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El Holocausto Nazi: Con una injusticia se tapa otra
CJC de Valladolid - [09.02.05]

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Se ha celebrado el pasado mes el sesenta aniversario de la liberación de los campos de concentración nazis en los que murieron millones de personas de una forma horrible. Lo hemos visto en películas, en documentales y lo hemos leído en los libros y aún así resulta cada vez más abrumadora la terrible historia de genocidio provocado por el nazismo y permitido (e incluso fomentado) por los países europeos y el mundo entero en general.

Cuando Hitler comenzó a emitir leyes racistas los países del entorno callaron. El régimen nazi era por entonces un mal necesario ante el auge del comunismo. Se permitió que Alemania se rearmara porque el anticomunismo de Hitler le hacía útil de cara a una posible acción contra la Rusia de los soviets. El enemigo entonces era otro y los nazis (con sus “costillas", como su antisemitismo) aún no era el malo oficial. Poco importó que por el camino los judíos y otras etnias empezaran a ser perseguidos. Los gobiernos europeos callaron entonces como hicieron después cuando el Estado de Israel comenzó a perseguir a los palestinos.

Es políticamente incorrecto comparar el genocidio judío en la II Guerra Mundial con la situación actual en Palestina. Al fin y al cabo en el caso del pueblo palestino solo podemos hablar de unos cuantos cientos de miles de muertos, millones de desplazados, torturas, asesinatos, limpieza étnica, unas cuantas leyes racistas, una ocupación ilegal, etc. Nada que ver con seis millones de judíos muertos. Se ha despreciado la causa palestina, como si hubiera genocidios de primera y de segunda. Los hay, efectivamente. En estos casos, como en todo, la Historia la escriben los vencedores y los oprimidos no tienen voz ni voto.

Cuando alguien se atreve a criticar la política del Estado de Israel contra el pueblo palestino se le acusa inmediatamente de antisemita. No hay crítica posible, por muy razonada que esté, que no choque con ese muro. El victimismo y la necesidad de justificar lo injustificable hace que se acuda siempre a ese mismo argumento. Es ridículo, como lo es decir que todo aquel que denunciara, en su momento, los abusos que los nazis cometían contra los judíos era un “antialemán". Lo cierto es que ese argumento ha servido durante mucho tiempo para silenciar la situación en Palestina (junto con la sensación de culpa del mundo ante lo que los nazis habían hecho ante sus narices sin que este moviera un dedo).

Es triste reconocer que en el mismo momento que terminó el exterminio de los judíos comenzó el genocidio del pueblo palestino y que las secuelas de la II Guerra Mundial aún se pagan en Oriente Próximo. Se ha permitido que el Estado se Israel se armara hasta los dientes y que haya abusado sistemáticamente de los palestinos. Se le ha dado luz verde para cometer todo tipo de delitos ante la pasividad de la comunidad internacional. Todo ello repitiendo la trágica historia de la Alemania nazi: la pasividad ante la injusticia. A casi nadie le importan hoy los palestinos como a casi nadie le importaban los judíos en la Alemania de los años 30 y 40. La historia se repite una y otra vez.

Es difícil de comprender cómo es posible que en el Parlamento se haga un acto conmemorativo de la liberación de los campos de concentración nazis y no se haga ninguno recordando los campos de concentración de Franco. Si, aunque algunos lo quieren ocultar, en el estado español hubo campos de concentración en los que se encerraba a los homosexuales, gitanos, opositores políticos, etc. Se torturaba también, como en Auswich. Pero este parece también un genocidio de segunda división. Los asesinados en cientos de centros de exterminio han sido olvidados. No hay museos que nos recuerden su historia ni placas en las plazas o calles. No existen porque perdieron la guerra y no tienen derecho a ser reconocidos. Otra vez funciona la memoria selectiva.

Lejos de significar el inicio de un mundo en Paz el final de la II Guerra Mundial significó el inicio de otra guerra a la que siguió otra y así seguimos desde entonces. Lo que sufrieron los judíos no sólo no sirvió para que algo así no se repitiera si no que ellos, que habían sufrido la persecución, se convirtieron en verdugos. En vez de servir como ejemplo de lo que nunca debería volver a ocurrir se ha convertido en algo habitual. El mundo no ha cambiado demasiado. Aún se mira para otra parte ante la injusticia y el dolor ajeno. Los débiles sufren y nadie mueve un dedo. Seguimos en un mundo podrido que suena cada vez más a fraude y que pide a gritos un cambio radical y decisivo.

Se han cumplido 60 años del fin de un genocidio y el inicio de otros. Afortunadamente el pueblo palestino ha seguido con su lucha y a pesar de toda le represión que han sufrido durante todas estas décadas su voz se escucha cada vez más fuerte en las conciencias de todo el mundo. No han conseguido callarlos.


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