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Gijón. «Aquí torturaron a mis padres» Un centenar de antifranquistas coloca una placa en la antigua Comisaría de la calle Cabrales para recordar la represión
La Nueva España - 30/01/2005

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José Luis García Rúa, con Boni Ortiz a su izquierda, se dirige a los participantes en la instalación de una placa en la vieja Comisaría de la calle Cabrales.


J. L. ARGÜELLES

«El próximo serás tú, si no te portas». Es el remate de un texto del catedrático emérito, filósofo y conspicuo anarcosindicalista José Luis García Rúa que cuelga desde ayer de los deslucidos muros de la Cámara Oficial de la Propiedad Urbana, a un paso de la iglesia de San Lorenzo, uno de esos inmuebles que forman parte de la topografía oscura de la ciudad: la Comisaría en la que la Brigada Político Social interrogó y apaleó a numerosos gijoneses por sus actividades antifranquistas.

Algunos de ellos se acercaron ayer hasta la calle Cabrales para fijar en el edificio, contra toda tentación de deslizar hacia el olvido lo que debe pertenecer a la memoria colectiva, una sencilla placa en la que las palabras de García Rúa, presente en el acto, relatan la historia terrible de la muerte de «un hombre joven que hacía resistencia / a pronunciar la clave delatora, / que el brigadista de la Social buscaba».

Una placa sencilla para un acto sin representación institucional, sin coches oficiales, a pie de acera, con algunos recuerdos desnudos que hiló el filósofo para «la taquillera del Goya» o para un tal Melquiades, que se volvió loco después de ser torturado en aquellos sótanos de la calle Cabrales. «Todo esto pasó, y mucho más, aunque la gente permanezca impasible, como si no hubiera ocurrido nada», subrayó García Rúa, para quien estos «ejercicios de la memoria» deben extenderse «a toda la nación» para recuperar la «dignidad» nacional. «Lo que hicieron, aquí en Asturias, Ramos o, en Cataluña, Creix (dos de los miembros más conocidos de la Policía política del franquismo) es inenarrable».

Junto al profesor, intervinieron el médico psiquiatra Guillermo Rendueles Olmedo y Boni Ortiz. «Es una placa distinta a las habituales y un acto contrario a esos en los que hay colección de ganapanes», explicó Rendueles, para quien esa placa «instalada por el pueblo, sin permiso», es un símbolo «contra los caminos de servidumbre» y «trata de desvelar una parte de la memoria». «Aquí se torturó», añadió.

Rendueles comparó la situación tras la muerte de Franco, en 1975, la posterior restauración monárquica y la pactada transición hacia la democracia, que supuso la renuncia a investigar sobre las actividades policiales y judiciales del franquismo en la represión política, con «esos secretos de familia». «Aquí parece que nunca hubo "sociales" y que nunca se torturó a nadie; esa libertad nos tiene que saber amarga», señaló, para encadenar: «Frente a esa geografía de la sumisión hay que desvelar la realidad». El poema «Masa» de César Vallejo, el autor de «España, aparta de mí este cáliz», rubricó su intervención.

Boni Ortiz explicó que la idea de colocar la placa surgió de «gente que estuvimos detenidos aquí». «Es para que no se nos olvide la perversión de algunos edificios». Y, más adelante, un recuerdo preciso: «Abajo, donde hoy se dan los pisos de protección oficial, estaban los calabozos». Entre los participantes en el acto, el secretario general de la Corriente Sindical de Izquierda (CSI), Juan Manuel Martínez Morala, quien subrayó que la Comisaría siguió en la calle Cabrales hasta principios de los años ochenta. Más allá, una mujer que dice emocionada: «Aquí torturaron a mi madre y a mi padre».