Artículos y Documentos

Dos domingos para la libertad. El 1 y el 8 de febrero de 1976, miles de ciudadanos reivindicaron amnistía, democracia y autonomía en el centro de Barcelona
El Periódico de Catalunya - 25/0272005



Despliegue policial Los grises, a caballo por las calles de Barcelona, el 8 de febrero de 1976. Foto: ARCHIVO / AGUSTÍ CARBONELL


Las imágenes de la brutal represión de las manifestaciones dieron la vuelta al mundo 

RAFAEL PRADAS
BARCELONA

Tras la muerte de Franco hubo una lucha más o menos abierta entre sectores continuistas del régimen y partidarios de la evolución y la reforma. Pero era imposible plantear el futuro sin oír la demanda creciente de democracia plena, ni contar con las organizaciones políticas y sindicales clandestinas, un amplio abanico que iba desde la extrema izquierda a la democracia cristiana y los monárquicos.
La izquierda y las fuerzas progresistas y nacionalistas, ante la debilidad del presidente del Gobierno, Carlos Arias Navarro, y de los viejos franquistas, jugaron la carta de la movilización popular. La Assemblea de Catalunya, heterogénea plataforma política y social, puso toda la carne en el asador para salir a la calle y reivindicar llibertat, amnistia i Estatut d'autonomia. Los domingos 1 y 8 de febrero de 1976, el centro de Barcelona se llenó de decenas de miles de manifestantes con banderas catalanas y pancartas, que corearon consignas y desbordaron a la policía, los temidos grises. Cientos de coches bloquearon el tráfico.

Primeras manifestaciones
La primera fue convocada por la Federació d'Associacions de Veïns de Barcelona (FAVB), junto a colegios profesionales, entidades culturales, cívicas y religiosas, la universidad, sindicalistas, intelectuales y políticos.
Lluís Reverter, entonces vicepresidente de la Asociación de Vecinos de Sarrià, explica: "Firmar el documento producía un respeto porque éramos conscientes de jugarnos el tipo, de que el acto era ilegal, ya que el Gobierno Civil no lo autorizó". Para Reverter, que la FAVB convocase el acto "indica que el movimiento asociativo era lo bastante fuerte como para asumir riesgos. Las asociaciones de vecinos jugaban el papel de los partidos e incluso de los sindicatos".
La política llevó mas tarde a Reverter al ayuntamiento, al Ministerio de Defensa y a la Moncloa, pero guarda vivo el recuerdo de aquellas mañanas de 1976 y en especial la imagen de la policía empleándose a fondo en el paseo de Sant Joan contra un pacífico grupo en el que figuraban Marta Mata, Lluís Maria Xirinacs y Ferran Garcia Faria, entre otros. Unas fotos de Manel Armengol publicadas en Time, The New York Times, Le Figaro y Der Spiegel convirtieron la carga en un alegato contra la represión.
La segunda manifestación fue ya convocada directamente por la Assemblea. Según Pere Portabella, uno de sus portavoces, había que "descararse un poco más. La del 8 fue una manifestación más política, con la gente mas entrenada y con una alta moral de victoria".
La abogada Magda Oranich estuvo en las dos: "Fuimos en coche con mis hijos, que eran muy pequeños. Hacíamos sonar el claxon, a ratos bajábamos y nos manifestábamos a pie. Estuvieron a punto de romperme los cristales a porrazos. Pese a la dureza policial, veíamos que algo estaba cambiando. Íbamos a las manifestaciones con ilusión. Éramos conscientes de protagonizar un momento histórico". Cargas a pie y a caballo, detenciones, gases lacrimógenos y balas de goma no lograron frustrar la primera gran fiesta democrática de Barcelona.
El Rey nombró a Adolfo Suárez presidente del Gobierno a primeros de julio y a fin de mes se publicó un primer decreto de amnistía. Quedaba mucho camino por andar.