Soldados de la República
Miguel Pastrana. Madrid, primavera de 2003
(Sobre la noticia de una denegación -otra de muchas- de ayudas a veteranos del Ejército Popular y el Maquis) A Juan Portela y el resto de combatientes. ¿Qué gobierno se acuerda de vosotros, soldados del gobierno que fue un día?
Porque no fue la vuestra una vistosa misión humanitaria, con fotos entrañables de niños sonriendo mientras comen lo que hoy les cayó en suerte, y que luego -idéntica sonrisa, pues idéntica suerte proveyó- jugarán con los extraños artefactos llovidos desde el cielo. No procurasteis gloria en remotos países bajo pretextos varios, que haber siempre los hay; incluso buenos. Pero no tuvisteis que buscar muy lejos, no: la guerra vino un día a vuestra puerta, y era un fusil que debía elegirse sostener en las manos o encarar de espaldas contra un muro. Fue preciso "matar para seguir viviendo", como dijo un soldado de Orihuela. En vuestro corazón late una vieja piel de toro que el tiempo ha curtido. Aún llamean hogueras sobre su geografía: Puente de Los Franceses, Gernika, Ebro, Brunete, Badajoz, Madrid "rompeolas de todas las Españas"... Rescoldos de otra época que no siendo mejor, sí más honesta. Las cosas se llamaban por su nombre. La guerra se llamaba guerra; los muertos, muertos; con el mudo respeto que la palabra impone, que es vil robarle a un muerto, el que fuere, la verdad, en su condición resuelta con última y sencilla nitidez. Y aunque no faltan quienes ahora dicen que iguales fueron todos, pues la sangre vertida a todos llega al fin y al cabo, no fue igual, como no es igual tener, que no tener. Porque la muerte a todos nos hermana, sí: pero es en la muerte, no en la vida. Ni tan siquiera -bien sabéis- en el recuerdo. Endeble han de tener el suyo quienes también con sangre y fuego, dieron ahora en hacer Democracia a todo coste, aunque mejor si es lejos y rentable. Olvidan a los hombres y mujeres que aquí la defendieron años antes; no signifique acaso la palabra ya lo mismo, o no gustara entonces. (Triste sino el de las palabras bellas, que es el de ser tan putas) Mas si ganaron otros la batalla, tengan ellos la fría paz del mármol con su losa de oprobio: no es ese vuestro sitio, sino uno más allá de la victoria o la derrota, por igual terribles. Un lugar que es combate todavía. Se llama la memoria. En Madrid, Miguel Pastrana.
|