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La historia, exigencia democrática
Miguel Asensio Guajardo - Tribuna ajena, El Heraldo de Aragón - Agosto 2004




Hasta fechas recientes ha existido un pacto tácito para que el recuerdo de la guerra civil no enturbiara la consolidación del Estado. Ha llegado el momento de que se haga la luz. Por Miguel Asensio Guajardo

"Todavía hoy son muchas las localidades donde es mejor conocido su pasado medieval que el republicano. Condenar al olvido nuestra historia es un fraude ético"

Quien intente reverdecer la triste memoria histórica de enfrentamiento sólo conocerá el fracaso". Con esta frase lapidaria finalizaba su artículo el pasado domingo el catedrático y diputado del Partido Popular Angel Cristóbal Montes. En apretada síntesis lo intentaré resumir. Sostiene que la izquierda se ha esforzado durante los últimos años en hacer posible que se publiquen múltiples libros sobre la experiencia republicana, la guerra civil y la represión. y que ello constituye un error "porque pretende influir en el proceso político español de nuestros días agitando de una manera torpe e irresponsable el recuerdo de lo que hizo una parte de la sociedad española frente ala otra". ¿Cómo debe actuarse, entonces? La solución la aporta también el artículo: "No se trata de olvidar la historia, ni de negar el pasado, sino, sencillamente dé asumir para siempre que aquello es ya Historia".

Es indudable que el profesor ha pretendido en todo momento hacer un análisis en que lo único que ha primado es la, a su juicio, oportunidad partidista de los estudios, sin reparar en ningún momento en la excelencia ni calidad de las investigaciones. No puedo dejar de recordar que Aragón cuenta hoy con magníficos historiadores que han investigado el período, generando espléndidas publicaciones en las que su vocación de divulgar no ha estado reñida con el imprescindible rigor histórico. Alberto Sabio, Manuel Ballarín, Roberto Ceamanos, Julita Cifuentes, MercedesYusta, José Ramón Villanueva, José Luis Ledesma, Javier Lambán, Pilar Maluenda y Jesús Sarría son algunos de los que vienen a mi memoria, y que han seguido el camino iniciado en su día por profesionales de la solvencia de Luis Germán, Julián Casanova, Carlos Forcadell o Enrique Bernad. ¿Sugiere, por lo tanto, el profesor Cristóbal que han sido hábilmente manipulados para, según sus palabras, "reverdecer el triste pasado histórico español, cuya tumba cierta nadie debería hollar ni mucho menor remover"?

Me temo que todo sea más sencillQ. Hasta fechas recientes, ha existido un pacto tácito, nacido con la transición, para que nada enturbiara ni impidiera su consolidación y, en especial, el recuerdo de la guerra civil. Transcurridos veinticinco años desde la Constitución y cuando apenas viven algunos de los protagonistas de aquella época -en la que, a pesar de todo, España vivió su primera experiencia democrática-, ha llegado el momento de que la luz ilumine todo el pasado oculto de nuestra más reciente historia, como señalaba en estas páginas María Teresa Cásedas el 4 de mayo de 2002. La autora sostenía la existencia para con los protagonistas del periodo republicano de "una deuda histórica, de la que nunca se habla, pero para la que urge sobremanera articular un modo honorable con el que lograr su condonación". Y, ciertamente, desaparecida la dictadura y ya con una larga trayectoria constitucional, esa compensación moral a los que fueron primeros adalides de la democracia pasaba, inexorablemente, por conocer y difundir su experiencia política, restablecer su buen nombre y, en muchos casos, saber dónde estaban enterrados sus restos para darles una sepultura digna.

Ante la tesis que defiende que eso es "reverdecer la triste memoria histórica" me uno sin vacilación a la necesidad de "saldar la deuda histórica". Una buena forma de hacerlo es investigar y divulgar aquel período. Porque, todavía hoy, sigue habiendo muchas localidades donde es mejor conocido su pasado medieval que el republicano. Difundir, por lo tanto, el legado republicano constituye, en mi opinión, una exigencia para cualquier demócrata, cualquiera que sea su ideología. "Asumir para siempre que aquello es ya Historia" y condenar al olvido a nuestra historia reciente es lo más cercano a un fraude ético, que encaja a la perfección con las tesis revisionistas a las que se ha sumado con entusiasmo en los últimos tiempos el Partido Popular.

Miguel Asensio Guajardo
es periodista y autor con Manuel Bailarín,
de "Lloviendo piedras. Crónica de la II República y de la represión fascista en Calatorao".