Hablando de Guerras Preventivas
LUIS ARIAS ARGÜELLES-MERES - 'La Nueva España' el 13-02-2004
Precavidos y sagaces fueron los carismáticos dirigentes que se reunieron en las Azores. Se trataba de prevenir el uso de un armamento letal. Tan espectaculares son sus resultados que dichas armas, como los dioses en el célebre poema de Pessoa, se diría que no existen. Se consiguió tal prodigio como quien conjura al Maligno. Por todo ello, sus merecimientos van mucho más allá de un premio Nobel de la Paz más o menos compartido. Victoria napoleónica la suya actualizada a las exigencias del siglo XXI.
La cabeza visible de aquella dictadura, el tirano que gaseaba y mataba a sus enemigos, el verdugo que amasó una inmensa fortuna, en su día fortalecido y sostenido por la gran potencia yanqui para que frenara el fundamentalismo de aquel Jomeini iraní de horroroso recuerdo, se convirtió, llegado el momento, en el enemigo a batir. Ergo, aquella guerra Irán / Irak fue preventiva, y ya se ve en qué derivó semejante perspicacia. No se levantaron voces autocríticas por haber nutrido a semejante monstruosidad, a quien se detuvo en diciembre del pasado año. Laxitud infinita la de los grandes guardianes del Occidente.
Convengamos en que la de Irak fue una guerra preventiva para evitar el uso del susodicho armamento fantasma y para impedir contactos entre Saddam y las posibles conexiones con el archinombrado y oculto Bin Laden. Y, como tal, se está muy cerca de que se certifique que se dio a la caza alcance, que, cautivo y derrotado el dictador iraquí y sin noticias del arsenal destructor que sirvió como pretexto, la coalición de las Azores está frisando ya el logro «de sus últimos objetivos». Inconmensurable, pues.
Y, a propósito de guerras preventivas, se aproxima el 70.º aniversario de la Revolución del 34, a la que de un tiempo a esta parte se le llama guerra preventiva. Confieso que se apodera de mí una comezón de angustia existencial lacerante a más no poder. Si los sucesos del 34 fueron una guerra preventiva, ¿qué cosa constituyó aquello que se llamó la sanjurjada de agosto de 1932? ¿Acaso el valeroso y patriota general Sanjurjo no se lanzó a una especie de golpe preventivo contra aquel rojerío que entonces gobernaba España para evitar grandes males a la patria y de paso para no hacer mudanza en su costumbre aquel Ejército que se pasó buena parte del siglo XIX imponiendo en España la ley y el orden a golpe de espadones, cuya santa tradición se recuperó en 1923 con don Miguel Primo de Rivera? ¡Ay, ay, ay! ¡Qué angustia me entra con semejantes definiciones!
Líbreme Dios de zaherir los cándidos ojos de algunos que incurren una y otra vez en el género epistolar periodístico, copiando allí, pegando aquí. Calma, mucha calma. La Revolución del 34 fue antidemocrática y no favoreció en nada a la causa republicana. Lo que me aflige y me descorazona es la amnesia que unos cuantos padecen a la hora de hablar de antecedentes antidemocráticos a la guerra civil, pues no recuerdan que el general Sanjurjo no llevó a cabo su proeza para proteger la democracia. Tampoco tienen en cuenta que desde la Década Ominosa en adelante el más rancio reaccionarismo hispano no necesitó el pretexto de una izquierda antidemocrática para imponerse con las armas, y no con las urnas, parodiando un conocido poema de Ángel González. O sea, que desde 1823 hasta 1923 hubo pronunciamientos preventivos a raudales. Luego vendría el aperitivo frustrado de Sanjurjo, del que se dio cumplido desquite a partir del 18 de julio de 1936.
Desazona pensar en tanta guerra preventiva, la que, según se certifica, tuvo lugar hace casi 70 años y la que se emplazó hace casi un año en Irak. No aprendemos, oiga. Y, ahora que lo pienso, me encuentro a pocas horas de que se cumpla el aniversario de la muerte de un filósofo que fue autor de un libro que se debería transitar mucho. El tal libro tiene un título la mar de expresivo: «La paz perpetua». Lo escribió Kant, que lleva muerto doscientos años. ¿Cuántas guerras preventivas hubo desde entonces? ¿Cuántas se registraron y cuántas no? Acaso por eso Burckhardt dijo algo tan contundente como esto: «La Historia es el registro de lo que un período encuentra digno de mención en otro».
Y en esto de guerras preventivas el registro ya sabemos cómo anda. Atascado, muy atascado, oiga. Anda a tarascadas, se diría.
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