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113 detenidos en la iglesia
El Periódico de Catalunya - 28/01/2005


Pere Portabella recuerda la operación policial contra la Assemblea de Catalunya reunida el 28 de octubre de 1973 en un templo barcelonés La detención otorgó mayoría de edad a la plataforma antifranquista

RAFAEL PRADAS
BARCELONA

Poco podían sospechar aquel domingo 28 de octubre de 1973 los feligreses de la parroquia de Maria Mitjancera, en la calle de Entença de Barcelona, que su iglesia iba a ser centro de la atención del régimen franquista, de la oposición clandestina y de medios de comunicación de medio mundo.
Unas 150 personas se reunían en el piso superior, premonitoriamente cerca de la cárcel Modelo, en una sesión de la Assemblea de Catalunya, creada para movilizar a sectores populares contra la dictadura. 113 serían detenidas.
Pere Portabella, uno de los dirigentes de la Assemblea, recuerda muy bien aquel día. "Por algún raro instinto salí a dar un vistazo y fui hasta el cruce de las calles de Còrsega y Entença. Al regresar hablé con los encargados de la seguridad y les dije que si ocurría algo me avisasen con discreción para evitar que cundiese el pánico. Y así fue. Cuando me dijeron que fuera estaba la policía, lo comuniqué con la mayor tranquilidad posible a los asistentes. Lo mas urgente era eliminar documentos peligrosos e intentar proteger a los procesados por delitos políticos o huidos de la justicia".

Como en las películas
Unas 25 o 30 personas pudieron escapar. Unos se mezclaron con los asistentes a misa de diez, otros intentaron salir por el tejado y hubo quien le echó imaginación. El periodista Joan Anton Benach que vivía frente a la parroquia recuerda: "Lo que contemplé, sólo lo había visto en las películas. Policías de paisano, con tejanos, perseguían pistola en mano por los tejados de la iglesia a los que querían escapar. Fue una autentica caza del hombre".
Nuria Silvestre se zafó colgada del brazo de una abuelita que salía de misa mientras la pobre mujer le preguntaba: "Joven ¿usted quién es? ¿Por qué me coge del brazo?". Ramon Perelló entró en la sacristía y se puso a limpiar un cáliz. Otros hicieron cola ante un confesionario.
La policía tardó unas dos horas en vaciar el templo. "Una de las cosas más humillantes --explica Portabella-- es que nos hicieron estar de pie, quietos, con las manos en la nuca." Pero el ambiente de camaradería y solidaridad prácticamente prosiguió en la Jefatura de Policía, en el juzgado y por fin en la cárcel.
"La policía quería saber quién había convocado la reunión y que los considerados jefes confesasen formar parte de una conspiración comunista y separatista". Uno de los que peor lo pasó fue Jordi Carbonell, que recibió una paliza por negarse a hablar en castellano. La detención, opina Portabella, "generó una corriente de simpatía y de conocimiento. Fue como otorgar a la Assemblea su mayoría de edad".
En la cárcel, los presos políticos tenían una situación relativamente buena. "Una de las cosas mas surrealistas que recuerdo es a Carles Santos tocando una sonata de Bach en un piano desafinado que había en la biblioteca. Es un acto revolucionario le decía yo".
Los días pasaban con la conciencia de tener la razón y haber contribuido a la extensión de la lucha democrática. El abogado Solé Barberà daba charlas sobre el Estatut de 1932 y un montañero de Terrassa contaba experiencias en el Himalaya. Los días malos, la tensión, llegaron con el atentado contra Carrero Blanco. Había miedo de que la extrema derecha quisiese tener su noche de cuchillos largos, pero la historia acabó razonablemente bien.