Artículos y Documentos

Franco no mató ni una mosca (A modo de ver y manera)
José A. Alemán - Agosto 2003


Por no entrar en el delicado terreno de las referencias que pueda haber en ellos comprometedoras para los demócratas de toda la vida que proliferaron como hongos en el 75, después de asegurarse de que la losa que le pusieron encima era lo bastante pesada. O que pongan de manifiesto el número considerable de sucesores de los jerarcas franquistas que hoy siguen mandarineando al modo.

Sea lo que sea, con el pretexto de la digitalización y copiado de los fondos, la Fundación se ha especializado en darle con las puertas en las narices a investigadores noveleros y meticones, entre los que figura Paul Preston, hispanista británico especializado en historia de la España Contemporánea que te helará el corazón, es fama. Muchos historiadores se han quejado de la situación con distintos grados de indignación. Los más correctos políticamente sólo lo lamentan; los más lanzados dicen que no hay derecho; mientras, los políticos de la oposición aprovechan para proyectar luces siniestras sobre la intencionalidad de la ayuda del Gobierno a la ocultación o insisten en que no se puede gastar dineros públicos en ayudar a una institución privada que le hace cortes de mangas a los contribuyentes soberanos y dos piedras.

La queja más terminante en esta ocasión es la de José María Pedreño, presidente del Foro para la Recuperación de la Memoria Histórica. Lamentó Pedreño que el Gobierno ayude a 'organizaciones que idolatran a un asesino salvaje' y que 'no se les dé ni un duro a entidades que buscan defender la memoria del bando opuesto'. Lo que no deja de ser un buen reflejo de lo que hay porque, qué quieren, todavía a estas alturas siente uno repelús al calificar de esa manera a Franco. Había yo asimilado lo de 'asesino' por mor de las evidencias; pero lo de 'salvaje' todavía no me sale así de golpe. Pero a lo que iba: a nadie se le oculta que en el trasteo para superar las secuelas de la guerra civil -cosa sana, por otro lado- han salido siempre mayormente favorecidos los franquistas porque a los republicanos les han negado el pan y la sal y han tenido que luchar duro para que les reconozcan al menos su existencia y algún que otro derecho. Muy cicatera ha sido la democracia con los vencidos.

Reflejo de este estado de cosas, aunque mínimo y anecdótico, es la placa en la fachada del Gobierno Militar de Las Palmas, donde, al decir, ordenó Franco in person algún que otro fusilamiento de la serie iniciada el 18 de Julio del 36. Era el general, como bien saben, de gatillo presto aunque luego se 'civilizara' y echara mano del garrote vil. La placa exalta la 'cruzada' y cabreaba tantísimo que se congratularon los demócratas canariones cuando fue retirada sin previo aviso. Pero nada dura la dicha en casa del pobre y resultó que sólo la quitaron para limpiarla, repararle algún desperfecto y darle una manita de mangrina: a las pocas semanas volvió a su lugar reluciente como el primer día, oye. Dicen los defensores de la dichosa placa que es sólo historia pero, qué quieren, se practica tantísimo entre nosotros la desmemoria histórica que sospechoso resulta que sólo se tomen rabos de pasas en lo que se refiere a las huellas del franquismo. Y que tiendan a presentar al Caudillo ante las nuevas generaciones como un abuelete entrañable que jamás mató una mosca. Lo que no puedo negar porque no hay constancia de que matara alguna. Mosca, of course.

aleman@canariasahora.com