Pawell recrea el horror de la guerra civil española. ´Muerte de un nacional´ es la primera entrega de una tetralogía
El Periódico de Aragón - 29/01/2005
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R. RUIZ GARZON
Carlos Tejada de Alonso y León. O, mejor, sargento Tejada, suboficial de la Benemérita en el Año de Nuestro Señor de 1939. Joven, soltero, granadino, condecorado por su actuación bajo el asedio al Alcázar de Toledo. Falangista y admirador del caudillo y del Movimiento, convencido de que el rojo bueno es el muerto y de que su destino es limpiar España de marxistas. En definitiva, según su creadora, "una mala persona que se cree buena persona". Semejante persona, en un reto que la llevó a obtener el Premio Edgar y a ser autora de la novela de misterio del 2003 según el Publishers Weekly , protagoniza el inusitado debut de Rebecca Pawel. Escrita con 25 años y concebida como primera entrega de una tetralogía sobre la posguerra española, Muerte de un nacional (Ediciones B) llega ahora con la propuesta de un doble enigma: el primero, argumental, saber quién asesinó al cabo tiroteado en la primera página; el segundo, literario, descubrir si Pawel ha edificado una obra a la altura del personaje.
Tres son, al margen de una trama ocurrente y bien desarrollada, los mecanismos que la autora emplea para vencer los prejuicios del lector. El primero, documental, consiste en la elaboración de un personaje y una ambientación más que verosímiles: Pawel crea el escenario perfecto para Tejada, un marco de penuria y recelo fraticida en el que el expeditivo sargento se mueve bien. Más narrativo, hábil aunque a veces arquetípico, es el recurso del antagonista Gonzalo Llorente, republicano que persigue a Tejada para vengar la ejecución que abre la novela. Una escena impactante y bien narrada, que dobla la apuesta al presentar al sargento como un ser sin escrúpulos y que entronca con el tercer factor, el más arriesgado: la recreación de la personalidad del guardia civil, tan desafecto al lector que Pawel debe hacer juegos malabares para humanizarlo, con mérito y talento y con alguna licencia.
Gran presentación la de esta audad novelista que logra desenterrar un mito: que el punto de vista de los derrotados sea el mejor para denunciar la miseria moral de una posguerra aún a medio digerir.
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