Memoria Histórica. FACIL Y DIFICIL FRANCISCO GARCIA-CALABRES. ABOGADO
Diario de Córdoba - 27/01/2005
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Hoy se cumplen seis décadas de la liberación del campo de exterminio de Auschwitz. Recuerdo de una visita a Dachau los barracones sobrios y sombríos, las torretas vigías, las alambradas entrecruzadas de espinos, los hornos crematorios, y el silencio sepulcral, estremecedor, reverente, solemne de un lugar de martirios, de sufrimientos humanos y de injusticias inhumanas. Y junto a los recuerdos, el testimonio de los supervivientes, las fotografías en blanco y negro y las imágenes de las fosas y los cuerpos, resuenan las palabras de Kofi Annan reconociendo ante la onU que el mundo ha fracasado a la hora de evitar nuevos genocidios como lo certifican matanzas en Camboya, Ruanda, Sudán o la ex Yugoslavia.
No se confundan, la población alemana de los años treinta no era tan diferente a todos nosotros por duro que resulte reconocerlo, baste observar el euskobarómetro. El holocausto no se improvisó en unas semanas ni se exterminaron a cerca de seis millones de personas sin que nadie lo supiera. Lo fueron haciendo poco a poco, con leyes discriminadoras, con criterios racistas, confiscando bienes de los que otros se enriquecían, contaminando a la opinión pública, creando prejuicios...
Hoy tal vez no necesitamos la fuerza de los ejércitos para dominar el mundo, bastan con el poder de las multinacionales, ni de los hornos crematorios para aniquilar al adversario, para ejercer la discriminación en cualquiera de sus formas. Hay muchas maneras de holocausto, de matar sutil y civilmente a las personas, de negarles derechos, de excluirlos socialmente, de invisibilizarlos públicamente, de calumniarlos y condenarlos a la postración. Recuerdo los versos de Bertold Brech, ya saben, vinieron a por los curas, los negros, los comunistas, los judíos... y como yo no lo era; cuando vinieron a por mí ya era demasiado tarde. Señalaba recientemente en una entrevista José Luis Sampedro su estupefacción ante la indolencia colectiva por la mentiras de la guerra y los atropellos públicos, por las manipulaciones mediáticas y la agresión a los valores morales más esenciales. Fue Luther King quien nos alertó sobre el gran peligro de nuestro tiempo, que no está en la perversidad de los malos, sino en el silencio de los buenos.
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