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CLEA KOFF, ANTROPÓLOGA FORENSE. «Siento que les soy útil a los muertos»
El Correo Digital - 6 de enero de 2005

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TRAGEDIA. La forense, en el centro, trabaja con otros expertos en la exhumación de una fosa común en la antigua Yugoslavia. / EL CORREO


«Un genocidio no es un estallido de odio sino un hecho planificado», dice la autora de 'El lenguaje de los huesos', donde narra su trabajo para la o­nU en Ruanda y Yugoslavia

LEIRE FERNÁNDEZ/BILBAO

Lo primero que llama la atención en ella son sus ojos. Grandes, profundos, hermosos. Muy poca gente imaginaría que han visto la vida y la muerte casi a partes iguales. Hija de madre tanzana y padre norteamericano, Clea Koff (Londres, 1972) investigaba esqueletos prehistóricos en California cuando recibió una llamada del Tribunal por los Derechos Humanos de Naciones Unidas para investigar los genocidios en Ruanda y la antigua Yugoslavia en su calidad de antropóloga forense. No dudó en dar una respuesta afirmativa. Quizá pesara en su ánimo una infancia donde aprendió a conocer las injusticias y la necesidad imperiosa de restaurar la legalidad, a través de los documentales sobre derechos humanos que realizaban sus progenitores.

Ahora, a sus 32 años, Koff ha participado ya en siete misiones. Le satisface saber que puede ser «útil a los muertos» devolviéndoles una identidad y encontrando pruebas que incriminen a sus ejecutores, y a los vivos, al facilitar que recuperen los cadáveres de sus familiares asesinados. Hoy, cuando decenas de miles de cadáveres de víctimas del maremoto esperan a ser identificadas en Asia, plasma en 'El lenguaje de los huesos' su experiencia en el epicentro del crimen y del terror.

-La pregunta es obligada: ¿se acostumbra al horror alguien que convive con él? ¿Le siguen marcando las misiones como al principio?

-Desde la primera, en Kibuye, Ruanda, me di cuenta de que, mientras nosotros estábamos en la tumba, sirviendo a la muerte, también afectábamos a la vida de los familiares que estaban allí arriba, rodeando la fosa. Me afectó porque se trataba de algo imprevisto: la mayoría de los antropólogos forenses nunca ven a las familias de los cuerpos que examinan. Tocar el brazo de una mujer que ha reconocido una chaqueta, pero no cualquier chaqueta sino la que viene de un muerto, y no cualquier muerto sino uno que tú has exhumado de una tumba, es abrumador emocionalmente. Colocar mi mano en su brazo era un pequeño intento de decir 'lo siento'.

-¿Hay diferencias entre los genocidios?

-Sí, en la medida en que una tumba contiene diferencias respecto a otra. Lo único idéntico en cada país es el sentimiento que te asalta cuando desentierras la primera parte de un cuerpo y caes en la cuenta de que bajo tus pies puede haber muchos más, que los exhumarás y los escucharás en una situación que los autores nunca imaginaron, porque nunca pensaron que encontrarían los cuerpos.

-Usted dice que los huesos hablan. ¿Cómo reconoce su lenguaje?

-Los antropólogos estamos entrenados para observar el cuerpo humano y averiguar lo que ha sucedido para que sufra determinados daños. Además, en mi caso ocurre que, cuando estoy con un esqueleto, siento que lo escucho. No veo un montón de huesos, sino, por ejemplo, a una mujer de 40 años con algunas caries, que lleva un collar y que fue golpeada en la cabeza por detrás. Ella me dice estas cosas. Es una interacción. Nuestro cuerpo recuerda algunos hechos de nuestra vida, historias que están ahí para ser dichas a quien pueda escucharlas.

-¿Qué resultados busca?

-Lo que el Tribunal necesita saber es cuánta gente había en las tumbas, cuántos hombres, mujeres y niños y cómo murieron. Es decir: saber si ha habido un crimen contra la Humanidad o muertes en combate.

-¿De qué manera lo determina?

-El concepto de genocidio es legalmente definido como el intento de suprimir a un grupo en su totalidad o en parte. Los cuerpos revelan el contexto en el que ha ocurrido su muerte y así los procuradores del Tribunal pueden ver si son crímenes contra la Humanidad y no consecuencias de la guerra.

-Usted cuenta que su motivación inicial para investigar las masacres fue la de dar voz a quienes habían sido silenciados. ¿Sigue pensando igual?

-Sí, sólo que ahora veo la Justicia en diferentes niveles. La Justicia viene para devolverle a un cuerpo su identidad e incriminar a los asesinos. Luego, está la Justicia de los tribunales y de los libros de Historia. Por último está la justicia para las familias, que pueden conocer lo que ocurrió con un pariente y recuperar su cuerpo.

-Además de realizar las autopsias, ustedes localizan las fosas comunes. ¿Ayuda eso a tener una visión más amplia del crimen?

-Sí, porque la escena del crimen expone cómo los autores hicieron su 'trabajo' con arrogancia, sin eliminar las evidencias de que las víctimas eran civiles. En 1999, en Kosovo, sí encontramos en cambio indicios de que habían querido enterrar o calcinar a los muertos. Y eso también es importante porque indica que los asesinos tenían conciencia de que estaban cometiendo crímenes. Si hubieran sido crímenes de guerra no se hubieran encargado de enterrar los cuerpos.

-¿Qué diferencias percibe entre las víctimas de Ruanda y Kosovo, y las de masacres como el 11-S o el 11-M?

-Hay similitudes, como que los familiares han perdido a alguien de repente de manera violenta y que pueden tener o no un cuerpo sobre el que lamentarse.

-¿Qué método de defensa usa un forense para no dejarse llevar por los sentimientos?

-Las muertes te afectan, especialmente si eres como yo, que pienso en los últimos momentos de esas personas y en sus familias, esperándolas. En mi trabajo debo dejar de lado estos sentimientos. Pero si veo en las noticias a una mujer que busca a su marido desaparecido hace nueve años en Srebrenica, se me saltan las lágrimas. Tampoco intento detenerlas. La empatía es buena. Te ayuda a hacer tu trabajo con respeto.

-¿Qué lleva a una sociedad a cometer un genocidio?

-El genocidio no es un estallido espontáneo de odio. Es un hecho planeado, organizado por unas cuantas personas con poder. Preparan a un colectivo para que perciba a otro como que puede matar o ser matado, y después ofrecen a sus miembros cosas que poseen esos rivales y que ellos raramente tendrán en su vida normal: un caballo, tierra para arar, equipos electrónicos

-El recurso a los asesinatos masivos y su mecánica van unidos a las guerras desde antiguo.

-He visto fotografías sobre las fosas comunes del Holocausto y no hay mucha diferencia con las de hace una década. Aunque, desde que los forenses han entrado en la conciencia internacional, parece que hay un mayor esfuerzo por ocultar los cuerpos y las evidencias.

-¿Qué siente cuando un tribunal condena a un genocida gracias a su trabajo?

-Nosotros estamos en la base de la pirámide de la Justicia. Las evidencias forenses son el primer paso para cualquier juicio por asesinato. Son las pruebas, sin opinión ni ideas políticas, sólo los hechos. Puede parecer poca cosa, pero no lo es. Las tumbas que exhumamos muestran las evidencias de los crímenes que los autores niegan. Siento que les he sido útil a los muertos.

-¿Qué planes tiene para el futuro?

Quiero crear una agencia sin ánimo de lucro en los Estados Unidos que establezca un enlace entre aquellas familias donde hay adultos desaparecidos y las oficinas de justicia que tienen miles de cuerpos sin identificar guardados en frigoríficos o en fosas comunes sin nombre.