Carlos Fonseca. «Debemos dar voz a los vencidos antes de que se pierdan sus historias»
El Diario Montañés - 17 de noviembre de 2004
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 AUTOR. Carlos Fonseca, antes de su intervención. / ANDRÉS FERNÁNDEZ
El escritor madrileño Carlos Fonseca presentó 'Trece rosas rojas' en Tantín La obra, «rigurosamente verdad», es el ejercicio del «periodismo en que creo»
PATRICIA DOMINGO/SANTANDER
El apéndice de su última novela reza así: 'La historia más conmovedora de la guerra civil'. Un capítulo de la memoria reciente de España que permanecía en letargo y que el escritor Carlos Fonseca despierta y encuaderna, tras dos años de rigurosa investigación, como mejor antídoto contra el olvido. El también periodista presentó ayer 'Trece rosas rojas' dentro de la Tribuna Literaria organizada por el Centro Cultural de Caja Cantabria.
Carlos Fonseca (Madrid, 1959) retrocede en el tiempo para reconstruir la historia, cien por cien real, de las trece protagonistas femeninas. Y se fija en la guerra civil y la represión franquista no como resultado de una búsqueda, sino «por pura casualidad», como le sucedió ya en sus dos título precedentes. «No conocía esta historia, pero llegaron a mí los papeles de un tío de mi padre, un dirigente del PCE, que había estado en prisión durante veinte años». Esos documentos aludían a las 'trece rosas', como se conoció el sumario de su causa.
Pese a ser el azar el detonante que le impulsó a reconstruir el pasado, Carlos Fonseca reconoce que «siempre he estado interesado en la posguerra y la represión, en las historias que están en silencio, en los personajes que no figuran en los libros para contar así la historia con mayúsculas».
En la madrugada del 5 de agosto de 1939, trece jóvenes -siete de ellas menores de edad- fueron fusiladas por su ideología política. Seis décadas después, Carlos Fonseca empezó a trabajar «para contar una historia, como hago en los temas que habitualmente cubro como periodista». Revisó las causas judiciales de las fusiladas, una documentación que, si bien sesgada y hasta hace poco reservada, «si la limpiamos, está llena de datos importantes».
Los archivos del PCE, periódicos de la época y testimonios y las cartas de los familiares de las protagonistas completan las fuentes de las que bebe 'Trece rosas rojas'. Una obra en la que no hay elementos de ficción y cada personaje tiene nombre y apellidos, los de los derrotados en la guerra.
Periodista, no historiador
«Todo es rigurosamente verdad, pero yo soy periodista, no historiador», afirma Fonseca defendiéndose de los críticas de estos últimos subrayando que la Historia «es evocación y no dramatización». No sin antes reiterar que no cree «haber faltado a la verdad», el autor de 'Garrote vil para dos inocentes' definió su último trabajo como «un texto que puede leer cualquier persona interesada, no es sesudo ni erudito.
En su opinión, «de un tiempo a esta parte se han hecho bastante por la recuperación historias de los derrotados, los que defendieron la legalidad vigente, que era la republicana». Pese a ello, defendió que queda mucho por hacer y deseó que sea pronto porque «los protagonistas de aquello tienen ahora cerca de ochenta años, hay que darse mucha prisa y hacer acopio antes de que se pierdan sus historias, nuestro granito de arena es darle voz a los vencidos».
En este largo periplo entre documentos y entrevistas hasta coser las 321 páginas de 'Trece rosas rojas', Carlos Fonseca reconoce haberse sentido especialmente conmovido por los testimonios de los familiares de las jóvenes fusiladas.
La última noche
«Hay cartas escritas cuando son conducidas a capilla, la noche del 4 de agosto, son textos desgarradores redactados con el convencimiento de que iban a morir», explica el periodista de la revista Tiempo. El hijo de una de 'las rosas' -la única que fue madre- tardó veinte años en conocer la existencia de la misiva. «Están deseando que alguien escuche su historia», sostiene el autor.
Carlos Fonseca no tiene ningún proyecto concreto para escribir otro libro, pero «seguiré buscando historias» o encontrando las a su paso porque «los libros me permiten acercarme a un periodismo que no se puede hacer por premura, porque estamos maniatados. Éste, más sosegado, es el periodismo en el que yo creo».
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