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Leoncio, una vida que es la bomba. Un pastor de Alles tiene «imán» para encontrar proyectiles de la guerra civil perdidos en el monte
La Nueva España - 22/04/2005

http://www.lne.es/secciones/noticia.jsp?pIdNoticia=282412&pIdSeccion=40&pNumEjemplar=886


Leoncio Soberón Villar, en su casa de Trespalacios.


Alles (Peñamellera),

Lluvia PÁRAMO

La vida de Leoncio Soberón Villar es la bomba. Parece que este pastor, que vive en Trespalacios, un barrio de Alles (Peñamellera Alta) tiene cierta facilidad para encontrar artefactos explosivos de la guerra civil española. Tiene imán.

Es un asunto que debe resultarle hasta cotidiano, pues la semana pasada, en el transcurso de una conversación con un guardia civil de la zona, recordó que hace cuatro años encontró una bomba en el monte y, tras ocultarla protegida en un lugar lejos del paso humano, donde a nadie pudiera dañar, la dejó allí. Sin embargo, una vez puesto el caso en conocimiento de la Benemérita, está previsto que en los próximos días efectivos del grupo especial de desactivación de explosivos (GEDEX) de la Comandancia de Gijón suban a retirar o a detonar la bomba que se «olvidó» Leoncio. El proyectil de Leoncio es alargado y del tamaño de una mazorca de maíz. Pesa aproximadamente un kilo.

Este ganadero de Peñamellera, que reside con Antonia, su mujer, y con Manolo, el único de sus tres hijos, que es soltero, conoce el Cuera como la palma de su mano. Ha pasado toda su vida -cumple 70 años el próximo agosto- ocupándose del ganado en esta serranía. Actualmente está jubilado, pero sigue subiendo a Llabándames, el puerto de Alles, una o dos veces al día.

Hace cuatro años, bajaba del puerto de Ruenes por la vega Hilera con dos yeguas que había tenido que ir a buscar hasta allí. «Una de las yeguas dio un resbalón y levantó unos tapinos. Yo vi rodar algo parecido a un bote de pimientos, lo miré y vi que era una bomba», explica el pastor.

Leoncio cogió el artefacto con mucho cuidado y caminó con él unos kilómetros. Después, por miedo a que le pudiera explotar en las manos, decidió esconderlo en el monte para que nadie lo pudiese localizar y sufrir lesiones. Ocultó la bomba, tapándola bien con tierra, hojas y piedras, en algún paraje de la sierra del Cuera que no quiere desvelar por seguridad. No quería que quedara a la vista, que nadie pudiera herirse.

El hallazgo, aunque inusual, no le cogió por sorpresa. «No es la primera vez que encuentro bombas de estas. De joven encontré una granada que intenté estallar con las manos dentro de un torco, pero al tirar de la anilla, esta se partió y no explotó», recuerda.

En otra ocasión, estaba con un amigo que se había encontrado otra bomba por el monte; este último la estaba manipulando y la bomba explotó. Leoncio todavía tiene metralla en el vientre, y a su amigo le faltan tres dedos de una mano. «Después de la guerra se encontraban por esta zona muchas bombas», asegura.

Pero, pese a las bombas, su vida no es la bomba. Leoncio asegura que ha tenido «una vida mala, de cabras». Este pastor, aunque está jubilado, se levanta todos los días a las siete de la mañana. Se va al monte, a atender los animales, y regresa a su casa a las nueve y media o diez de la noche. En verano, la vida cambia. Vive en el puerto atendiendo el ganado y baja por las mañanas a la hierba. Su mayor preocupación, en estos momentos, son los lobos. «Hay tres o cuatro lobos por esta zona. Nunca, hasta este año, venían los lobos del parque para acá. Yo creo que los soltaron», comenta el pastor.

Sólo ha conocido el trabajo. Estuvo un año en Madrid, trabajando en una empresa que hacía cafeteras y molinillos de café. El hacía los cromados, que era en lo que más dinero se ganaba debido a los gases que se desprendían. Pero tuvo que dejar la ciudad: «No me encontraba; si no vengo para aquí, me muero», asegura. Aprovechó las vacaciones para quedarse en su Alles natal para siempre.

Este pastor tiene dos aficiones. Una de ellas, los bolos, ya no la practica, porque, según él, «en Alles murió la afición a este juego». Antes jugaba al bolo palma. Su otro hobby es la caza. Durante toda la temporada, sale con su cuadrilla los sábados y algunos domingos a matar jabalíes. Antes sí disparaba, pero ahora está de montero, con los perros.