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«El franquismo rechazaba la literatura con fantasías» PALOMA URÍA, AUTORA DE 'EN TIEMPOS DE ANTOÑITA LA FANTÁSTICA'
El Comercio Digirtal - 18 de octubre de 2004

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CRÍTICA. Paloma Uría revisa la literatura infantil de los primeros años de la dictadura. / MARIO ROJAS


La escritora ovetense hace un repaso crítico de los cuentos y novelas dirigidos a las lectoras infantiles y juveniles durante los primeros años de la dictadura

ALBERTO PIQUERO/GIJÓN

Corría el año de gracia de 1958, cuando el padre Juvilla, fraile, por más señas, escribió las 'Rutas de orientación juvenil', en las cuales se aleccionaba con todas las bendiciones episcopales a los adolescentes españoles y a los progenitores que habían de velar por la salud de sus almas. Allí se escribe contra las maléficas influencias del género literario: «Tenles a raya (a los hijos) y veles a la mano para que no se aficionen a las novelas modernas, las que, sobre ser peste social, carcoma del entendimiento y desaguadero pestífero de la inmoralidad, son vanas y ficticias y los convertirán en vanos, ociosos y soñadores». Sin embargo, el cedazo no debió ser tan eficaz como pretendía. Paloma Uría (Oviedo, 1943), profesora de instituto, escritora y diputada en el Parlamento asturiano por IU/BA, rescata a través del libro 'En tiempos de Antoñita la fantástica' el muestrario de lecturas infantiles y juveniles de aquella generación, donde al lado de perlas doctrinales de exaltación del régimen franquista, también se encuentran otras travesías menos plegadas a la normativa del régimen.

-Habla en la introducción de una infancia feliz, cuando los años 40 se caracterizan por la penuria...

-Es cierto, pero en mi caso pertenecía a una clase media relativamente acomodada, donde, además, se nos protegía del entorno para que no percibiésemos los problemas materiales ni, sobre todo, los efectos de la guerra civil. Había un silencio absoluto, aunque intuyésemos por algunas frases enigmáticas los acontecimientos.

-Y en el desván, por así decir, el refugio de la lectura...

-Al releer aquellas historias, me han venido recuerdos por oleadas, olores, personas...

-De las tres protagonistas literarias más conocidas en aquel tiempo -Celia, Antoñita la fantástica y Mari-Pepa-, ¿cuál era la más liberal?

-Sin duda, Celia. Su autora, Elena Fortún, ya escribía antes de la guerra y estaba educada en la mentalidad de la ilustración laica y republicana.

-¿Y cómo pudo colarse en las alambradas de la dictadura?

-Por el editor Manuel Aguilar, aunque, claro, haciendo una literatura muy distinta a la que escribía con anterioridad.

-¿Y Antoñita la fantástica hasta dónde podía fantasear?

-Borita Casas (su creadora) también poseía calidad literaria. Y las obras no terminaban en sermón. El régimen rechazaba la fantasía, quería lecciones de realismo patriótico y, no obstante, Antoñita conseguía escaparse del canon hasta cierto punto.

-Con Mari-Pepa, no hay dudas. Emilia Cotarelo de los Ríos le dio vida en la revista 'Flechas y Pelayos' y los primeros cuentos van de 'Mari-Pepa entre los rojos' a 'Mari-Pepa en la España azul'...

-En la época, era la más leída y, sin embargo, fue la que me costó más trabajo encontrar. Eran cuadernillos de 16 páginas, dirigidos a primeras lectoras, de 6 a 10 años. Carmen Martín Gaite incluso tenía en la memoria una canción dedicada a Mari-Pepa que me entonó por teléfono. Una pena no haberla grabado...

-¿Qué prototipo de mujer sugería esta literatura adicta al franquismo?

-Religiosa, hacendosa, que supiera coser y cocinar, y acaso algo de música. En particular, debía prepararse para el matrimonio. Y excepcionalmente, podía estudiar puericultura o magisterio. Eran precisamente las maestras falangistas que escribían las más fervorosas en predicar la religiosidad y el destino como misioneras. Naturalmente, no había lucha de clases. Los ricos eran ricos por designio divino y los pobres, agradecidos cuando recibían algún favor.

-¿Cuál era el retrato que se hacía de los varones?

-En realidad, muy secundario. Repasando esa literatura escrita para las chiquillas, aparecen muy desdibujados. Se podía llegar a la conclusión de que no había chicos en el mundo. Y no sólo en los textos que iban a ser leídos por las niñas de edades menores, pues ya se supone que no tienen interés por el otro sexo, sino que en las narraciones juveniles las relaciones de pareja apenas se insinúan.

-Separando la paja del trigo, ¿qué escritoras se preocupaban del estilo propiamente literario?

-Hay escritoras buenas. Las que ya citamos, como Elena Fortún o Borita Casas, y Ana María Matute, Dolores Medio (escribió una novela específicamente dirigida a los lectores infantiles, 'El milagro de la noche de Reyes, reeditada en 1994 por KRK), María Luz Morales... Pero lo general es la despreocupación estilística y la atención recae en la doctrina.