Auschwitz: ¿Por qué no se oscurecieron los cielos?
José María Pérez Gay /II y última - La Jornada - Viernes 28 de enero de 2005
http://www.jornada.unam.mx/2005/ene05/050128/033a1mun.php
¿Cuándo comenzó Auschwitz? La idea del exterminio es anterior a los campos de la muerte. A finales de julio de 1933, los nazis promulgaron la Ley para la Prevención de Progenie con Enfermedades Hereditarias, que entró en vigor el 1º de enero de 1934. Por primera vez la esterilización se impuso como una ley obligatoria en Alemania. Se enumeraban ocho enfermedades hereditarias: debilidad mental congénita: esquizofrenia, enfermedad maniacodepresiva; epilepsia; corea de Hungtington; sordera y ceguera hereditarias y malformación física grave, "cuyo carácter hereditario hubiese sido confirmado por la investigación". La esterilización de niños de menos de 10 años fue sancionada, pero se permitía el uso directo de la fuerza con los mayores de 14 años; la obligación de comparecer ante inspectores médicos públicos; la privación del derecho a la representación legal de las personas ante los nuevos tribunales de sanidad hereditaria. En 1935 se impuso el aborto eugenésico hasta el sexto mes de embarazo inclusive. Al año siguiente se modificó la ley para incluir la esterilización con rayos X de las mujeres de más de 28 años. Por ese entonces, una suerte de utopía eugenésica se puso en marcha en Alemania.
El sicoanalista Alexander Mitscherlich afirmaba que mientras los siquiatras de Estados Unidos dejaron los manicomios por la práctica privada, en Alemania sucedía lo contrario, se convirtieron en "centinelas que guardaban la corriente hereditaria de la nación". En un sentido más general, todos los relacionados con el cuidado de los enfermos estaban obligados a informar lo que sabían de una persona a las autoridades de sanidad pública, que luego investigarían la historia de su vida, incluidos los antecedentes familiares, las calificaciones escolares, la opinión de los amigos y vecinos. Los tribunales de salud hereditaria imponían las esterilizaciones; se ocupaban del traslado físico de cojos, ciegos, alcohólicos, ex presidiarios, homosexuales, vagabundos y mendigos a la nueva Oficina Sanitaria para fomentar el nuevo colectivo unificado de los deficientes biológicos.
En 1938 la Oficina Sanitaria había incluido a los judíos como un grupo esterilizable, disponía de 580 mil fichas y un millón de expedientes en su archivo. La propaganda eugenésica del Ministerio de Goebbels aseguraba todos los días que en los manicomios seguían naciendo generaciones de individuos deficientes. Les daba igual si esterilizaban a niños de 10 años ciegos que a violadores y asesinos. "Los jueces alemanes deben tener en cuenta siempre las palabras del Führer: por encima del derecho a la libertad personal está siempre el deber de preservar la raza aria", escribía en 1938 un editorial del Völkische Beobachter, el periódico oficial de los nazis. El escritor Samuel Beckett, que visitó Alemania en esos años, se burlaba del entusiasmo racial de los nazis: "Ya entendí: un ario tiene que ser tan rubio como Hitler, delgado como Goering, guapo como Goebbels, viril como Röhm (...) y debe llamarse Rosenberg".
Las medidas eugenésicas nazis fueron el prólogo a los campos de exterminio industrializados; sin embargo, ellos fueron sólo las manifestaciones más evidentes de un proceso que se extendía a lo largo de miles de campos más en los que se sometía a la gente a trabajos forzados hasta que la muerte los redimía. El cálculo mínimo del número de personas que murieron asesinadas en Auschwitz -donde los trabajos forzados aumentaron el exterminio, en una combinación específica sólo parecida al campo de Majdanek- es de un millón cien mil personas. En Majdanek perecieron 200 mil. La solución final (Endlösung) desemboca en un mar de cadáveres, Auschwitz se ha convertido en un sinónimo, pero no fue más que el centro de exterminio mayor entre muchos otros. Auschwitz explica la historia y es, al mismo tiempo, sólo una parte de ella. Medio millón de personas murieron en los guetos de la Polonia ocupada, murieron de hambre ante las puertas de sus casas y arrojados sin contemplaciones a las fosas comunes. En la antigua Unión Soviética las fuerzas móviles de Himmler, las SS, fusilaron o gasearon a unos dos millones de personas. "Después de barrer los centros de población judíos importantes, los pelotones de fusilamientos regresaron" -escribe Arno J. Mayer- "para asesinar a poblaciones judías rurales en operaciones sistemáticas. En la ciudad de Kulmshof, Polonia oriental, asesinaron a unas 245 mil personas". En 1943, los tres campos de exterminio de la Aktion Reinhard, Sosibor Madjdanek y Bergen Belsen consumieron las vidas de 2 millones de personas, 900 mil sólo en Treblinka, un campo que los nazis desaparecieron para borrar las huellas de la matanza.
Auschwitz demostró que existe algo peor que la muerte: existir en los campos de exterminio nazis. "El único modo que aún le queda a la filosofía de hacer frente a la desesperanza de Auschwitz es ver las cosas", escribía Theodor W. Adorno, "desde la perspectiva de la redención. El conocimiento no tiene otra luz iluminadora del mundo más que la idea de redención". La defensa del carácter sagrado de la vida". Y tenía razón. El poeta Paul Celan, lo dijo de otra manera:
Entonces Hay aún templos en pie Una estrella Quizá da luz todavía. Nada. Nada se ha perdido Hosanna.
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