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Un día para la memoria

Cristóbal G.Montilla. El Mundo, | 7 febrero 2014

20120205162816-desbanda-malaga-almeriaHubo una huida de miles de personas hacia Almería, que se inició el 7 de febrero de 1937

 

CRISTÓBAL G. MONTILLA Actualizado: 07/02/2014

Sin dejar de lado que cualquier instante es un buen momento para escaparse del olvido, hay días en los que se tornan más necesarios que en otros un ejercicio de memoria. De memoria histórica. Como lo fue el pasado 11 de enero, cuando al fin se hizo justicia con la inauguración del panteón en el cementerio de San Rafael para honrar a las víctimas malagueñas del franquismo. Y como lo es hoy. Como lo es cada 7 de febrero.

Y es que, por muy lejano que a otras generaciones pueda quedarnos, no hace tanto que hubo por estos lares un ruido sin escrúpulos de trimotores y tanques, mientras hombres y mujeres desfallecían en una incierta caminata hacia la vida. Y los ancianos dejaban de ser antiguos muchachos, mientras los niños de entonces se encogían inocentes sobre el cuerpo de su madre. Hubo, en definitiva, una huida de miles de personas hacia Almería, que se inició el 7 de febrero de 1937 y hace unos años volvió a estar presente entre los malagueños, como si regresara de un largo viaje por la desmemoria.

Permítanme, además, que al igual que he hecho en ocasiones anteriores, en otros de esos febreros recientes en los que se retomó el regreso a la Carretera de Almería, que le ceda la voz a quienes verdaderamente deben ser protagonistas en un día como éste.

A quienes siguieron viviendo para contar aquella inevitable huida hacia la vida. No en vano, aquel episodio siempre seguirá viviendo gracias a la memoria de los supervivientes, y al relato que estos han desempolvado para derrotar al olvido y cederles el testimonio a los herederos que se asomaron a las décadas venideras.

Precisamente, a continuación siguen las palabras con las que uno de aquellos supervivientes hizo memoria de lo ocurrido en uno de esos homenajes que, por fortuna, no han dejado de celebrarse en los últimos años: «Yo era una niña que tenía 10 años, y un padre que no tenía nada que temer porque no era de ningún partido. Era el jefe de la estación de tren de Benagalbón, y en vez de irnos al campo hasta que pasara todo nos fuimos para Almería porque lo convenció un compañero suyo que trabajaba en facturación, ante el temor de que llegasen los moros e hiciesen con las mujeres lo que quisieran. Estuvimos hasta el octavo día sin comer, pues hasta que no llegamos a Adra no pudimos comer algo. Sólo andábamos de noche. De día no se podía andar por culpa de los tres barcos de guerra -el Baleares, el Canarias y el Cervera- y las avionetas ametralladoras. Tuvimos la suerte de pasar por Almuñécar cinco minutos después de que volaran el puente».

Recordado queda

http://www.elmundo.es/andalucia/2014/02/07/52f4b23de2704e720c8b456b.html