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Los batallones del general Franco. Foro por la Memoria trabaja ahora por devolver a aquellos hombres la dignidad de la que fueron despojados durante décadas
Algeciras. Europa Sur - 12/04/2005

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f. garcía arévalo. inscripción. Placa en la que se reproduce la inscripción de unos presos republicanos


15.000 hombres conformaban en 1942 los batallones de trabajo que, integrados por presos republicanos, el régimen de Franco mantenía activos en el Campo de Gibraltar

A. F. CABALLERO

algeciras. "Aquí han sido diezmados los soldados pertenecientes a la quinta región batallón número 22, 22 de febrero de 1942". Hace más de 60 años, una mano anónima labró esta leyenda sobre uno de los mojones que jalonan el camino de un recóndito camino de Las Herrizas. El autor de la inscripción fue, sin duda, uno de los miembros de los batallones de trabajo que durante la Guerra Civil y en la inmediata posguerra integraron los presos republicanos. Bajo una férrea disciplina militar, estos batallones se distribuyeron a lo largo y ancho del país como fuerza de trabajo gratuita para todo tipo de obras: pantanos, reconstrucción de ciudades destruidas por la guerra, líneas de ferrocarril, carreteras...El régimen de Franco también cedió a estos trabajadores forzosos a grandes empresas privadas de la época.

José Manuel Algarbani ha dedicado más de un lustro a investigar la Guerra Civil en el Campo de Gibraltar. Este historiador campogibraltareño ha ocupado buena parte de su tiempo a seguir la pista de los batallones de trabajo destinados a la comarca, que, según sus estimaciones, podían estar integrados hacia 1942 por unos 15.000 hombres. La totalidad de estos hombres –militantes de base de organizaciones políticas de izquierda, soldados, en todo caso ningún dirigente político de primera fila– procedían del norte de España.

Alejados de sus hogares e ignorantes de la suerte que les espera, centenares de catalanes, navarros, vascos, asturianos trabajan de sol a sol en las obras de construcción de las fortificaciones costeras del sur desde Conil hasta Guadiaro. "La represión, más allá del castigo físico, era sobre todo social. La sociedad debía saber que aquellos hombres eran rojos, que se encontraban allí para purgar sus culpas. Y en ese castigo, la angustia les acompaña: no sólo mueren en los batallones, sino que se les traslada sin saber a dónde, se les somete a fusilamientos simulados...", explica Algarbani. El historiador ayuda a recrear una jornada cualquiera en un batallón de trabajo. Para cuando comienza a amanecer, los presos ya están en el tajo. Minutos antes ha sonado el toque de diana y han formado en el campo con el brazo en alto. Habitualmente se les obliga a saludar a la bandera y al himno de los vencedores, a acudir a misa, a asistir a charlas patrióticas...

"Dormían en tiendas de campaña o, lo cual no era extraño, en agujeros excavados en el terreno –cuenta Algarbani– Un preso me contó en una ocasión que uno de sus compañeros murió en ese agujero y tuvo que dormir varios días junto al cadáver compartiendo el mismo boquete".

Un viejo catalán, militante del POUM, contó al investigador cómo, durante las noches, si algún preso sentía necesidad de acudir a las letrinas había de pedir permiso al centinela, quien le acompañaba a la zanja que hacía las veces de excusado. Con el fin de controlar cualquier intento de fuga, el preso había de cantar el 'Cara al sol' mientras defecaba a fin de que su carcelero supiera de que continuaba allí. "Él me contaba que por allí, existía una pequeña plantación de habas, las cuales, secas, utilizaban como complemento de su alimentación".

Los batallones de trabajo comenzaron a disolverse en 1943, aunque su desaparición no supuso el fin de los pesares ni de las represalias. Los presos volvieron a sus casas con el estigma de haber sido "rojo", una marca que condicionaría toda su vida. Algarbani revela que todavía en los años 50, 60 vecinos de Jimena estaban obligados a personarse diariamente en el cuartel de la Guardia Civil.

Muchos de aquellos presos republicanos se establecieron, tras su disolución en la comarca. El relativo anonimato y las posibilidades que ofrecía el pequeño contrabando para garantizar la supervivencia en una España desolada por la guerra movieron a estos republicanos represaliados a renunciar al retorno a casa.

Los autores de la inscripción de Las Herrizas permanecen, y probablemente permanecerán para siempre, en el anonimato. La asociación Foro por la Memoria trabaja ahora por devolver a aquellos hombres la dignidad de la que fueron despojados durante décadas y que jamás, ni tan siquiera tras 1975, les fue devuelta. Esta misma semana la entidad dedicaba un gesto a la memoria de aquellos trabajadores forzosos con la presentación de una reproducción de la leyenda descubierta en Las Herrizas.

"Queda mucho por hacer todavía, pero para conseguir que esa recuperación de la memoria sea completa es necesaria la implicación de las autoridades. Hoy por hoy, los homenajes se limitan a levantar estatuas y monumentos, pero eso no basta. Es preciso que los gobiernos apoyen la investigación histórica hecha con rigor", reclama Algarbani.

Los planes del Generalísimo para invadir el peñón de Gibraltar

Las construcciones levantadas por el gobierno del general Franco en el Campo de Gibraltar formaban parte de los planes urdidos por los estrategas del régimen para invadir el Peñón de Gibraltar. Ésta es la tesis que sostiene el investigador José Manuel Algarbani, quien explica que Franco presentó estas fortificaciones ante la comunidad internacional como meras construcciones defensivas. Unos informes secretos recientemente desclasificados permiten a Algarbani avalar documentalmente su teoría. "Lo que yo demuestro es que esas fortificaciones se construyeron con la intención de invadir Gibraltar. Unos informes de agosto de 1939 así lo confirman. En estos documentos se insta a 'mantener la ficción' de que estas obras de fortificación tienen un carácter defensivo", revela el historiador.

Según Algarbani, las intenciones de Franco serían las de entrar en la Guerra Mundial con un Peñón bajo dominio español y, de este modo, poder negociar con el aliado alemán en una posición de fuerza. La evolución del conflicto, con la debacle del ejército de Hitler en Rusia, habría hecho reconsiderar este proyecto inicial. "Después, Franco mantuvo la ficción de que desde un principio abogó por la neutralidad", asegura Algarbani.