Montorio: «Las dos Españas me hacen llorar». El Chaval fue jefe de los maquis en la zona de Requena
Levante - 16/10/2004
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 REGRESO. MONTORIO PASA UNOS DÍAS EN VALENCIA TRAS MUCHOS AÑOS DE EXILIO.
José Vicente Pérez, Valencia
«Desde que salí de España en 1939, vivo con la esperanza de regresar un día. No me integro en ninguna sociedad... nací español, me siento orgulloso de ello, y español moriré cuando suene mi hora. Se equivocó Antonio Machado cuando dijo: 'Españolito, una de las dos españas te hará llorar'. La dos españas me hacen llorar». Con esta particular declaración de principios se presenta José Manuel Montorio, un aragonés de nacimiento, que fue jefe de la Agrupación Guerrillera de Levante y Aragón (AGLA) en la zona de Requena y Cofrentes.
El Chaval, como así se le conoció en la guerrilla durante la dictadura de Franco, lleva 82 años de historia a sus espaldas, y de vuelta a España, donde permanecerá unos días, su único deseo es que el gobierno español «condene de una vez por todas el régimen franquista y reconozca a los exiliados». De hecho, Montorio tiene pensado escribir una carta al presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, para reclamar algo que en su día ya le pidió personalmente al ex presidente, Felipe González, y al mismísimo rey,Juan Carlos I, tras la visita de éstos a Checoslovaquia, donde reside desde 1955 cuando llegó para estudiar y convertirse, según le aseguraban los dirigente del Partido Comunista, «en un cuadro del partido que en el futuro dirigiría la clase obrera española».
Montorio asegura que la «presión» que ejercía el partido sobre él y otros compañeros era tal -sostiene que las reuniones del PC en Praga eran «auténticos juicios»- que decidió llevar su propia vida y ponerse a trabajar por su cuenta. La embajada de Cuba en aquel país fue el lugar donde fue «aprendiz de todo y oficial de nada».
Sin embargo, las andanzas de este hombre, que conserva una memoria envidiable, no se centran sólo en su vida como exiliado, sino que también luchó en España. En 1939 había abandonado el país, pero en 1945 decidió regresar de nuevo, integrándose en la AGLA como jefe de la zona de Requena y Cofrentes.
Durante el tiempo que pasó allí recuerda el día en el que él y cuatro hombres más atracaron la oficina de la recaudación de Requena.
Eran las cinco de la tarde del mes de diciembre de 1946 y sin pensárselo demasiado «entramos en el local, encañonamos a los pagadores, pedimos a la gente que se echara al suelo y cuando cogimos el dinero nos marchamos». El «baile» no duró más de diez minutos y poco después, cuando oyeron los primeros disparos en Requena, ellos ya andaban por un barranco cerca del río Magro. En Buñol, cenaron y después, iniciaron el camino de vuelta a la cueva donde se ocultaban y que estaba en un monte muy próximo a Requena. Pero antes aún tuvieron tiempo de poner varios cartuchos de dinamita en la puerta del albergue «Ramón Laporta» de Buñol, donde se reunían los falangistas de la zona y también, de hacer «ruido» en Yátova.
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