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El debate sobre la guerra civil española y la conquista retrospectiva del centro
Marco Antonio Esteban - 01-11-2004

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=6979


La actual pugna historiográfica por identificar al culpable de la guerra civil española no se reduce a una mera discusión entre intelectuales. Los autores que intervienen en este debate son instrumentalizados, voluntaria o involuntariamente, en la guerra que libran entre sí los dos principales partidos políticos, apoyados por sus respectivos imperios multimedia. Ya no se pueden contemplar los partidos y los medios de comunicación como entidades nítidamente separadas. Forman un continuo y los directivos de los medios clave participan de manera sistemática en las decisiones de las formaciones políticas en mayor grado que algunos de los miembros de sus ejecutivas. Al fin y al cabo, la consecución del poder en los países que celebran elecciones depende de las ideas que estos híbridos político-mediáticos logran imprimir en la mente de los electores. Y entre esas ideas las relativas a lo que sucedió en la historia ocupan un lugar muy relevante.

Ambos partidos comparten muchas cosas. Constituyen variantes del liberalismo por la derecha y por la izquierda. Sus portavoces en el debate, con pasados generalmente radicales, suelen ser millonarios que trabajan para multimillonarios. Su objetivo final es el mismo: conquistar retrospectivamente el centro político. En el caso de la guerra civil el centro es la legalidad constitucional. La maquina electoral liberal socialdemócrata asegura que fue el bando republicano, en lucha contra el fascismo, el que se ajustó escrupulosamente a la legalidad, aspirando casualmente a un sistema político muy similar al actual: capitalismo puro y duro con leve e inofensiva pátina progresista. Exactamente lo mismo que sostiene la maquinaria liberal conservadora, invirtiendo los términos: el bando nacional era el abanderado de la legalidad y fue empujado a la guerra contra su voluntad por la amenaza de la revolución bolchevique y anarquista.

Lo curioso -pasa a menudo- es que hay una parte de gran verdad y otra de gran mentira en los dos relatos. Es verdad que la mayoría de los integrantes políticamente conscientes del bando nacional era sin duda pronazi, deseaba la instauración de una dictadura fascista y perseguía la eliminación de la izquierda de la faz de la tierra. También es verdad que la mayoría en el bando republicano peleaba por una revolución socialista, comunista o anarquista y, por descontado, la total aniquilación del fascismo. Pero es obviamente falso que la mayoría en cualquiera de los dos bandos apostara por la legalidad liberal vigente.

El problema es que la minoría liberal de aquellos tiempos es ahora abrumadoramente mayoritaria. La revolución ya no es presentable para los viejos socialistas, libertarios y fascistas que hoy gravitan en torno al centro, donde se encuentran los votos. Algunos de los que seguimos pensando como la mayoría republicana de entonces no tenemos ningún problema en reconocer la evidencia de que se buscaba una transformación social radical, pero para los aparatos electorales y los cooptados en las sectas académicas esta verdad es inaceptable. Por tanto el pasado debe cambiar y la minúscula minoría que defendía una posición de centro liberal durante la segunda república tiene que convertirse retrospectivamente en una aplastante mayoría dentro del bando de referencia. Y no les quepa la menor duda: el complejo político-mediático que logre convencer al electorado de que sus antecesores políticos lucharon por la más estricta legalidad constitucional contra las hordas nazis o anarco-comunistas asumirá el poder en el estado español. Para eso son sus herederos.