LA IZQUIERDA, MUDA. Los nuevos ´novelistas´ han sacado una nueva identidad ´españolista´ del mito de octubre de 1934
LORENZO Cordero - La Voz de Asturias - 10/10/2004
http://www.lavozdeasturias.com/noticias/noticia.asp?pkid=157274
A Albino Suárez, director de Alto Nalón
Probablemente, el hecho de que la revolución obrera de 1934 sea un suceso que pertenece a un mundo que ya no existe, dificulte las posibilidades de llegar a un acuerdo sobre la verdadera naturaleza histórica de este acontecimiento. Esto da lugar a que las especulaciones interesadas de unos tengan el mismo valor --para un amplio sector de la opinión pública-- que el análisis rigurosamente científico de una minoría de historiadores. Aquéllos consideran ese fenómeno revolucionario de hace setenta años desde fuera de la historia, y no cómo lo interpretan otros pocos: desde dentro de la misma.
Quizá, esto nos permita comprender por qué aquel épico suceso obrerista --más mitificado que historiografiado-- se ha convertido ahora en un apasionado debate político, estimulado principalmente por ciertos intereses mercantilistas (editoriales), y no, como debiera de suceder, por evidentes razones históricas.
Octubre de 1934 tiene su mercado literario; el cual, a su vez, cuenta también con una abundante y fiel clientela. Especialmente, cuando esa epopeya utópica se cuenta desde la perspectiva de una derecha que siendo incapaz de reconocer y asumir sus propios errores históricos, en cambio pretende adjudicárselos a la izquierda.
Ese trasvase de responsabilidades compone la tesis principal de las nuevas fabulaciones sobre la revolución de Asturias. Con lo cual, queda muy claro que --tal como advertía Pierre Villar-- los novelistas se han adueñado de la historia. Desde Joaquín Arrarás, hasta los actuales amanuenses de la Historia Sagrada de España, pasando por Ricardo de la Cierva y Hoces y sus epígonos, el rigor de los historiadores es más un lastre que la garantía de la seriedad en el estudio científico. Me parece recordar que es Eric Hobsbawm quien advierte que el mal uso de las ideologías hacen de la historia provoca el juego de los anacronismos, y que cuando se sustituye la historia por el mito --o por la simple invención...-- se está recreando una nueva identidad política.
En esto están, al parecer, los nuevos novelistas de la Historia de España en el siglo XX. Del mito belicista de octubre de 1934 han sacado una nueva identidad españolista para uso y disfrute de la eterna derecha carpetónica. De repente, aparecen en la escena de la literatura de compromiso unos escritores que fácilmente se pueden clasificar como conversos y tránsfugas , de acuerdo --para que no haya recelos-- con la clasificación que hacía Ricardo de la Cierva, en su obra Cien libros básicos sobre la Guerra Civil de España (Madrid. 1966), de aquellos autores que, para este singular novelista de la política española del siglo XX, "suelen convertirse en polemistas, para justificarse ante sí mismos y ante su nuevo entorno".
Acaban de estar en Oviedo algunos de esos polemistas, dispuestos a reescribir la historia verdadera de octubre de 1934 a a luz de sus personales delirios sentimentales y creando una fragosa polémica, con gran regocijo de los filósofos del márketing editorial, y jaleada por los aficionados a la mitología fascista.
Con las elecciones de noviembre de 1933, la balanza política se inclina en favor de la derecha que temía a la república reformista y demócrata. La izquierda, le ve las orejas al lobo. Ha fracasado la revolución burguesa, y la reacción del integrismo preludia el descalabro del movimiento obrero. En octubre de 1934 ocurrió lo que tenía que pasar: "Asturias se convirtió en el escenario de la única revolución socialista de la Europa Occidental".
No estoy fabulando, sino repitiendo lo que hace 24 años, en mayo de 1980, dijo Ovidio Gondi en un palco del estadio Azteca (México D.F.), mientras jugaban un partido de fútbol el Cruz Azul y el Monterrey: empate final. Periodista asturiano, exiliado en México, ex redactor de Avance y hombre de confianza del director Javier Bueno; espectador y actor ideológico de aquella difícil etapa socialista, Ovidio Gondi tenía muy claro --casi cincuenta años después-- lo que significó aquel movimiento: una revolución del socialismo obrero.
Pero no el inicio de la Guerra Civil, como pretenden demostrar los fabuladores de anacronismos históricos. En parte, el éxito de estos novelistas de la historia se lo deben a la débil reacción intelectual de la izquierda actual, o de quienes dicen representarla. Una izquierda, prácticamente muda; unas veces, por ignorancia; otras, por conveniencia; casi siempre, por hipocresía. Ha desaparecido del mapa político la izquierda obrera: la de los ateneos y los centros culturales, la que frecuentaba sus bibliotecas, la que asistía a las cátedras de enseñanzas múltiples y la que aplaudía a los oradores de las tribunas. Esta izquierda de ahora se ha quedado muda frente a los provocadores y los polemistas.
* Periodista
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