desde el 17 de febrero de 1941 hasta el 15 de septiembre de ese mismo año, fecha de su asesinato.

Uno de sus nietos, César Bueno Pinilla, cuenta que la historia de su abuelo ha permanecido en el anonimato hasta hace pocos años y, gracias a los registros elaborados por algunos presos de manera clandestina en los campos de concentración, pudo ser conocida. Sin embargo, apunta que sus apellidos fueron transcritos de forma errónea y en muchos documentos aparece Romero en lugar de Bueno.

César Bueno aclara que su abuelo nunca militó en ningún partido ni organización política, sino que fue reclutado por el ejército de la República y se vio forzado al exilio y a su posterior apresamiento por los nazis en Francia.

http://www.abc.es/toledo/ciudad/20140202/abci-toledanos-sufrieron-terror-nazi-201401311259.html