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Yagüe: “Voy a cortarle la cabeza al director de Heraldo de Madrid”

Germans Busquets. 2 febrero de 2014 | 3 febrero 2014

1231665556_extras_ladillos_3_0Lo cuenta en sus memorias quien entonces ocupaba ese cargo, el periodista Alfredo Cabanillas

El 3 de septiembre de 1936, las tropas del general Juan Yagüe tomaban Talavera de la Reina  tras una breve batalla con las fuerzas republicanas. Este enclave era considerado el último de importancia antes de llegar a las cercanías de Madrid. En la euforia de la victoria, Yagüe gritó: Cuando entremos en Madrid, lo primero que voy a hacer es cortarle la cabeza al director de Heraldo de Madrid.

Lo cuenta en sus memorias quien entonces ocupaba ese cargo, el periodista Alfredo Cabanillas. Hasta él llegó el eco de la bravata militar y narra el desasosiego que le produjo ¿Qué le había hecho yo al general Yagüe?

Lo cierto es que este militar tenía unas características bien especiales que, a falta de más información, ayudan a entender el exabrupto. Juan Yagüe era falangista, amigo personal de José Antonio Primo de Rivera. Estuvo al mando de las tropas que tomaron Badajoz a mediados de agosto y que tuvo como trágico corolario el fusilamiento de hasta 4.000 republicanos en la plaza de toros de la ciudad.

Con estos antecedentes no es de extrañar la brutalidad de su expresión, pero ¿porqué al director de Heraldo de Madrid? Sin duda por lo simbólico de este periódico en relación al régimen republicano. Heraldo fue el impulsor de la República en 1930 y los meses previos a las elecciones de 1931. Heraldo también fue el periódico que se lanzó en defensa de la República en los primeros días del golpe de estado de los militares en julio del 36. Alfredo Cabanillas había sido jefe de prensa del presidente de la República, Manuel Azaña, hasta poco antes del inicio de la guerra.

Pero la amenaza de Yagüe no se cumplió nunca y no fue por su falta de voluntad. Sus tropas no avanzaron hacia Madrid como pretendía el general. En lugar de esto, debieron desviarse a Toledo por orden de Francisco Franco. Su nueva misión era rescatar a los nacionales refugiados en el Alcázar de Toledo, asediado por fuerzas republicanas. La operación les salió bien y se convirtió en un triunfo propagandístico.

Alfredo Cabanillas permaneció en su puesto hasta el verano de 1937, cuando fue destituido por el comité obrero del periódico, que le acusaba de ayudar a personalidades conservadoras para que encontraran refugio en la embajada francesa. Allí durmió él mismo en sus últimas semanas en la capital. Efectivamente, había hecho muchas gestiones de este estilo, como contó en el libro Hacia la España eterna que publicó en Argentina tras exiliarse. Entre los beneficiados por Cabanillas estuvo la familia del militar José Ungría, quien tras salir de la capital pasó a Francia y a la zona nacional, donde se encargaría del Servivio de Inteligencia Militar con especial dedicación a la organización de la quinta columna en el Madrid republicano. Cabanillas terminó en Buenos Aires mezclándose con los círculos franquistas y haciendo méritos para obtener el permiso de regreso a España, lo que no ocurriría hasta los años 60. En los últimos años se han editado hasta tres libros sobre su figura y se realizó una exposición en la Fundación Alcalá Zamora de Priego, en Córdoba.

Juan Yagüe continuó la guerra al mando del cuerpo marroquí del ejército y a su cabeza entró en Barcelona en enero de 1939. Tras la guerra fue nombrado ministro del Aire, pero su cargo solo le duró unos meses, pues desairó a Franco en diversas ocasiones. Su figura va a ser motivo de una exposición en el monasterio de san Juan organizada por su hija, Victoria.

http://www.germansbusquets.com/2014/02/yague-voy-cortarle-la-cabeza-al.html