Ponç Feliu denuncia las torturas de Pinochet. El autor de 'L'avi Siset' repasa el cautiverio de Tomàs Nadal, un exsacerdote catalán, durante la dictadura chilena
El Periódico de Catalunya - 11/10/2004
 Ponç Feliu y Tomàs Nadal (al fondo), la semana pasada en Barcelona. Foto: QUIM ROSER
ROGER PASCUAL BARCELONA
"Yo aún confío en la poca afición de las fuerza armadas de este país a gobernar", le decía Tomàs Nadal a Joan Alsina, rodeado por los aromas de un faria y de los árboles de un bosque chileno. "Además, parece que el general Pinochet es de confianza", respondía Alsina. Un mes más tarde, el 11 de septiembre de 1973, los hechos les quitaban la razón y los militares les arrancaban la dignidad, la salud y, en el caso de Alsina, hasta la vida. Ponç Feliu Llansa rescata ahora L'any que va ploure cendra. La peripecia d'un català torturat per Pinochet (Planeta), un libro testimonio que recoge las vivencias de Nadal, un exsacerdote gerundense que, en Chile, descubrió cuáles son los límites del amor y el dolor. Feliu y Nadal se conocieron en una conferencia de Juan Guzmán Tapia en Girona a raíz del proceso abierto por Baltasar Garzón para extraditar a Augusto Pinochet: "Senil nunca lo ha estado para saber si tenía dinero y loco lo ha sido siempre por matar a seres humanos y decir que él no se ocupaba de pequeñeces", afirma Alsina en referencia al exdictador chileno. Al encuentro siguieron muchas horas de conversación y tres viajes al país andino para recabar más información y hablar con antiguos amigos de Nadal; el exsacerdote llevaba 20 años sin pisar territorio chileno, donde llegó por primera vez en enero de 1968 en compañía de Alsina, al que había conocido 15 años atrás en el seminario de Girona. De la mano de Alsina, que le presentó a Isabel, la mujer por la que colgaría los hábitos, se implicó rápidamente en las luchas obreras, hecho que les pasó factura tras el golpe: "No podían soportar que unos extranjeros y curas como nosotros se metieran impunemente en sus asuntos", asegura. Feliu ha intentado diluir la dureza del relato de los dos meses de cautiverio combinándolo con el repaso a la infancia de Nadal, así como su relación con Isabel. "Mis hijas han llorado al descubrir algunas de las cosas por las que tuve que pasar", reconoce. El autor de L'avi Siset ha incorporado también una reflexión sobre la importancia geopolítica de Chile en el momento del golpe de Estado y otra sobre el nacionalcatolicismo imperante durante el régimen franquista.
HERIDAS SIN CERRAR "No hay democracia total en el Chile actual", afirma Nadal, añadiendo que "hay muchas heridas que aún no están cerradas". Mientras Feliu, magistrado del Tribunal Superior de Justícia de Catalunya, no quiere entrar en el tema de si también se deberían de haber depurado responsabilidades por los crímenes cometidos por el régimen franquista, Nadal sentencia que "Fraga tendría que estar juzgado y condenado". Es la opinión de un eterno luchador que todavía tiene "esperanza en que las utopías puedan cambiar el mundo".
|