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Europa, Constitución y manipulación (I)
Emilio Sales Almazán




Tengo la sana costumbre de no creerme todo lo que me cuentan y, si como es el caso, son “todos" los que me cantan loas y alabanzas sobre el llamado “Tratado por el que se establece una Constitución para Europa", en definitiva el pensamiento unidireccional, una inquietud me dice que me están engañando o, como poco, no me están diciendo la verdad.

En los escasos momentos en que uno puede contemplar la llamada “caja tonta" contemplo como las informaciones que debían dar sobre ese tratado solo se dedican a, bien relatar tal cual los artículos “más llamativos" (esos que endulzan oídos) del texto, o hablan, y no paran, de las maravillas que la promulgación de ese compendio nos va a reportar.

Al finalizar el informativo de la noche de la llamada televisión pública se da la palabra a los ilustrados que nos explican cuales son los entresijos del articulado. “Casualmente" los dos ilustres declamadores coinciden (¿coincidencia?) en el apoyo al texto. ¿No hay nadie que al menos ponga en duda esos conceptos? Haberlos los hay, interés para que se conozcan, pocos.

Uno de los intervinientes, el Sr. López Garrido, pionero del pesebre común, habla a favor del texto, el otro, el Sr. Elgorriaga, integrante del las huestes populares, coincide en la aprobación del texto. Estos últimos no son de hecho europeístas de cuna, en épocas pasadas defendían la idea de España como “reserva espiritual de occidente". Los primeros no son de esta cuerda, pero en sus filas hay alguna voz (matizada o con sordina) como la del Presidente del Parlamento europeo, Sr. Borrell (cuidado con él) que declara sin el mínimo rubor que el texto del tratado es imperfecto pero que dentro de cincuenta años se puede reformar. ¡Medio siglo!, cuando eso sucediera, algunos, el Sr. Borrell incluido, estaremos calvos.

El tratado nace con grandes carencias democráticas. La propuesta ha sido redactada por una Convención cuya composición y mandato, como ya ha sucedido en otros Trataos anteriores, son resultado de la decisión de los jefes de estado y de gobierno de la Unión Europea.

Esta Convención solo se reunió en plenario, durante los 15 meses que duraron los debates, una o dos veces por mes (a media jornada y, es de suponer, con salario integro). La voz la llevó un llamado Presidium, reducido grupo de doctos (12 personalidades) capitaneados por el otrora líder de la derecha francesa Valery Giscard D’Estaing, y donde tuvo presencia otra “emigrada" de la derecha española, Loyola de Palacio.

El expresidente de la Republica francesa, aplicó un curioso método en las sesiones de este comité, y fue el de no votar (cuestión claramente democrática) y se reservó la interpretación de los consensos alcanzados. En la práctica, de hecho, fueron él mismo y los propios ejecutivos de los Estados que los habían nombrado quienes se hicieron con el monopolio del poder de apertura y cierre de la reforma, manteniendo el control cerril sobre los canales de participación que tímidamente se habían abierto para esta ocasión.

Entre los más de cien miembros de la Convención se presentaros más de 1000 enmiendas, pero nunca se votaron y fue ese Presidium (los autoproclamados sabios) quien se erigió con la prerrogativa de la iniciativa y acabó imponiendo el consenso.

Realmente NO se puede considerar un proceso constituyente, como el que nos están vendiendo, democrático con las carencias que desde su inicio se han producido. Realmente NO.

Hasta aquí lo que sería una visión general de las primeras razones para decir NO a este Tratado. Y como máximo representante del Parlamento Europeo, habría que decir al Sr. Borrell, que no queremos democracia en porciones, o se edifica una carta con las necesarias reivindicaciones sentidas por la mayoría de la ciudadanía, o no nos sirve. Europa SI, pero no ASÍ. Otra Europa es posible.

Talavera 25 de enero de 2005. 

Emilio Sales Almazán
(Miembro del Consejo Político Provincial de Izquierda Unida)
Talavera - Toledo