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“En ningún país hay que seguir explicando quiénes fueron los malos”

Andaluces, 21 Mar 2014 | 23 marzo 2014

21179964aEntrevista a Almudena Grandes

 

PATRICIA RODRÍGUEZ PAGÉS / Sevilla /

Cuenta Almudena Grandes que parte de su nuevo libro, Las tres bodas de Manolita, se lo debe a Isabel Perales, aquella mujer de 81 años, que subida a unos tacones -”le eché 20 años menos”- le espetó en un homenaje a represaliados en 2008: ¿Tú qué sabes de los niños esclavos del franquismo?. Isabel le contaría después que su madre fue encarcelada y que a ella la enviaron a un colegio a Bilbao y que pensando en que la llevaban a estudiar, se vio años después con las manos ajadas, agujereadas, de la sosa con la que lavaba la ropa de los clientes de las monjas: “En aquella época el jabón era muy caro”. Nunca vio un duro de aquel trabajo, es más, cuando las fuerzas le flaqueaban de hambre y cansancio, la mandaban a servir a alguna casa para que se recuperara. Tenía 14 años.  “Los españoles pisamos sobre una mina de oro de historias que nadie ha contado… ¡y yo no voy a poder contarlas todas!”, le decía ayer la escritora a sus lectores en la Biblioteca Infanta Elena (Sevilla), que se apiñaron para escucharla contar de su propia voz estas historias de supervivencia que construyen uno de los episodios más negros de la historia de este país.

La tres bodas de Manolita es una historia coral sobre los años de pobreza de la inmediata posguerra. Es la historia de una chica corriente, Manolita, que se convirtió en heroína, la historia de la niña Isabel, de las mujeres que hacían cola en la cárcel para visitar a los presos, de una pandilla de jóvenes… “de lo que le hizo la posguerra a esos jóvenes”.

Hace tiempo que Almudena Grandes decidió “escribir como si viviera en un país normal”. Uno de esos países en los que la democracia se construye ladrillo a ladrillo sobre el respeto a la memoria de las víctimas y “sentados sobre el fascismo”. “En ningún país hay que seguir explicando quiénes son los malos”. “Me niego a seguir explicando eso. Yo ya no lo hago, yo ya no lo explico… quien tenga dudas que se vaya a una biblioteca”, sentenciaba ayer la escritora madrileña que, hace cuatro años, inauguró con Inés y la Alegría los “Episodios de una guerra interminable”, una serie de novelas donde rescata del olvido historias de “un pasado muy miserable”, construyendo “un mosaico formidable que se aleja de la mirada edulcorada de algunas series”, definió Juan José Téllez, director del Centro Andaluz de las Letras. Ayer en Sevilla presentó el tercero de estos libros, Las tres bodas de Manolita -tras El lector de Julio Verne-, al que le seguirán otras tres novelas.

En uno de estos días de gira, en los que la escritora anda presentando de ciudad en ciudad su novela, alguien la definió como “la Benito Pérez Galdós del siglo XXI”. Ella niega tal elogio, aunque después otros han aplaudido la labor con que Almudena Grandes ha empezado a construir, jugando con la realidad y la ficción, las historias de aquellos supervivientes, “de los que encontraron la felicidad en mitad de la devastación”,  de esos personajes “aparentemente minúsculos que se enfrentaron a la historia con mayúsculas en tiempos muy duros”, definió Téllez.

“Hay mucha muerte en este libro, pero también mucha sonrisa, ¿era necesaria para aliviar el luto?”, le pregunto el también escritor y director del Centro Andaluz de la Letras. “Si hay personajes que me gustan son los supervivientes”, respondió Grandes. “Esta es una novela sobre la cárcel que no cuenta lo que ocurría en la cárcel, sino fuera, en aquellas colas. Manolita se da cuenta ahí de que hay dos tipos de mujeres: las calladas y las que cuentan chistes y se intercambian recetas… y lo que parece frivolidad, es sabiduría, porque consiguen que la vida triunfe sobre la muerte en las puertas del infierno”.

Porque Almudenas Grandes no quiso contar solo en esta novela “una historia tan triste como la de Isabel” y se inventó una hermana, Manolita, que encarna esa esperanza con la que muchos combatieron y sobrevivieron a la dictadura. Las mismas víctimas que hoy siguen reivindicando una justicia que no llegó con la democracia: “Que al torturador más grande de la dictadura, maestro de torturadores -el comisario Conesa- se le condecorara en el 76, es el paradigma de cómo se hizo la Transición”, aseguró ayer Almudena Grandes, que no dudó en afirmar que “la situación a la que hemos llegado hoy es consecuencia de la democracia, no del franquismo, por el modo en que se hizo la Transición en España”. “La transición es el camino que te lleva de un sitio a otro, y en este país no se ha producido ningún cambio. España sigue en esa indeterminación con que se fundó la democracia”.

“En este país hicimos como Mary Poppins cuando cogía a los niños de la mano y al saltar la lluvia y el día gris se convertía en algo maravilloso… Aquí nos cogimos de la mano, saltamos y ¡alá!”, criticó la escritora, que dijo con cierto enfado no entender “quién puede oponerse a que una persona saque a sus familiares de una cuneta”. “Esto no es una cuestión política, es una cuestión de derechos humanos”.

“Animo a que se cuenten esas historias… los españoles pisamos sobre una mina de oro de historias que nadie ha contado”, insistió Almudena Grandes: “¡Que se cuenten, hay que contarlas!”

http://www.andalucesdiario.es/cultura/en-ningun-pais-hay-que-seguir-explicando-quienes-fueron-los-malos/