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Que la tierra que lo acogió no lo devuelva a otro lugar

Emilio Sales. Foro por la Memoria de Toledo, | 25 marzo 2014

antonio-machadoCada cierto tiempo vuelve a salir al primer plano la conveniencia o no de que los restos de Machado sean trasladados a España

 

QUE LA TIERRA QUE LO ACOGIÓ NO LO DEVUELVA A OTRO LUGAR

Cada cierto tiempo, generalmente coincidiendo con al aniversario del nacimiento, publicación de alguna de sus obras, fallecimiento, etc… vuelve a salir al primer plano la conveniencia o no de que los restos de D. Antonio Machado sean trasladados a España (habrá que imaginarse que si este despropósito, bajo mi punto de vista, se realizara el debate del lugar a donde deberían ser llevados).  Yo, que generalmente pienso bien de las intenciones de mi prójimo, creo que a la mayoría de las personas que entran en este tema les mueve el mejor afán, el de tener cerca a una de los mayores poetas de nuestra historia. Tal vez alguno se mueva por el interés de poder ser protagonista de tal evento, si se llega a producir, y poder lucir sus mejores galas en algún acto que se convocara (ya sabemos como se las gastan en pompa y boato muchos que nada han hecho y enseguida se apuntan a un “bombardeo”).

El sábado 15 de este mes de marzo, aparecía en el suplemento cultural de El País, “Babelia”, el habitual artículo de Antonio Muñoz Molina que bajo el título “Ida y vuelta” escribe todos los sábados. Esta semana lo titulaba “La tierra en que se muere” y saco un extracto donde creo refleja de mejor manera que la mía lo que sucede con este asunto. Dice así:

“De vez en cuando, con obtusa machaconería, una lumbrera de la política decide condecorarse con la iniciativa de devolver a España los restos de alguno de nuestros grandes muertos, los que están enterrados fuera porque tuvieron que huir de su país y del odio homicida de algunos de sus paisanos, los que recibieron ingratitud a cambio de su generosidad y ofendieron con su talento o con su coraje a ese tipo de español terrible que, en palabras de Luis Cernuda, “acecha lo cimero / con la piedra en la mano”. Desprecian la inteligencia, el saber y las artes, desamparan los derechos legítimos de quienes se dedican a ellas, cierran las bibliotecas, arruinan la ciencia con recortes y el teatro y el cine con impuestos, protegen la nadería, celebran las baratijas del folklorismo identitario. Pero eso sí, de vez en cuando adoptan una expresión pensativa y sublime y declaran que ha llegado el momento de reparar una injusticia histórica, que hay que traer los despojos de Manuel Azaña de Montauban y los de Antonio Machado de Collioure, que hay que seguir buscando los huesos de García Lorca, o abrir la tumba de Margarita Xirgu en Montevideo, o la de Pedro Salinas en Puerto Rico. Imaginan, supongo, procesiones pomposas, reportajes propagandísticos en televisiones oficiales, discursos de ministros, consejeros, viceconsejeros, todos ellos redactados en la adecuada prosa poética por escribas en nómina, catafalcos suntuosos.

El sitio de Antonio Machado no está en Sevilla ni en Baeza ni en Soria: está en Collioure igual que el de Manuel Azaña en Montauban, y que el de Walter Benjamin en Portbou, y el de Hannah Arendt en una pradera en un bosque cerca del río Hudson. García Lorca está en una fosa común y el barranco de Víznar es su monumento funerario, la brecha de una herida que no se puede cerrar. Si quieren hacer algo por la memoria de Antonio Machado que abran las escuelas a una educación rigurosa y democrática como la que él soñaba. Y, ya puestos, que remedien el abandono vergonzoso en el que se hallan, en Baeza, el paseo de Antonio Machado y el monumento a su memoria”.

 

Bien, pues como ya indico al principio de este artículo creo que sería bueno no tocar el lugar donde D. Antonio Machado “descansó” de su exilio y ahogó sus penas en el lugar que le dio cobijo los últimos días de su vida. Se fue despacio casi desnudo como llegó, lo que le dimos cabe en mi mano (así resumía un verso machadiano).

Hay datos que indican como durante el franquismo hubo intentos de que se trasladaran los restos a España. Primero fueron las autoridades franquistas las que no estuvieron por la labor, después en el tardofranquismo y auspiciado por el ministro Fraga Iribarne, aquel  dechado de valores democráticos, el que intentó manipular el regreso de los restos mortales con el fin de hacer ver como se promulgaba la reconciliación de los españoles, gracias a la inteligente actuación de autoridades galas y de diferentes colectivos que en 1958 financiaron el traslado del poeta y su madre a una tumba propia.

Por mi parte, que tengo a Don Antonio Machado como un referente intelectual y de bonhomía (malditos bastardos que impedisteis el conocimiento en mi infancia de estos grandes poetas y literatos pero que no lograsteis mi adocenamiento, mi interés por la poesía, la más sublime faceta de la literatura) participo del sentir que su lugar de reposo, esa tumba en Colliure, debe respetarse como lugar de Memoria. ¡Que maravilloso! sería que el ministro Wert, ese que defiende los valores de la educación pública, laica, igualitaria, presidiera un homenaje de recepción D. Antonio Machado y, quien sabe si además propondría alguna condecoración monárquica a tan ilustre personaje. De la desfachatez de esta gente me espero cualquier cosa.

No me planteo ningún escenario en el que en nombre de que en nuestro país vivimos en una democracia (si no fuera tan triste me sonaría a broma) se pudiera plantear el retorno de nuestro ilustre vate, honremos su Memoria haciendo un esfuerzo por llevar a cualquier rincón de nuestra geografía su legado. Y puestos a dar ideas ahí va una que me pilla cerca geográficamente.

En una localidad cercana a Toledo y Talavera del Tajo (llamada ahora de la Reina), La Torre de Esteban Hambrán, el colegio público lleva el nombre de Juan Aguado. Este personaje fue el líder falangista de la localidad y secundó el golpe de estado fascista  en julio de 1936 en ese pueblo, atrincherándose armado junto a otros cómplices. Hoy en pleno siglo XXI ese lugar de enseñanza continua llevando el nombre de tan “ilustre” elemento. ¿Qué enseñanzas se pueden dar a la nueva generación desde el homenaje a quienes aplastaron las libertades? Bien pues una forma de cambiar ese rumbo podría ser dar el nombre de ese colegio a una persona que nos enseñó a amar a nuestros semejantes amando a su patria, a sus tierras y a sus