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Fernando Olmeda . «El régimen franquista persiguió a sangre y fuego a los homosexuales»
La Nueva España - 15/03/2005

http://www.lne.es/secciones/noticia.jsp?pIdNoticia=269602&pIdSeccion=31&pNumEjemplar=849


Fernando Olmeda.


«Los presos políticos, embarcados en luchas ideológicas, no les tenían ningún aprecio»

Elena FERNÁNDEZ-PELLO

Fernando Olmeda (Madrid, 1962) es un rostro familiar para los espectadores de los telediarios del fin de semana de Telecinco. También es el autor de «El látigo y la pluma», un libro que ayer presentó en Foro Abierto y en el que ha echado mano de sus recursos periodísticos para sacar a la luz las historias de quienes vivieron su condición de homosexuales durante el régimen franquista que el define como «castrense y castrador». Algunos de sus protagonistas, dice, aún sienten miedo y sus heridas más hondas no son las producidas por las torturas sino las de la humillación social a las que se les sometió.

-¿Cuáles fueron sus motivaciones para escribir este libro?

-He querido investigar en otros terrenos del periodismo. Además fue iniciativa de Anaya, dentro de la colección «La buena memoria». Hasta ahora, se habían escrito libros de temática gay y lésbica pero minoritarios, desde la militancia o el victimismo. A mí me interesaban las luces y las sombras, las historias de persecución, y también las de supervivencia.

-No hay morbo ni más dramatismo de lo imprescindible en estas historias.

-He querido ser sólo un intermediario. Las historias aparecen tal y como han sido contadas y sus protagonistas consideran que ha llegado el momento de hablar, de recuperar la dignidad y la memoria. La transición postergó muchos asuntos y éste es un buen momento para ser escuchados.

-¿Por qué perseguía a los homosexuales el régimen franquista?

-A los primeros que liquidó el franquismo fue a los leales a la República, pero a Franco no le bastaba y siguió con el control de la moral social, que respondía a la alianza con la Iglesia católica, un acuerdo interesado y la base del régimen: una España de espada y sacristía. Hay un hecho muy significativo: antes de las Navidades se retiraba de la calle a las prostitutas y a cualquiera con un poco de «pluma», por higiene social.

-Ha hablado en alguna ocasión del homoerotismo latente de aquel régimen.

-Había prácticas homosexuales, que para mí tienen carácter de normalidad, y abusos sexuales. Se persigue a sangre y fuego lo que el régimen permite internamente, se ceba en los débiles. Cuando en la Policía se detectaba un caso de homosexualidad, se arreglaba con un traslado. Preston habla de «Paca la Culona», sobrenombre que daban a Franco algunos militares, que se mofaban de su voz atiplada y sus manos finas.

-Es decir, que entre las clases acomodadas la homosexualidad se toleraba.

-Todo es consecuencia de la doble moral. En los primeros años del régimen estaba instituida la figura de la querida, una doble moral que se extiende a todas las conductas. Se hacía la vista gorda con el artisteo. En los años cuarenta se apaleaba a Miguel de Molina, luego se les tolera y, como en el caso de Luis Mariano, servían para mostrar el carácter abierto del régimen. Muchos artistas homosexuales hacían las delicias de Franco en El Pardo el 18 de julio.

-En las detenciones, ¿a qué leyes se apelaba?

-A la de Vagos y Maleantes hasta los años setenta y después a la de Peligrosidad y Rehabilitación Social. Al principio se les detenía no por ser homosexuales sino por prostitución, robo..., luego se considera que la práctica homosexual es un delito y después que lo es ser homosexual. Las detenciones las realizaban la Guardia Civil y la Policía de la forma más sencilla: te veían o alguien te delataba. La sospecha era suficiente.

-¿No se exigían pruebas?

-No, eran frágiles, estaban desarmados. Bastaba con frecuentar un bar, un ademán... y era más peligroso en los núcleos pequeños.

-Era más fácil sobrevivir en las grandes ciudadesÉ

-Sí, y había grandes diferencias entre el Norte y el Sur. En el Sur el mariquita era un rol social aceptado, un objeto de burla. El fenómeno de la emigración del campo a la ciudad es muy interesante. Escapaban a las grandes ciudades y encontraban en ellas espacios de relación.

-¿Emigraban a Europa?

-Lo que hubo fue muchos solteros que se fueron y en aquellos países encontraron una atmósfera que les permitió descubrir sus tendencias sexuales.

-¿Cómo era la relación en las cárceles entre los homosexuales y los presos políticos? ¿Encontraron apoyo en ellos?

-No les tenían ningún aprecio. Ellos estaban embarcados en una lucha ideológica y no admitían ninguna debilidad que pudiera abrir una vía de ataque.

-¿Y el lesbianismo?

-No había más educación que la sexual reproductiva, no había lenguaje para hablar de ello ni referentes sociales, ni lugares donde ir, ni podían cruzar la frontera. El descubrimiento de la homosexualidad se hacía de modo íntimo, en el colegio o la familia. Eran nubes que nos venían, decía una mujer con la que hablé.