Las fosas del franquismo
Comentario de JOSÉ ANTONIO GURRIARÁN. 23/08/03. Canal Sur Web.
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Acabo de compartir por segunda vez mesa y tertulia con un muchachote que nada tiene que ver con esa generación que dicen que existe, y que yo no me lo acabo de creer, desilusionada consigo misma y despreocupada con el ambiente histórico que la rodea, que no es otro que la realidad pasada y actual de nuestro país. Me ha impresionado, tanto por su madurez intelectual y humana, como por su valor personal inasequible a cuantas trampas e insidias acechan a los que tratan de descubrir, por su cuenta, la verdad de hechos trágicos y polémicos que ennegrecen nuestra historia y convivencia.
Es delineante de profesión, nació y vive en Ponferrada (León), tiene treinta años y lleva ocho dedicando su tiempo libre a recorrer la geografía española para investigar barrancos y cunetas, hemerotecas y archivos, y en la memoria de los que sobrevivieron, para saber quiénes son y en qué lugar están sepultados los 30.000 desaparecidos durante la guerra y postguerra, que fueron arrancados de sus casas, prisiones o refugios, fusilados por brigadas del amanecer y arrojados en fosas comunes sin nombre.
Se llama Santiago Macía y es co-fundador, junto con Emilio Silva, de la Asociación para la Recuperación de la Memoria, entidad movilizadora de los propios familiares de los desaparecidos, de parlamentarios, jueces y periodistas, e incluso de Naciones Unidas, para que cada uno ocupe el lugar que le corresponde en aquél juego dramático, sean víctimas o victimarios.
En marzo Santiago y Emilio recogieron en un libro los resultados de su duro pero solidario trabajo: 'Las fosas del franquismo; los republicanos que el dictador dejó en la cuneta.' Es ya un éxito editorial, que va por la cuarta edición, y forma parte de mis lecturas de vacación veraniega, en las que suelo incluir textos para relajarme, que falta nos hace, y libros para reflexionar, que nunca hacen daño. Tiene gran interés testimonial y su lectura es recomendable para los que suelen pasar de la propia historia, pues demuestra con datos fehacientes que la historia, por el contrario, nunca pasa de los seres humanos.
La descripción de los lugares en donde yacen los restos de muchos de los 30.000 desaparecidos es particularmente dramática: desde los 37 militares republicanos hundidos con el submarino C 3, frente a la costa malagueña, a los ejecutados extrajudicialmente en Pozos de Caudé (Teruel) o la matanza de gran parte de los 800 presos del Fuerte de San Cristóbal (Navarra), a los que se facilitó la evasión para cazarlos como a conejos cuando trataban de pasar a Francia.
Haro Tecglen, que sufrió la represión en las carnes de su familia, escribe que en un cálido agosto de 1936 fueron fusilados miles de republicanos españoles. Uno recuerda que Federico García Lorca fue una de las víctimas de aquella ira de agosto y de otros agostos que arrasaba por igual libertades e inteligencia: todavía no se sabe exactamente en donde lo enterraron. El libro de Santiago Macía y Emilio Silva y su peregrinar de tumba en tumba en busca del pasado, contribuyen eficazmente a que se descubra la verdad de la 'longa noite de pedra' del franquismo, que decía el poeta Celso Emilio Ferreiro. Como español y como familiar de gentes que sufrieron aquella represión se lo agradezco.
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