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'Ya sabes mi paradero', el lado más humano de la Guerra Civil
Diario de Sevilla - 27/06/2005

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Estampa de soldados en el frente redactando sus misivas.


El historiador Javier Cervera recrea los principales hitos del conflicto a partir de las cartas, postales y diarios de los protagonistas anónimos de uno y otro bando

INMACULADA SÁNCHEZ

Sevilla. Ginés, un maestro denunciado por rojo y condenado a muerte pese a que nunca empuñó un arma. Benjamín, un poeta trotskista francés que viaja a Barcelona. Eduardo, un joven de veinte años que se alista en el ejército franquista. Miguel y Pepa, dos enamorados que construyen su noviazgo en la distancia... Éstos son algunos de los protagonistas de la novela de Javier Cervera Gil Ya sabes mi paradero (Planeta), una reconstrucción de la Guerra Civil a través de las cartas de los españoles que la vivieron.

En ella recrea la contienda fratricida desde febrero de 1936, cuando se celebraron las últimas elecciones democráticas de la República, hasta final de 1939 y los últimos coletazos del enfrentamiento. Y lo hace hilvanando los distintos testimonios que sus protagonistas legaron en cartas, postales y diarios. "Yo actúo de mero catalogador, señalando los episodios más significativos de la guerra, como la batalla de Madrid, la huida al norte o la conquista y reconquista de Teruel, pero son los oficiales del ejército, marinos, comunistas, jóvenes de pueblo, madrinas de guerra y niños de Sevilla, País Vasco, Cataluña y Castilla los que cuentan llo que ocurrió".

A este respecto, Cervera explica que su intención no es hacer un libro de historia, sino rescatar los testimonios reales "de aquéllos que hicieron la guerra, la sufrieron o fueron entusiastas de ella, de los protagonistas anónimos". Por eso, el doctor en Historia Contemporánea y en Ciencias de la Información se decantó por los documentos de la época y desechó los testimonios orales que le brindaban. "Esta obra tiene toda la actualidad e inmediatez de hace 66 años, le da una cercanía a la realidad que la humaniza", advierte.

Algunos de los episodios que contribuyen a hacer la tragedia más presente son el de una pareja de novios "entrañables", de dos pueblos de Tarragona, que forjaron su relación sobre un puente epistolar durante los tres años que duró el conflicto. O el relato de Luis, el comunista asturiano tan convencido de sus ideas que acabó siendo hecho prisionero por las tropas franquistas y "confinado a un caserón muy antiguo y ruinoso, no habitado hasta la llegada de los prisioneros que los fascistas capturan a diario. En él permanecemos hacinados en estado miserable, sin el menor vestigio de higiene", cuenta. O el de Juan Luis, oficial sublevado en Bilbao y detenido que escribe a sus hijos: "En estos momentos, que son los más trascendentales de mi vida, os escribo para daros los consejos de un padre al morir; por eso habéis de seguirlos al pie de la letra y que os sirvan de norma en vuestra vida".

Historias de paseos, de miedos, nostalgias, hambre y sed, amor y muertes. E historias de un lado y otro de la batalla, de vencedores y vencidos. "No quería aleccionar ni denunciar nada, quería mostrar lo que pasó. Y en ese sentido, el libro ha resultado muy ecuánime y equilibrado", señala el autor.

Equilibrado además de intenso, porque cuando Cervera se dispuso a poner en orden todo el material recopilado cayó en la cuenta de que tenía más de 2.000 testimonios, de los que ha incluido aproximadamente la mitad. Como hiciera Camilo José Cela en La colmena, el valenciano ha tenido que incluir un listado en el que aporta unas pinceladas de los treinta personajes principales.

Para la elaboración de este libro, Cervera se ha valido de cuantas herramientas estuvieron a su alcance. Fue en 2003 cuando contempló la posibilidad de abordar una obra de este calibre y lanzó un SOS a través de los foros y comunidades que sobre la Guerra Civil pueblan internet. "Y la respuesta fue masiva. Cientos de personas me ofrecieron las misivas, incluso tres diarios inéditos de sus familiares y antepasados para que no quedaran en el olvido", explica. Luego llegaría el peregrinaje por archivos públicos y privados, como el de los jesuitas, las aportaciones de los amigos y los colegas, e incluso las colaboraciones, "sin retribución académica alguna", de sus alumnos de la facultad. "Lo he respetado todo, incluso lo que históricamente no es del todo exacto. Es su realidad, la de los que hicieron la guerra, no la que analizamos los historiadores", puntualiza.