Entre la recuperación de la dignidad y la "normalización" historiográfica: el papel de los historiadores y el Foro por la Memoria
Sergio GÁLVEZ BIESCA - Resp. Historia de la Comisión Federal Foro por la Memoria - 05/11/2004
sergiogalvez_biesca@yahoo.es
" Si gran parte de la historia la escriben los vencedores, ¿quién habla entonces en nombre de la mayoría silenciosa?"
M. Parenti, La historia como misterio
“Sin duda, la faceta más atroz de la dimensión reaccionaria y restauracionista de la insurrección fue la represión violenta y sistemática contra el enemigo interno, fehaciente o potencial", de
este modo ha descrito recientemente el siempre ecuánime E. Moradiellos (2004: 116), la planificación y el desarrollo posterior de la política del exterminio por
parte del ejército franquista en la Guerra Civil Española.
Tras más de seis décadas de omisión u olvido, por fin se comienza a hablar de la política de exterminio,
desde la base científica de los estudios historiográficos. No es esta una cuestión baladí, ya que en el lento pero progresivo camino de la normalización historiográfica de
la Guerra Civil hasta no hace mucho tiempo hablar de exterminio
o incluso genocidio, tendía a interpretarse incluso como una falsificación de la historia o como una visión partidista. La proliferación de investigaciones, la apertura de archivos públicos y privados, unidos al movimiento en pro de la recuperación de la memoria histórica, han modificado profundamente los parámetros interpretativos de los historiadores, así como han promovido la concienciación social de la importancia de dicha memoria histórica.
Nos encontramos en el punto de inflexión de este fenómeno.En
los últimos años se ha prestado una especial atención a la memoria y a la historia de la primera etapa de la represión del franquismo (1936-1939). Claro está que era necesario adentrarse y desentrañar lo que ocurrió en aquellos años, pero iniciada esta nueva fase del proceso académico y político-social, se hace imprescindible plantear las nuevas perspectivas de cara a un cercano futuro, así como analizar brevemente el camino recorrido, con sus logros y sus déficits.
Porque la clave de construir una memoria histórica democrática, crítica y reivindicativay
de normalizar una cuestión que desde hace años debería haber sido labor exclusiva de historiadores, reside en entender que si hay un elemento constante a lo largo de la dictadura éste es la represión en todas sus vertientes. No se puede obviar que para Franco y sus acólitos la Guerra Civil no acabó el 1 de abril de 1939, sino muy por el contrario podemos fijar su defunción el 20 de noviembre de 1975: año tras año no se dejó de recordar quienes eran los vencedores y los vencidos. A esto se sumó una amplia herencia de mitos, falsas legitimaciones, propaganda y demás revisionismos históricos, que en nada han ayudado a la tan deseada y buscada “reconciliación" de
las dos españas, representada con la firma de la Constitución y la Ley de Amnistía. De modo que “el único camino posible y aceptable para desmontar la mitologización franquista, y con ello la permanente tentación totalitaria, es la recuperación de la memoria democrática; es la reconstrucción de la memoria histórica a través del análisis pormenorizado de lo que realmente fue, de lo que realmente ocurrió en todos sus detalles y sobre la base de una cuantificación indiscutible" (Reig
Tapia, 1999: 344)
En el largo y tortuoso camino de la normalización historiográfica, desde
las primeras obras de Tuñón de Lara o Pierre Vilar a las últimas investigaciones de Francisco Espinosa, Conchita Mir, Julio Aróstegui, Pere Ysás y un largo etcétera, se han sucedido dos generaciones de historiadores comprometidos con una profesión y unas aspiraciones, quienes se han enfrentado a todo tipo de penalidades y obstáculos. El resultado más palpable de los avances de sus investigaciones estriba precisamente en la reacción en forma depublicaciones, actos y demás que publicistas y apologistas pro-franquistas (a
los que el pacto de sangre firmado en julio del 36 les
ha seguido uniendo tras casi treinta años de la muerte del dictador), nos siguen brindando en los últimos tiempos, con gran éxito editorial, por otra parte. Pero a fin de cuentas el discurso dominante (llámese oficial también) ha tenido que dar cabida a los avances historiográficos que desde finales de la década de los noventa han planteado las fases y características de la primera etapa de la represión franquista. No obstante, ello ha dado lugar a dos tipos de literatura, que con un mismo objetivo o motivos, han producido resultados dispares.
Desde el mundo académico, la proliferación de investigaciones, congresos, actos, e incluso de creación de cátedras de memoria histórica[i],
han clarificado y constatado la planificación y ejecución de una política de exterminio, que a la luz de sus resultados se pudiera denominar genocidio. O en otras palabras, ¿qué historiador hoy puede poner en duda la tesis de Francisco Espinosa ante la cantidad y calidad de datos manejados en la concreción de los hechos materiales, que demuestran la planificación de un plan de exterminio?[ii].
En este sentido, el debate historiográfico serio (que noexclusivamente tiene que salir de las universidades), se ha reconducido por los vericuetos “normales" de
la disciplina. Aunque el camino aún sea largo de recorrer[iii],
y la cuestión de la cuantificación de las víctimas esté abierta y sin determinar con exactitud[iv],
sí se puede dar por concluida o por lo menos definida en sus trazos principales, la literatura generada entorno a la política de exterminio del franquismo. Otra cuestión, claro está, es su difusión editorial.
Al albur del boom del movimiento en pro de la recuperación de la memoria histórica, ha surgido un segundo tipo de literatura no especializada, que poco o nada ha aportado. Publicaciones recientes como la firmada por Marta Núñez (2004), en la que partiendo de la alegre utilización de un marco teórico e histórico bastante inconsistente, han aprovechado el tirón editorial para ofrecer un producto digerible, pero poco recomendable.Los ejemplos de periodistas reconvertidos a historiadores, o escritores tratando el tema con cierta seguridad, arrogancia y distancia, si bien están permitiendo plantear la necesidad de
recuperar la memoria histórica,ha vuelto a introducir algunos clichés o interpretaciones más que dudosas sobre dicho fenómeno.
Pudiera pensarse que con la normalización historiográfica,
la consolidación del movimiento asociativo por la recuperación de la memoria histórica e incluso si tenemos en cuenta la recién creada Comisión Interministerial para el estudio de las victimas de la guerra civil y el franquismo[v],
la cuestión de la represión franquista ha pasado a convertirse en una mera categoría historiográfica. Es
aquí donde se encuentra el nudo gordiano del problema. Tras más de veinticinco años del final de la dictadura y los que le siguieron en el proceso de consolidación de la democracia, la funcionalidad política del pacto de silencio[vi] unida
a la necesaria catarsis del pasado (Ortega, 1994: 47),
no han evitado, tal como era su objetivo, que la actual democracia
haya dejado de tener una deuda ética, moral (añádanse las comillas que se estimen oportunas), jurídica, histórica y económica con todas las víctimas de la política de exterminio del adversario político del
franquismo.
A esto se suma la persistente e irrevocable necesidad de
recordar la Guerra Civil por parte de una derecha aún imbuida de viejos demonios y recuerdos tormentosos, lo que no señala otra cosa, sino que el tema lejos de normalizarse,
sigue siendo motivo de arduos conflictos. De modo que, a pesar
de la imagen mitificada y edulcorada transmitida por los guardianes de la historia oficial, sólo se ha conseguido debilitar las bases políticas, sociales y culturales del país (aquello que se suele llamar los déficits democráticos),
y por otroha tenido un efecto no deseado, al impulsar de facto el
proceso de recuperación de la memoria histórica de las
víctimas de la Guerra Civil.
La Historia se ha mostrado persistente en demostrar que las generaciones necesitan
conocer y saber su historia,y tener en fin su memoria como comunidad. Se
han sucedido más de tres generaciones de españoles desde el fin oficial de
la Guerra Civil, sin conocer ni poder tener acceso a una parte
fundamental y sistemáticamente ocultada de su historia. Aunque a buen seguro serán las próximas generaciones de historiadores las que mejor podrán profundizar en el estudio de la represión franquista, se hace imprescindible ir estableciendo los caminos que conduzcan a fijar la verdad (en minúscula) de los porqués de la Guerra Civil y las consecuencias de la represión franquista.
En este contexto el papel de asociaciones como el Foro por la
Memoria cobran un sentido histórico, social, político, humano y ético. Lo primero que cabe señalar, desde una profunda autocrítica política e histórica, es que este tipo de iniciativas llegan demasiado tarde para decenas de miles de supervivientes del genocidio.Tras
el boom de los primeros años, en el que el surgimiento de varias organizaciones llevaron a una explosión mediática que sería ampliamente aprovechada por asociaciones que sin objetivos históricos (y no hablemos ya de políticos) se han implantando como los falsos referentes,
nacieron la par otras iniciativas más serias y con objetivos concretos. Recorrida ya una primera parte de dicho proyecto, entre una mezcla de esperanzas, miedos e incomprensiones no siempre bien fundamentadas, lo cierto es que hablar hoy de la recuperación de la memoria histórica no
es ya un ejercicio de buenas intenciones o de simples proclamas.
Al igual que sucediera con la historiografía, este tipo de asociaciones han pasado su particular transición, en las que sus primeras preguntas y preocupaciones principales han residido en demostrar física, jurídica e históricamente el plan de extermino del franquismo.
Sólo partiendo de esta cuestión se puede explicar como las asociaciones en pro de la recuperación de la memoria histórica han centrado la mayoría de sus esfuerzos en las exhumaciones de fusilados de la represión inicial del franquismo. En el caso concreto del Foro, la elaboración deun protocolo de actuaciones para las excavaciones[vii],
de equipos interdisciplinares (historiadores, abogados, arqueólogos, antropólogos, psicólogos, documentalistas, archiveros), y de toda una estrategia mediática e informativa se constituyeron en las herramientas para explicar porque hay miles de personas anónimas fusiladas y enterradas a lo largo y ancho de España, a la par que con ello se ha tratado de crear un movimiento político-social fuerte y consistente. A pesar de los muchos errores, el elemento más importante en esta labor ha estado en la recuperación de la dignidad de cientos de familiares, que no tuvieron ni el derecho a enterrar a sus parientes, y que estos fueran reconocidos. Nos encontramos por tanto con un doble asesinato, físico por la dictadura e intelectual por la democracia.
Cumplidos buena parte de estos objetivos políticos, sociales e históricos, los interrogantes ante el futuro son inciertos. En primer término cabría preguntarse si asociaciones como el Foro por la Memoria ¿son un parche o una solución global al problema de la memoria histórica en España?.
Parche o solución la meta es que el Estado se haga cargo de estas cuestiones, contando con las asociaciones, ya que resulta imposible material, económica y físicamente rescatar a los más de 50.000 fusilados que quedan en las cunetas del país. Pero,¿es viable que el actual Gobierno adquiera el compromiso político e histórico que tal tarea conllevará?.Creemos
que no (y esperamos equivocarnos), ya que las buenas intenciones
no pueden ocultar a su vez una intencionalidad política de
querer cerrar por fin las heridas conlos menores costes políticos posibles. Todo ello volvería a cerrar nuevamente la cuestión en falso y a perpetuar un tema en el que en pocos años no habrá testimonios vivos del genocidio.
De igual modo cabe interrogarse, sobre si en el hipotético casode darse tal proceso de recuperación de los cuerpos de los represaliados,¿no nos volvería esto a conducir a un nuevo proceso de desmemorización histórica?.Es
opinión del autor (muy debatible en todo caso), que quizás lo más conveniente para que el recuerdo y la historia de la política de genocidio estuviera presente a lo largo del tiempo esté en reconocer institucionalmente la lucha de los miles de antifranquistas, a la par que recuperar sus nombres, y edificar miles de pequeños monumentos allí donde yacen, que recuerden tal barbarie a lo largo de toda la geografía. Con ello se lograría que las futuras generaciones no olvidaran lo que de ningún modo fue una locura colectiva, ni algo inevitable, sino una acción perfectamente planificada.
Así pues las perspectivas de futuro para el movimiento asociativo de la recuperación de la memoria histórica, y añadiríamos de los derechos humanos, estriban en tres elementos centrales si se pretende construir una memoria crítica y democrática.
En primer término y partiendo nuevamente de la necesidad de estudiar la represión franquista en todas sus vertientes a lo largo de cuarenta años, se hace imprescindible ampliar el marco temporal y temático de las investigaciones y acciones, llegando en esta segunda fase a la década de los años cincuenta,e incluso aprincipios de la Transición. En segundo lugar, se ha de construir tanto teórica como metodológicamente una concepción de memoria histórica, que permita explicar la historia del país, lejos de las visiones maniqueas, mitos o clichés. El tercer objetivo sigue estando en la profundización del factor humano, no sólo recordando a los represaliados, sino recuperando en todo el significado de su lucha, sus deseos y anhelos y su mensaje, y para ello las posibilidades de actuación siguen siendo múltiples, desde la supresión de los símbolos franquistas a la revocación de los juicios políticos celebrados a decenas de miles de antifranquistas. Y dado el caso, ¿por qué no pedir la revocaciónde laLey de Amnistía?.
En resumen, demostrada la política de genocidio del franquismo, e iniciado el largo viaje en la recuperación de la dignidad de las victimas del franquismo, se imponen nuevos retos y preguntas, en este camino entre la historia y la lucha política y social.De lo que no cabe duda alguna es de que el actual presente histórico nos ha conducido a una responsabilidad histórica que
no puede ser pospuesta por más tiempo, ya que como ya observara sabiamente Tácito “Memoriam quoque ipsam cum voce perdissemus, si tan in nostra potestate esset oblivisci quam tarcere"
[i] La
Universidad Complutense de Madrid en julio de este año ha sido la primera en crear una cátedra sobre “Memoria Histórica del siglo XX". Aunque el proyecto nace “cojo"al no contar con el Departamento de Historia Contemporánea de la propia Universidad, y vincularla a través de un convenio con la Asociación de la Memoria Social y Democrática (Amesde), dirigida por Miguel Núñez, si supone un importante paso en el reconocimiento institucional de las propias asociaciones por la recuperación de la memoria histórica.
[ii] Nos referimos a la obra La columna de la muerte de
Francisco Espinosa (2003), y que supone en la amplia bibliografía sobre la represión franquista un punto de inflexión, no sólo por su calidad sino por la demostración palpable de la planificación meticulosa de la política
de exterminio.
[iii] Véase un estado de la cuestión reciente en E. Avilés & S. Gálvez(2003), E. Moradiellos (2003) o en la última revisión de la biografía
de Paul Preston sobre Franco (2004).
[iv] Una
actualización de los últimos datos sobre la cuantificación de la represión en Casanova (2002), así como una primera visión ya superada en Santos Juliá (2000).
[v] Real
Decreto 1891/2004, de 10 de septiembre. Sobre este RD, y a la espera
de su puesta en práctica, se ha de destacar varias cuestiones que nos permitan entender los logros y las taras con las que nace esta iniciativa. En primer lugar el organismo encargado es el Ministerio de la Presidencia, y en su exposición
de motivos declara que su objetivo central es “constituir una comisión interministerial encargada de estudiar la situación de los que, como consecuencia de su compromiso democrático, padecieron actuaciones represivas durante la guerra civil y el franquismo, y hasta la restauración de las libertades democráticas, así como de proponer las medidas, legales o de otro tipo, que resulten necesarias para ofrecerles adecuado reconocimiento y satisfacción
moral", con lo que quedaría delimitado su marco de actuación. No obstante en cuanto a su artículo
2. “Funciones", hay tres cuestiones con las que se puede delimitar
sus objetivos, y donde habrá que estar atento. En el primer apartado,
se pretende elaborar un “informe sobre el estado de la cuestión",
la pregunta que cabe hacerse está en quienes serán los historiadores y demás investigadores a los que se les encargará dicho estudio, y he aquí un tema para comenzar a preocuparse por cuestiones obvias. En el segundo apartado se pretende también
elaborar un informe que permita establecer las condiciones de acceso
a los “archivos públicos y privados", lo que sin duda lo segundo
podría suponer, si el RD se lleva con valentía, un paso muy significativo no sólo a corto plazo, sino a medio y largo. No obstante, queda por preguntarse que sucederá con los fondos documentales aún
no disponibles a su consulta depositados en los archivos militares, y
hasta donde se llegará en su apertura. El tercer apartado a destacar, y es aquí el
punto clave, es el reestablecimiento de la dignidad de los represaliados
por el franquismo: “Elaborar, para su elevación al Gobierno, un anteproyecto de ley en el que se regulen las medidas necesarias para ofrecer un adecuado reconocimiento y satisfacción moral a las víctimas".
La última cuestión importante es el papel que jugarán las asociaciones por la recuperación de la memoria histórica, planteadas en el artículo 3 sección
cuarta: “La Comisión deberá asegurar la audiencia y participación de las asociaciones y organizaciones sociales representativas de las personas afectadas o vinculadas a la problemática
objeto de sus trabajos". Dicho lo cual, se plantean al menos tres interrogantes: ¿quiénes serán las organizaciones seleccionadas por el Gobierno para dicha Comisión?, en segundo ¿qué papel y que funciones desempañarán?, y
por último realmente ¿qué recursos tendrán dichas organizaciones para poder trabajar y hasta donde serán
reconocidas sus funciones?. Véase el decreto en http://noticias.juridicas.com/base_datos/Admin/rd1891-2004.html#a1
[vi] Sobre
esta cuestión véase las obras de Paloma Aguilar (1996, 2002), así como el número monográfico
de Ayersobre Memoria e Historia editado por Josefina Cuesta (1998).
[vii] A
disposición del lector interesado se encuentra el “Manualde actuación para recuperar la memoria histórica.
Protocolo de actuaciones" (www.nodo50.org/foroporlamemoria ).
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