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La memoria histórica no es un camino de rosas.
INES GARCIA HOLGADO - Argentina - Junio 2004




Los familiares de las víctimas del franquismo no deseamos una contabilidad de la cantidad de muertos republicanos, anarquistas, campesinos, labradores, intelectuales.

El reconocimiento moral, social y económico de las víctimas no (del durísimo siglo XX español al que alude el autor de la nota) sino de la GUERRA CIVIL ESPAÑOLA de ningún modo constituye ninguna bondad sino una exigencia de la historia para aquellos que murieron por sus ideales y por defender un gobierno legítimamente elegido por el pueblo.

Un reconocimiento condicionado, forzando una admisión a reconocer el olvido de nuestros familiares es una exigencia en contra de las convenciones de derechos humanos que ha firmado España. Sus principios fundamentales son: MEMORIA HISTORICA, VERDAD Y JUSTICIA, y en ello estamos.

Cómo se puede pensar y además escribir que la primera víctima de la guerra es la VERDAD??. Si la VERDAD nunca es negativa, todo lo contrario, es UNICA E INDIVISIBLE, y solamente a través de ella lograremos legar a las futuras generaciones de españoles una España unida.

El autor insiste en dos párrafos en la contabilidad, en el sonrojo de todos?? No tiene más argumentos en contra de los derechos de los familiares de los represaliados?

No habría reclamos si no existieran fosas comunes (eso sí sonroja), si se anularan las sentencias de los juicios sumarísimos que son nulas de nulidad absoluta de acuerdo a derecho, si las expropiaciones de bienes fueran nulas (es revancha que una persona luego de participar en varias batallas, siendo herido, regrese a su pueblo y se tope con su casa habitada por otra familia?) No, es JUSTICIA. Es revancha saber quienes denunciaron injustamente a personas que luego fueron fusiladas solo por pensar diferente?

Mi tío abuelo ELIAS GARCIA HOLGADO fue alcalde de Lumbrales, retiró la virgen de la Iglesia por orden del gobierno pero la guardó a buen reparo, fue fusilado con un rosario es sus manos...Los que se animan a hablar de él en el pueblo ya que TODAVIA, como se lee en el artículo en pleno siglo XXI no existen libertad de opinión ni información, lo recuerdan con gran cariño. Es terrible que tengamos que olvidar hechos que sucedieron años atrás y no olvidar la época de los reyes católicos...

Finalizando, no, no es mejor para todos dejar los muertos con los muertos, es una deuda de España con españoles que murieron defendiendo la República.

INES GARCIA HOLGADO . ABOGADA . BUENOS AIRES. ARGENTINA. UBA.

Mi padre desea agregar:
1) Si somos un puñado, ¿Desde cuándo está sujeta la VERDAD a lo cuantitativo?
2) Qué derecho a preguntas capciosas tiene el que envía la carta?
3) Desde luego, los que no quieren la MEMORIA HISTORICA, no tienen honor, honra y como hombres lo que hay que tener para aceptar el juicio de la verdad.
4) El libro Blanco, Rojo o Negro, lo proponga el P.C., PP, PSOE, la Falange, los carlistas, o con todo respeto "la tonta del bote" o el menda, es lo mismo, da igual. Sólo interesa la unión de los españoles y como dice el Nuevo Testamento "SOLO LA VERDAD LOS HARA LIBRES".
5) Quien escribe y le responde, está preso de sus prejuicios e intereses, si quiere ser libre y hombre, SEA VALIENTE y acepte la verdad!!!. No tendrá miedo de no resistirla?? DOCTOR EN DERECHO. UBA, DOCTOR EN HISTORIA. UBA, DOCTOR EN SOCIOLOGIA . UBA.

BENJAMIN GARCIA HOLGADO. Hijo, sobrino nieto, hermano de republicanos asesinados todos, tildado de rojo en la escuela en la postguerra, negándose a ser falangista como los demás niños, habiendo defendido a su hermana con un revolver de juguete cuando la checa la secuestraba por trabajar para el SOCORRO ROJO, tiene "lo que los hombres han de tener" para contestar este artículo.


En respuesta a:

http://www.elsemanaldigital.com/articulos.asp?idarticulo=16888 

La memoria histórica no es un camino de rosas
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¿No sería mejor para todos dejar a los muertos con los muertos, y evitarnos unos a otros una contabilidad macabra que, si se hace con honestidad, sólo puede sonrojar a todos?

8 de junio.  Propone pàrte de la izquierda, bajo la mirada complaciente del Gobierno, que se constituya en las Cortes una Comisión para la recuperación de la memoria histórica de la Guerra Civil. Y esta propuesta llega precisamente cuando los nacionalistas catalanes quieren dividir uno de los grandes Archivos del Estado.

Nadie discute la bondad de un reconocimiento moral, social y económico de las víctimas del durísimo siglo XX español. Pero ese reconocimiento debe llegar, si es que aún no ha llegado, admitiendo que ese siglo ha terminado, que no va a volver, y que es íntimamente mezquino mantener abierta una herida dolorosa tan sólo para acaparar una falsa legitimidad y un dudoso puñado de votos.

Si se llega a formalizar ese Libro Blanco de la Reconciliación que curiosamente promueve el comunismo, ¿quién podrá evitar que en él aparezcan todos los muertos del siglo XX, víctimas del odio asesino? Y si en él van a figurar las víctimas juzgadas según las leyes del franquismo, ¿quién podrá negar que fueron igualmente víctimas del odio quienes murieron sin juicio por tener otras ideas, o por defender otros ideales, o simplemente la Fe de Cristo?

Hay quien sigue creyendo que la reconciliación es un camino hacia una improbable revancha. Pero ya no hay dos Españas, sino sólo una, unida para bien o para mal. No hay hoy buenos ni malos, y tampoco los hubo en el siglo XX si se ven las cosas con ciertas perspectiva, que lamentablemente no es la de Izquierda Unida, ni la de buena parte del PSOE.

¿Realmente conviene al PSOE, al PCE y al PNV que se vuelva a hablar del pasado criminal de España? ¿No sería mejor para todos dejar a los muertos con los muertos, y evitarnos unos a otros la macabra de una contabilidad que, si se hace con honestidad, sólo puede sonrojar a todos?

La primera víctima de la guerra es la verdad. En la eterna postguerra española, cuando sólo un puñado de españoles recuerdan qué sucedió, el riesgo para alguno es haber dado por verdadero su propio mito, que de ser desmontado resultaría en la derrota moral de una generación que debe pensar en otras cosas. Por el bien de todos.