Agenda
Artículos y Documentos
Federación Foros por la Memoria
Noticias
Videos de Memoria Histórica
Home » Artículos y Documentos

Oración incómoda para Adolfo Suárez

Aníbal Malvar. Público, 22 mar 2014 | 23 marzo 2014

rosc3b3n-iiSomos tan patanes que seguimos justificando y jactándonos de nuestro pasado cuando nuestro presente es una inmundicia

 

 

Se va la niñez de España con la muerte de Adolfo Suárez. Qué recuerdos, cuando España era un juguete. Las revistas de entonces anunciaban unos plásticos mágicos y muy baratos que, pegados a la pantalla de tu televisor en blanco y negro, te pasaban los programas a tecnicolor. También se promocionaban mucho unas gafas maravillosas que atravesaban la ropa y te permitían ver a las chicas en biquini en cualquier circunstancia, aunque fuera invierno, vistieran hondos abrigos y pasaran fugazmente por la acera debajo de un paraguas. Todo le parecía posible a un niño en aquella España niña, como quedó demostrado un día de 1976, cuando el hermano mayor de tu mejor amigo te enseñó a Marisol desnuda en la revista Interviú. Buscando en el baúl de los recuerdos, uuhh, te das cuenta de que todo aquel tiempo fue pura magia. Con sus trampas y sus prestidigitadores. Con sus elefantes y también con sus payasos. Con sus domadores y sus leones domados.

Se muere Adolfo Suárez y se muere la niñez de esta España que nunca fue niña. Qué viejos hemos nacido.

Se muere Adolfo Suárez.

ariasCuando yo era un niño y mi abuelo nos obligaba a ver el parte de las tres, salía Adolfo Suárez en la televisión diciendo lo de “puedo prometer y prometo” y parecía que la tele se ponía ella sola en tecnicolor. Nadie estábamos acostumbrados a ver a un hombre joven en la televisión, salvo a Raphael y a Julio Iglesias. Y menos en el parte y gobernando. Hasta los niños nos dábamos cuenta de que España se estaba poniendo ye-yé, y les levantábamos las faldas a las niñas sin amenaza de garrote vil. Los Chiripitifláuticos estaban sustituyendo a Arias Navarro. Y sonaba el Habla pueblo, habla en las radios. Cuando hacía tantas décadas que nadie nos llamaba pueblo ni nos dejaba hablar. Y resplandecía tenuemente en la sentina de nuestra Historia un atisbo de hermosura.

Como una perla que brilla en un saco de mierda por un segundo.

Si dejas pasar ese segundo, ya nunca encontrarás la perla.

Y eso es lo que le pasó a Adolfo Suárez. Y a la niñez de España.

Carmen Díez de Rivera, bella, sabia e hija ilegítima de Serrano Suñer, hoy muerta y entonces negrita fresca y copa joven de Francisco Umbral, fue desde 1976 (y antes) consejera áulica de Adolfo Suárez. No solo ejerció como jefa de Gabinete del presidente predemocrático. Siendo Adolfo Suárez lector escaso, enseñó al presidente a leer a los clásicos y a silabear discursos escritos por ella. Después, yo creo porque se aburrió de Suárez, la chavala se largó con Ridruejo y con el PSOE, para más tarde volver. A Carmen Díez de Rivera se la conocía como “la musa de la Transición”, pero ya nadie se acuerda de ella porque ya no creemos en las musas y todo el mundo sabe que nunca existió tal Transición.

Pero en aquella España niña sí creíamos en las musas. Cuando España era un juguete en nuestras manos.

Se muere Adolfo Suárez y España ya no es un juguete. Y ya no está en nuestras manos. Nunca estuvo en nuestras manos. Ni siquiera en el tiempo de las musas ilegítimas de Serrano Suñer. Suárez pactó con la oligarquía la abolición del posfranquismo de Fraga, la domesticación atlantista del PSOE y el centrismo miedoso del pueblo con el fin de que todo cambiara para que todo siguiera igual. Como ahora seguimos comprobando los que somos pacientes con la Historia.

Hay seis millones de parados en España que hoy pueden alabar en pompa fúnebre a Adolfo Suárez por lo que pudo hacer, pero no por lo que hizo. Somos tan patanes que seguimos justificando y jactándonos de nuestro pasado cuando nuestro presente es una inmundicia. Como si la inmundicia de hoy no fuera consecuencia de aquel pasado. Del pasado que fuimos construyendo –no eludamos responsabilidades– con Adolfo Suárez, con Calvo-Sotelo, con Felipe González, con José María Aznar, con José Luis Rodríguez Zapatero, con Mariano Rajoy. Ninguno supimos jugar cuando España era un juguete. Por mucho que los presidentes del pasado se me mueran, yo no puedo redactarles un responso amable viendo cómo está de roto hoy el juguete. Mi más sentido pésame a la familia de Adolfo Suárez y a la de aquel juguete niño que se rompió.

http://blogs.publico.es/rosa-espinas/2014/03/22/6245/