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Un vergonzoso pasado
Por: Tania Enríquez Mier / OEM - 28 de Enero de 2005 - El Sol de Zacatecas

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Hay episodios trágicos sellados en nuestra Historia que jamás debieron  acontecer. Conocerlos nos forja una conciencia, saberlos nos produce vergüenza y recordarlos es el mejor antídoto para que no vuelvan a ocurrir, porque un pueblo que olvida su historia está condenado a repetirla.  Hace 60 años, el 27 de enero de 1945, el ejército rojo soviético liberaba a los 8,000 supervivientes del campo de concentración de Auschwitz, en Polonia, y descubría con horror la ‘fabrica de la mueÃrte’ construida para exterminar sistemáticamente a todos aquellos seres humanos que el nazismo había decretado como sujetos de extinción: los judíos principalmente, seguidos por los gitanos y los homosexuales. De 1933 a 1945, seis millones de judíos serian aniquilados en el holocausto. Auschwitz es el recuerdo de la crueldad humana y de la pesadilla hecha por el hombre que, embrutecido por su fanatismo, comete las peores atrocidades.

Los campos de concentración se construyeron por toda Europa para recluir a los enemigos del régimen nazi. Pero más tarde se edificarían otros centros con un nuevo matiz: no se trataba de campos de concentración o prisiones meramente, sino de áreas de exterminio para poner en práctica la ‘solucion final’, es decir, el asesinato de 11 millones de judíos. Si bien en otros campos de exterminio como   Buchenwald, Dachau o Mauthausen  se cometieron un sinnúmero de atrocidades, fue en Auschwitz  donde se llevó a cabo la aniquilación del mayor número de judíos, un poco más de un millón. Las denominadas ‘fabricas de muerte’ lo era de verdad, pues al entrar en una de ellas se sabia que no se saldría vivo jamás. La construcción de los crematorios para gasear y cremar a los prisioneros representó el primer genocidio planificado y organizado en la historia de la humanidad.  Desde 1942 y hasta 1944, llegaron a Auschwitz trenes re¦pletos de miles de deportados provenientes de toda Europa, muchos de ellos, ancianos y enfermos,  trasladados directamente a las cámaras de gas.  Al no darse abasto, el régimen nazi mandó construir otros cuatro crematorios, de los cuales se piensa que en pleno rendimiento llegaban a matar hasta 5,000 personas diariamente.

Sin embargo, el avance significativo de las tropas rusas en  Polonia, obligó a los alemanes a retirarse y evacuar a los prisioneros hacia otros campos de concentración. De este modo, 11,000 personas débiles y atemorizadas hubieron de emprender la  llamada ‘marcha de la muerte’ de una prisión a otra: la cuarta parte de los trasladados murió en el camino por cansancio, frío, desnutrición o enfermedad, o simplemente por las balas de sus custodios. La llegada del ejército ruso a Auschwitz puso fin a los exterminios masivos y liberó al pueblo judío de un infierno impresionante: un verdadero Holocausto.

Marcados de por vida por un tatuaje que indicaba su número, y uniformados con sus trajes de rayas que exhibían la estrella de David, las fotos de los prisioneros de Auschwitz quedaron grabadas en nuestra memoria. ¿Cómo olvidar aquellos cuerpos consumidos por el agotamiento, la enfermedad y el hambre reflejando el vacío en su mirada perdida, en su piel envejecida y seca y en sus huesos carentes de  músculos y de grasa?  ¿Cóomo borrar las imágenes de los cientos de cuerpos sin vida yaciendo en las fosas comunes?  ¿Cuántos hombres, mujeres y niños perdieron poco a poco a sus familiares y a sus  amigos?

La barbarie cometida en contra de un pueblo sólo por el hecho de haber nacido judío, denota la ruptura de los límites de la razón humana y el grado de perversión que es capaz de alcanzar la raza humana.  Auschwitz es la evidencia más acabada, el símbolo más degradante del peor crimen cometido en el siglo XX y el hierro candente que acuñaría una nueva noción dentro del lenguaje universal: la de los crímenes de lesa humanidad.

Recordar la historia trágica de un pueblo y preservarla en la memoria colectiva es un reconocimiento simbólico a sus victimas y un deber de justicia histórica. Explicar y educar a nuestras generaciones más pequeñas la magnitud del holocausto, es una inversión a futuro para que actos como estos no se vuelvan a repetir.  No hay que olvidar que muchos alemanes apoyaron la ideología nazi, y que ni su cultura ni su educación, pudieron evitar que se convirtieran en los ejecutores del demonio llamado Auschwitz.

Desgraciadamente los episodios negros de nuestra novela llamada “humana", parecen no quedar tatuados en nuestra conciencia. El antisemitismo aún esta vigente y presente. Según el diario francés Le  Monde, no hubo país en occidente quBe no registrara un ataque en contra de los judíos, de los cuales el mayor número de incidentes se presentó en Gran Bretaña, Rusia y Ucrania. Todavía  existen enfoques que van desde la negación  de los campos de exterminio; hasta las visiones que intentan convertir a las victimas en culpables, responsabilizando a los judíos de las atrocidades de las que fueron objeto. Pero lo más preocupante es la resurrección de la ideología hitleriana y la formación de grupos neo nazistas o neofascistas que sólo contribuyen a la progresión del sentimiento antisemita.

No es este el más reciente acto de barbarie colectiva: fuimos testigos de inhumanas ejecuciones y genocidios en países como Camboya, la ex Yugoslavia y Ruanda. Este último acto impune, quitó la vida a 800,000 personas. La indiferencia  mundial ante estos hechos nos hace a todos colectivamente responsables. Más que nunca, la humanidad sigue teniendo la oportunidad histórica de evitar los exterminios masivos y atacar sus raíces que se alimentan del odio, el racismo y la intolerancia. 

Es por ello que hoy elevamos una plegaria y rendimos un homenaje a todos los hombres, mujeres y niños que sufrieron aquel infierno llamado Auschwitz, del que ahora se cumplen 60 años. ¡Auschwitz nunca más!

*Candidata al Doctorado por la Universidad de París.

Email: taniaenriquez@yahoo.com.mx