Artículos y Documentos

Érase una vez un lugar llamado Gpuzkoa en el que ...
revista AURRERA de la CNT de Guipúzcoa - 1/05/2003




articulo publicado en la revista AURRERA de la CNT de Guipúzcoa el 1 de mayo del 2003

Mientras los franceses admiraban en la Feria Universal de París el Guernica que Picasso había pintado por encargo del Gobierno de la República, Euskadi hacía meses que había caído y Asturias estaba siendo literalmente destrozada por la misma escuadrilla que bombardeó Gernika, la legión Condor, pero volvamos hacia atrás en el tiempo. Según cuentan las crónicas, la presencia del movimiento libertario en Gipuzkoa vino de la mano de la comunidad de pescadores gallegos que vivían en Trincherpe, es en el 34 cuando aparecen grupos cenetistas en Renteria, Donostia, Deba, Tolosa y es en esta última localidad donde se funda la primera Federación Comarca¡ hasta que, en abril del 35 se abren los locales de la CNT en la calle Larramendi de Donostia. En ese mismo año ve la luz un Semanario llamado CRISOL, la sede se encontraba en una villa frente a la playa de La Concha, y la redacción la llevaban Juan Frac y Marl San Román. Por las crónicas de Chiapuso sabemos que les bombardearon desde el mar, aunque la villa no fue destruida y hasta la calda de Donostia, hablamos de setiembre del 36, siguieron publicando.

En febrero de ese año se habían celebrado las primeras elecciones sindicales y la actividad de ser casi inexistente se volvió particularmente intensa hasta el mes de julio. La semana anterior a la sublevación franquista nos encontramos con días de poco dormir y mucho hacer para unos y unas anarquistas desesperados ante la actitud de espera de la autoridades guipuzcoanas, sus compañeros catalanes se estaban organizando, colaborando de lleno con la Generalitat, preparando un plan de resistencia, mientras, aquí, en Gipuzkoa se optaba por esperar. El Cuartel de Loyola nunca perdió la comunicación telefónica con el exterior y estuvo en contacto permanente con los golpistas, en este caso los requetes, así que, resistieron mientras que la verdadera resistencia se quedaba sin las armas que tanto les hubiesen servido para impedir el avance galopante de los requetes sobre la provincia.

Como comentaba un poco más arriba setiembre del 36, con la caída de Donostia, es un mes de retirada hacia otros frentes o hacia el exilio. También es testigo de hechos que no deberían haber pasado, como lo sucedido en esa Irun que parece permanecer atrapada en un particular mal que la lleva a la malparanza, hoy contra las mujeres que quieren tomar parte en la fiesta del Alarde, y entonces a las dramáticas consecuencias provocadas por un grupo de anarquistas en su retirada que con el pretexto de, 'el enemigo bombardea las ciudades, las incencia y no hallamos motivo para que los republicanos, al retirarnos dejemos intactas las aglomeraciones', casi la queman por completo. Lo cuenta Chiapuso: 'el incendio visto desde Jaizquibel, y desde la alturas de Hendaya, era impresionante'. Y ya que estamos en tiempos de guerra, hablemos de los batallones. Porque en ellos tomó parte mi padre son dos los que conozco, el Malatesta y el Isaac Puente; esté último en recuerdo de uno de los más famosos teóricos españoles del comunismo libertario, médico del pueblo alavés de Maestu, y que al igual que a Federico Garcia Lorca, lo fusilaron a los pocos días de producirse la sublevación militar. El Isaac Puente llegó hasta Asturias, en junio había caído Bilbo, a finales de verano Santander. El batallón tomó parte en una entregada e infructuosa defensa de Asturias que al inicio del otoño del 37 es ocupada por los fascistas. Del batallón Malatesta apenas si he podido, por ahora, recabar información. En setiembre del 36 en Gipuzkoa, y en junio del 37 en Bizkai comienza un interminable calvario de muerte, campos de concentración hambre, fosas, persecución, ostracismo, paseos, aceite de ricino..., este es el panorama que, sin saber, contemplan los visitantes del gran mural, el Guernica, que preside el pabellón de la República Española en la Feria Universal de Paris: familias rotas, silencio, mucho silencio, sufrimiento, pérdida de todo aquello por lo que se había luchado, espera… , que la imagino agonizante has que ¡por fin! en el 39 comienzan los juicios, ejecuciones, conmutaciones de penas de muerte, confusión, mucha confusión, muchas lágrimas. Mi padre cae el 26 de agosto del 37 en Santander y no es juzgado hasta noviembre del 39 en que es declarado 'rebelde', gracias a la intermediación del cura de Otxandiano, que parece le debía la vida, le son conmutadas las dos penas de muerte y es condenado a doce años y un día. En julio del 40 es excarcelado en situación de 'prisión.

Intento imaginar su regreso a casa, a Villabona (Gipuzkoa), muchas familias no están y sus propiedades han sido confiscadas (según el diccionario de María Moliner por confiscar se entiende que te priven de tus bienes y les apliquen al fisco, o sea, que el Estado se los autoadjudica pero ¡y aquí llega el chiste macabro! en calidad de Tesoro Público, que es lo que se entiende por fisco). Maestras, sindicalistas, médicos, impresores, obreros, taberneros, amas de casa, cocineros, artistas, niños, niñas, abuelos, abuelas, gentes que alimentaban esa luz que nos hace ser más guapos y listos no están, en su lugar, en sus casas, en sus camas duerme una nueva familia, una nueva conciencia, El pueblo acata, están los curas y las monjas con sus correspondientes séquitos de beatos y beatas, y la Guardia Civil ante la que desde el verano del cuarenta y durante cuatro años mi padre tuvo que personarse todos los domingos a las doce del mediodía en el cuartelillo de Andoain, y como él muchísimos más y mases, perdón, quería decir m@s, ellas y ellos. Atrás quedaba la batalla ganada en los montes de Oyarzun, la convalecencia a vida o muerte en el Hospital de Basurto, la recuperación y vuelta al frente ¡hay que retroceder!, Cantabria, Asturias, de nuevo al hospital, rápida recuperación y regreso al campo de batalla, algunos compañeros han caído, a él sólo le queda un mes, no lo sabe, después ...., más infierno. Ahora el Gobierno Vasco compensa económicamente a quienes sufrieron privación de libertad durante la Guerra Civil, esperemos que esta vez sean más democráticos, y el mismo esmero en la no pérdida de la memoria de los gudaris, por fin también lo tengan para con los libertarios y las libertarias que lucharon porque este y otros, fuesen lugares en los que bien vivir tod@s. Saludos.

Marian Ortega

fuentes bibliográficas: los anarquista y la guerra en Euskadi. La Comuna de San Sebastian, de Manuel Chiapuso. Editorial Txertoa, Donostia 1.977 Historias de la FAI de Juan Gómez Casas. Edita Fundación Anselmo Lorenso, 2.002 El movimiento obrero en Gipuzkoa durante la II Republica, de Pedro Barruso. Edita la Diputación Foral de Gipuzkoa, 1.996