El único «niño de la guerra» leonés que sigue en Rusia vive enfermo con 19 euros
Diario de León - 29/01/2005
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Arsenio Tascón, natural de Orzonaga de 75 años, trabajó para comer hasta el verano pasado, cuando le abandonó la salud
La casa que comparte con su mujer se quedó sin calefacción y sólo tienen un infernillo
Juan Vázquez
«Este país loco ahora. Hombres sólo buscan dinero para comer o para tener más. Tienen ojos verdes como dólar», relata en un castellano muy básico Rimma, la mujer de Arsenio Tascón, el único niño de la guerra leonés que aún vive en Rusia. Tascón, un ingeniero de caminos de 75 años natural del pequeño pueblo de Orzonaga, en Matallana de Torío, estuvo en León en el verano de 1992 para intentar volver con su familia, pero después de muchos trámites y promesas de los políticos, tuvieron que volver a Moscú sin que ni siquiera se le reconociera su nacionalidad española para poder buscar un trabajo. «¡Boludo! ¿Cómo va a renunciar a su nacionalidad un niño de siete años?», relataba entonces que le respondió a un funcionario del Ministerio del Interior cuando le dijo que los niños de la guerra habían renunciado a su nacionalidad al salir de España.
Hoy ya no se puede ni poner al teléfono, y Rimma relata la precariedad de su salud y de sus condiciones de vida en una vieja casa de dos habitaciones de Moscú y con una pensión de 700 rublos al mes, que al cambio apenas suponen 19 euros. «Este invierno muy malo, muy frío, y ya no calefacción. Compramos una de aceite», explica.
Arsenio fue evacuado por los soldados soviéticos de las Brigadas Internacionales cuando el frente nacional iba a llegar a la montaña leonesa. Primero fue a Asturias, luego a Barcelona y después a un campo de concentración francés, desde donde su madre, Julia, se exilió a Uruguay acogida por unos amigos de la familia y él fue embarcado, junto a otro millar de niños, rumbo a Rusia para un asilo que iba a ser provisional, pero que en su caso ya se teme como definitivo.
Intento fallido y vuelta a Rusia
A su madre, fallecida hace unos años, no la volvió a ver más que una vez en el año 59, y su padre, que combatió con la República, se exilió después de la Guerra Civil en Francia, donde poco después luchó junto a los aliados en la Guerra Mundial, sin que volvieran a tener noticias.
Después de fracasar en 1992 su intento de cumplir su sueño de volver a España y reagrupar en su tierra a toda la familia, Arsenio Tascón y su mujer, Rimma, volvieron a Moscú, donde él siguió trabajando, y lo hizo hasta el verano pasado, cuando ya con 75 años la salud no le permitió seguir con el empleo que consiguió en una agencia turística gracias a su dominio del castellano y su don de gentes. En una situación límite
«Mayor para trabajar, pero necesitamos para comer», relata su esposa, de 70 años, que cuando puede hace alguna labor como costurera. Rimma explica que una sola persona necesita al menos 3.000 rublos en Moscú sólo para comer, y ellos cobran 700, unos 19 euros mensuales. Al preguntarle si reciben algo del Estado español, responde «Niet. Nada España. Ahora dicen igual en marzo, pero Arsenio ya no va a costar mucho a España. Él tiene 75 años, pero otros españoles tienen hasta 80 y más. Tampoco van a costar mucho», ironiza.
La hospitalización de Arsenio en un país sin Seguridad Social y su incapacidad para seguir trabajando, unido a la acelerada inflación en Rusia, acabaron con los pocos ahorros de la pareja. «Ya no dinero. Precios aquí suben cada día», lamenta Rimma. El hijo de Arsenio, «Andresito», como le llama su madre, tampoco puede hacer gran cosa por ellos -«Él tiene su familia», justifica- y hace tiempo que no tienen contacto con sus parientes de Orzonaga, a quienes recuerdan con mucho cariño por los esfuerzos que hicieron en 1992 cuando intentaron quedarse en España: «Muy, muy buena gente», enfatiza Rimma, la esposa del último niño de la guerra leonés que sigue en Rusia después de casi setenta años de un exilio que iba a ser provisional.
«Arsenio tiene 75, pero otros españoles hasta 80 y más. Ya no le van a costar mucho a España»
«Este invierno es muy malo, muy frío y ya no tenemos calefacción. Compramos una de quemar aceite»
RIMMA
Esposa rusa de Arsenio Tascón
Una dolencia vascular tiene a Arsenio Tascón postrado en cama
Rimma, la esposa rusa del último niño de la guerra leonés que permanece exiliado tiene dificultades en su limitado castellano para explicar cuál es la dolencia que tiene a su esposo postrado en cama, aunque se las arregla para describir lo que puede ser una dolencia vascular como un ictus o un derrame cerebral. «Él grave, no habla. No sé decir en español, pero su corazón no da mucha sangre a su cabeza», comenta, al tiempo que lamenta que la imposibilidad de curarse en Moscú: «Aquí dicen nada que hacer; no sé si en España se cura».
Arsenio Tascón fue uno de los pocos niños leoneses que se llevaron a Rusia huyendo del frente del norte de la Guerra Civil, miles de ellos, aunque la mayoría eran asturianos, vascos y valencianos. Iban por un periodo máximo de seis meses, pero 230 de ellos aún siguen allí. Arsenio es el único leonés de aquellos niños que no pudo volver de Rusia.
Arsenio Tascón hizo allí su vida: estudió ingeniería de caminos, trabajó unos años en Cuba en tiempos de la URSS, se casó con Rimma, su esposa rusa, pero siempre quiso volver.
Morano le prometió un trabajo en 1992, pero al final quedó en nada
Los parientes de Arsenio Tascón en Orzonaga, la familia de su primo Manín , buscaron ayuda en 1991 para intentar que pudiera volver a España. Los ayuntamientos de su comarca se movilizaron y recaudaron 120.000 pesetas de entonces que facilitaron que al verano siguiente, en el de 1992, viajara a España junto a su mujer, Rimma, para intentar quedarse definitivamente.
Con la ayuda de los concejales de IU en Matallana de Torío, Arsenio recurrió a todas las administraciones, cuyos responsables se reunieron con él y en muchos casos comprometieron su apoyo. Es el caso del diputado del PP y entonces alcalde de León, Juan Morano, que se comprometió a dar trabajo a Arsenio si no conseguía otra vía para quedarse en España, aunque al final todo quedó en nada.
La Junta, cuyo delegado territorial era entonces José Antonio Díez, le había ofrecido acceso a una vivienda protegida, que al final se quedó en una casa prefabricada y 200.000 pesetas.
Tras no conseguir ni la nacionalidad española para buscar un trabajo, Arsenio y Rimma volvieron a Moscú con sus pasaportes rusos con visado de turista.
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