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Los brigadistas vuelven al Ebro 65 años después
05/07/2003 - Unos 40 miembros de las Brigadas Internacionales que lucharon por la República son homenajeados en el escenario de la batalla del Ebro, de la que se cumplen 65 años

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ANIVERSARIO DEL INICIO DE UNA BATALLA HISTÓRICA
EL PERIÓDICO DE CATALUNYA

La Terra Alta y 16 municipios franceses homenajean a los excombatientes
Los asistentes lanzan claveles al río en memoria de los caídos en la contienda


SÍLVIA BERBÍS
MIRAVET

Setenta supervivientes de las Brigadas Internacionales, procedentes de una veintena de países, que lucharon en apoyo del Ejército republicano durante la guerra civil, cruzaron ayer el Ebro, a su paso por Miravet, para conmemorar el 65° aniversario del inicio de la batalla del Ebro, la más trágica de la contienda. Los que ayer revivieron el sangriento episodio son sólo unos pocos de los aproximadamente 32.000 brigadistas que combatieron con la República.
El paso del Ebro, esta vez en barcaza y no a pie como ocurrió la madrugada del 25 de julio de 1938, fue uno de los actos más emotivos del homenaje a los brigadistas que continuará hoy en la Terra Alta, organizado por la asociación Terre de Fraternité-Terra de Germanor, que agrupa a cinco poblaciones de la comarca y 16 del sur de Francia.
Los ancianos excombatientes, ataviados con viejas insignias y ondeando banderas tricolor, incluso alguna comunista, lanzaron al río decenas de claveles en memoria de sus compañeros muertos en la batalla. Unos 100.000 hombres de ambos bandos perecieron o resultaron heridos.

ORGULLO
'Para mí, este río es el punto culminante de la lucha contra el fascismo, porque entre sus aguas ha corrido mucha sangre. Por eso, cuando muera quiero que tiren aquí mis cenizas', afirmó George Sossenko, un francés que se alistó en las Brigadas a los 16 años.
A su lado, el estadounidense Moo Fishman, quien perdió una pierna en la contienda, aseguraba que 'ningún brigadista ha lamentado jamás su participación en una guerra que permitió abrir los ojos a lo que el fascismo preparaba para la humanidad: la segunda guerra mundial'.
El acto central de la conmemoración tendrá lugar hoy en Corbera d'Ebre. Acudirán más de 200 excombatientes, además de expresos políticos y miembros de la resistencia francesa con sus familiares.

ESCASO APOYO
Josep Lluís Gamero, uno de los portavoces de Terra de Germanor, lamentó ayer el escaso apoyo económico brindado por las administraciones para celebrar el homenaje: 20.200 euros (3,3 millones de pesetas) de la Generalitat y 1.500 (250.000 pesetas) de la Diputación de Tarragona. Estas cifras han obligado a los exbrigadistas a pagarse el viaje y alojamiento.


Un jamón inolvidable
EL PERIÓDICO DE CATALUNA - 06/07/2003

TONI SUST
BARCELONA

Un buen día de 1941, el republicano español Lluís Martí Bielsa mandó un jamón desde Carcasona (Francia) a un campo de concentración en Prusia Oriental. El pernil se lo comieron su hermano y un estrecho compañero de internamiento de éste, el francés Pierre (René) Landrieux. Aunque la familia consideraba a Landrieux, que hoy tiene 90 años, como uno más, Martí Bielsa, de 82, sólo lo ha visto dos veces.
La primera fue en 1945, en París, donde se conocieron en persona. La segunda, seis décadas después, el viernes pasado, en Miravet (Ribera d'Ebre), en la conmemoración del 65° aniversario de la batalla del Ebro. Landrieux recordaba perfectamente aquel jamón.

120 brigadistas vivos

Hubo muchos más reencuentros en Corbera d'Ebre, localidad que ayer acogió los actos centrales del aniversario de la batalla y un homenaje a las Brigadas Internacionales que lucharon en la guerra civil en apoyo de la República. Sólo unos 40 brigadistas lograron acudir a la cita. Se calcula que de los cerca de 35.000 que vinieron a España siguen vivos 120.
Uno de ellos es Antoine Piñol, de 88 años, a quien no le gusta identificarse con colectivos ni con partidos políticos. Español criado en Francia, luchó junto a los italianos de la Brigada Garibaldi porque coincidió con ellos en el tren que le traía a España. Ayer miraba con desconfianza a su alrededor. No reconocía a brigadistas. 'Quizás hay uno o dos', susurraba irónico. 'Yo fui de los primeros en entrar en España (en octubre de 1936) y de los últimos en salir (en enero de 1939)', dijo Piñol, que participó en la batalla del Ebro, fue herido y huyó de Barcelona con otro soldado requisando a punta de pistola un coche y a su conductor.
Mientras Piñol miraba desconfiado, centenares de personas se saludaban. Entre ellas un anciano que dando una palmada cariñosa a otro excombatiente exclamaba: '¿Cómo puedes estar vivo con lo viejo que eres?'.
Los veteranos interrogados afirmaron con rotundidad que volverían a empuñar las armas 'contra el fascismo'. Perdieron, pero siguen pensando que tenían razón.

Roosevelt, demasiado tarde

Lo piensa Moe Fishman, cabeza visible --national secretary-- desde hace 53 años de los estadounidenses de la Brigada Lincoln. 'Nuestro trabajo era convencer a nuestro propio pueblo de que había que derrotar a los fascistas. Pero no nos ganamos a suficiente gente', lamenta Fishman, de 90 años. El brigadista explica que, años después, durante la segunda guerra mundial, cuando Franco daba vía libre a los submarinos alemanes que atacaban a EEUU, Franklin Roosevelt confió a un colaborador: 'Teníamos que haber ayudado a la República'.
Españoles, franceses, ingleses, italianos, estadounidenses. Éstas fueron las nacionalidades más representadas ayer. ¿Búlgaros? ¿Cubanos? ¿Rumanos? Pocos o ninguno. Todo tiene su porqué. Centenares de personas se concentraron en el Poble Vell de Corbera, antiguo núcleo urbano destruido durante la batalla, y actualmente un recuerdo vivo de la guerra. Y allí hubo banderas republicanas, símbolos de las diferentes brigadas, una pequeña tropa con trajes militares de la época, discursos, música --¡Ay Carmela!-- y un minuto de silencio.
Entre quienes hablaron, destacó Martí Bielsa, hoy presidente de la Associació d'Amics de les Brigades Internacionals de Catalunya. Lamentó la 'falta de sensibilidad de las instituciones'. Ninguna, dijo, aportó el dinero necesario para que brigadistas del antiguo bloque soviético viajaran a España. Brigadistas que para venir a la guerra ya tuvieron que costearse el viaje.
Al delegado de la Generalitat, Francesc Sancho, no le gustó el comentario de Bielsa. Le recordó que la Administración catalana aportó recursos al acto. Pero como faltó dinero el argumento no consolará a los cubanos, búlgaros y rumanos que se quedaron sin homenaje y sin cantar La Internacional. Todos lo hicieron ayer, puño en alto. Bueno, Sancho, no.